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Martes, octubre 17, 2017
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Tres visiones de la interpretación psicológica 

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De cómo aparecen tres maneras de enfocar el problema.
Sunyer, J.M. · 08/01/2010
Fuente: Cuadernos de Bitácora
Hoy 7 de octubre nos inventamos a Claudio. Y nos imaginamos que le pasaban muchas cosas. A partir de ahí nos pusimos a considerar las diversas manera de entender los problemas que tenemos los profesionales. Este escrito va de eso.

Tres formas de entender la intervención psicológica.

¡Buf! Hay días, ¿verdad?, en los que uno desearía parar el tiempo. Tantos son los compromisos con los que uno se siente atado que el tiempo del compromiso con uno mismo desaparece. Pero está claro que eso es precisamente lo que los humanos llamamos vivir: atender a los diversos compromisos con los que uno está o siente estar en deuda.

Hoy fue una de estas clases en las que salí sin saber muy bien qué había transmitido. Porque aunque tenía clara la idea otra cosa es si al transmitirla recibís lo que os quería transmitir. Posiblemente deberemos volver a hablar de ello. En algún momento me vi preguntándome si os habían explicado algo de psicología. No es que pretenda sustituir lo que habréis ido aprendiendo durante estos años, pero posiblemente lo que ha sucedido es que no habéis tenido tiempo para pensar sobre todo ello. A mí me ha costado lo mío, más de 35 años; pero si eso os sirve…

Mirad. Cuando uno de nosotros se pone a trabajar, más allá del furor curandi propio de la edad hay que ir pudiendo encontrar la manera de poner el pensamiento. Es decir, uno tiene que encontrar la forma de distanciarse un pelín de lo que hace para que en el espacio que media entre uno y lo que hace, quepa el pensamiento y la posibilidad creadora. Cuando elegí a ese Claudio y a su novia Guillermina, pensé que os podría ser útil ir construyendo su propia identidad. O al menos fragmentos de la misma. No parece que os gusten demasiado esas propuestas y si no fuera por las aportaciones voluntariosas de unos pocos… la tarea sería mucho más ardua. Será, pienso yo, que eso de utilizar el espacio de la clase para jugar y aprender jugando no os lo acabáis de creer. Pero no voy a ser yo quien os convenza de ello, aunque sí puedo decir con toda mi autoridad que la única forma de aprender, la única forma de realizar una intervención psicológica es a través del juego. El juego se realiza en este espacio que media entre el sujeto y el objeto (Winnicott) y eso supone el podernos distanciar de la psicología para poder ser psicólogos.

Dije que hay tres formas de entender lo que le pasaba a Claudio. La primera considera que lo que le pasa está en su cabeza, en su mollera. La mayoría de las escuelas psicológicas y psiquiátricas lo ubican ahí. De hecho si nos fijamos un poco, el pensamiento psicológico va realizando una evolución. En un principio podríamos pensar que se consideraría que Claudio tenía un problema relacionado con conductas no aprendidas que le llevaban a donde le llevaron. Posteriormente se considera que en realidad son una serie de ideas erróneas aprendidas que deberían ser modificadas para que no le pasara lo que le pasó. Si no consideramos (podríamos hacerlo) la vertiente más biológica por la que lo que le pasa proviene de modificaciones o alteraciones en los circuitos cerebrales…, si dejamos esto o incluso incluyéndolo, fijaros que no se considera la existencia de un “espacio mental” sino que se restringe a la idea de las zonas cerebrales en las que se ubicarían los centros cognitivos, comportamentales, de memoria… Y es precisamente a partir de los descubrimientos de Freud cuando se puede comenzar a pensar en un “espacio mental”. Y es en este espacio mental (más allá que esté constituido por los elementos que provienen del exterior) el lugar en el que residiría el problema de Claudio.

Fue la introducción de la fórmula de Lewin que sustituía la antigua de C=f(P) por la de C=f(P,A) cuando se puede comenzar a pensar en algo más allá de las características de la personalidad de Claudio. Y las aportaciones de la Teoría general de los sistemas permiten pensar que Claudio no puede ser visto sólo como un individuo aislado sino que pertenece a un sistema más o menos jerarquizado del que él es una parte que expresa una determinada tensión; tensión que emerge con la aparición de eso que le pasa a Claudio. Esta consideración, como en las situaciones relatadas anteriormente, no incluye al profesional dentro del sistema. Dicho de otra forma, lo que le pasa a Claudio no se expresaría dentro del nuevo sistema que viene definido por Claudio y su psicoterapeuta.

Fue el desarrollo posterior del pensamiento psicológico el que recogiendo las evidencias derivadas de la Gestalt, las que provienen de la psicología social y las que nacen y beben del psicoanálisis, las que proponen una nueva fórmula. Fórmula que, dicho sea de paso y por reconocer los méritos de quienes también lo tienen, aparece también y de forma muy tímida en Freud y Klein, algo más evidente en Winnicott, Sullivan y otros y que ha ido tomando la forma de Psicoanálisis Relacional. Pues bien este posicionamiento como el que os presento incluye al profesional dentro de la matriz de relaciones que se establecen y en la que anidará el denominado “problema de Claudio”. Eso es bastante más complejo y supone un cierto grado de revolución en la práctica psicoterapéutica y en la comprensión de lo que podríamos llamar “enfermedad mental”.

Bien. Todo esto es lo que pretendí explicaros mediante esas cintas que iban y venían (ahí precisaba más colaboración, estuvo claro) y que pretendían simbolizar algo de lo que ya me iréis oyendo si es que no lo habéis captado: las interdependencias vinculantes.

Y todo esto ¿qué tiene que ver con la clase de hoy? Podemos pensar varias cosas. Pero, por poner un ejemplo que ya ha aparecido evidentemente hoy. Esa participación tan modosa, tan mirada, ¿no será la expresión de una dificultad que, más allá de las dificultades individuales, se evidencia en el espacio común en el que estamos? Ese hecho, ¿tendrá relación con algunos aspectos propios de la Institución en la que estamos? ¿Cuánto de social hay en ello? Dejo estas cosas sin contesta, adrede, con el fin de que seáis vosotros mismos los que busquéis las respuestas que os implican.

Un saludo.

Dr. Sunyer

El planteamiento es muy sencillo. La clase es un espacio en el que estamos muchas personas, como 50 o más.Uno puede considerarla desde diversas posiciones, pero personalmente prefiero pensar que estoy con un grupo. No ante un grupo sino en él. Este conjunto de personas que lo constituimos establecemos inevitablemente una serie de interdependencias, vinculantes muchas de ellas, que determinan no sólo la atmósfera grupal sino la manera de relacionarnos y los sentimientos que se derivan de todo ello. Cierto es que dado que trabajamos unos textos determinados, hay muchos elementos que se activan a través de la lectura de los mismos. Y la experiencia me indica que esos mismos elementos se activan también en las relaciones que establecemos en el grupo. Estos escritos son las reflexiones que desde mi puesto de conductor de ese grupo van aflorando en mi mente y que sirven, eso espero, de reflexión y de trabajo complementarios a la asignatura.

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