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Sábado, septiembre 23, 2017
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Terminología de psicoterapia de grupo

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Cat. Grupanàlisi. Eusk. Grupoanalisia. Gal. Grupoanálise. Ing. Group Analysis. Fr. Groupanalise. It. Gruppanalisi. Por. Grupanálise.

Perspectiva psicológica que considera al individuo como parte inse- parable de la matriz social que le ha constituido y al tiempo constituye, y que busca la comprensión del mismo desde la perspectiva grupal y realizada por y desde el propio grupo en el que está inserto.

Modalidad de psicoterapia de grupo que busca el análisis del individuo ubicado en el grupo y realizado por el propio grupo en el que se incluye el conductor del mismo y que no deja de ser un miembro particular de ese grupo.

El término grupoanálisis fue establecido por vez primera por T. Burrow. Y, aunque el término sea el mismo, la significación que para Burrow tiene la palabra no es la misma que la que posteriormente, en 1940, tendrá para Foulkes. El término (Gilden L., 1999) inicial pronto pasará a ser sustituido por el de filoanálisis para evitar cualquier confusión con el grupo como en- tidad física de personas agrupadas en detrimento del grupo concebido como una matriz psíquica y como una sección extraída de la sociedad1 (Gatti Per- tegato (1999:281).

La aparición del término tiene lugar en 1918 ante la protesta de Cla- rence Shields, un paciente de Burrow que le señaló la contradicción entre su propuesta teórica de la base social común y la actitud individual que man- tenía en la práctica analítica (1999:277). Ello supuso un reto aceptado por Burrow por la que se iniciaba un intercambio de papeles. La línea que sigue inicialmente la terminología de Burrow parte fundamentalmente de un pri- mer análisis mutuo, en cierto modo similar a la línea que Ferenczi propuso (Gatti Pertegato); aunque posteriormente, al detectar que volvía a reprodu- cirse la misma posición inconsistente que había dado pie al experimento de análisis mutuo, la conceptualización de grupoanálisis viró sensiblemente. Así el punto sobre el que comenzó a girar fue el análisis de las motivaciones inconscientes que permanecían debajo de los conflictos humanos. Eso es lo que le llevó a la constitución de una comunidad experimental que ini- cia su andadura en verano del 1923 y que continuó en la creación de la Lifwynn Foundation en 1927.

El término que utilizaba habitualmente, grupoanálisis, fue pronto (1920) sustituido por el de filoanálisis si bien se intercambian con una cierta fre- cuencia. Así definirá en 1928 la idea de grupoanálisis o análisis social como el análisis del grupo inmediato en aquel preciso momento. (Burrow citado por Gatti Pertegato, 1999:280). Ello conlleva que el sujeto no es analizado por los demás o uno de ellos, sino que lo que se analiza es la expresión de un contenido latente que es común al resto del grupo como totalidad (ibí- dem: 280), entendiendo el concepto de grupo como una constelación social con sus ramificaciones en la comunidad en general (ibídem: 280).

Esta concepción supone una reformulación radical de los planteamien- tos psicoanalíticos con los que se había formado el que ha sido considerado el primer psicoanalista americano y fundador y presidente de la Asociación Psicoanalítica Americana. Y parte de esta revolución tiene que ver con el planteamiento más horizontal que se establece entre paciente y profesional que inician un tipo de análisis mutuo en el que se pretende poder salir un poco de la estructura que viene determinada por el contexto grupal, social, en el que se encuentran.

La otra concepción del mismo término proviene de S.H. Foulkes. En efecto, a partir de las experiencias clínicas y personales y de su formación psicoanalítica, enriquecido por las influencias que provenientes de N. Elias y de K. Goldstein inocularon en él una particular forma de ver al individuo, desarrolla un método terapéutico que considera que debe realizarse el es- tudio del individuo en su grupo natural (Foulkes, 2005:89) o en su caso crear unas condiciones, una situación [en las que aceptando su artificialidad posibilite] tratar el problema en el que él y el grupo se hallan inmersos (ibí- dem:95). A esta situación la califica de grupoanalítica. En esta situación, el grupoanalista tiene que ser un miembro del grupo que comparte plenamente sus preocupaciones, y un líder que se alza, en cierto sentido, fuera de él, que ve más allá de sus asuntos inmediatos (ibídem: 104) y diferencia su posi- ción de la de T. Burrow: su método, por cierto, fue probablemente diferente desde el principio al que aquí se describe, y desde entonces se ha desarro- llado con el nombre de filoanálisis, en direcciones completamente diferen- tes (ibídem: 105). Ahora bien, a pesar de éstas y muchas otras citas, en realidad Foulkes no define qué es o qué entiende exactamente por el término grupoanálisis. Ello posiblemente se deba a un aspecto recogido y tra- bajado profundamente por F. Dalal (2000).

El estudio pormenorizado de la obra de Foulkes nos muestra dos face- tas que están permanentemente en lucha, una denominada por Dalal como Ortodoxa que es la que muestra su fidelidad al pensamiento de Freud, y una segunda denominada por Dalal como de Radical en la que las propuestas presentan un clarividente pensamiento que en ocasiones se acerca al es- tructuralismo y post-estructuralismo. Ello se muestra en varios aspectos de su filosofía, en su comprensión del ser humano, del individuo, y en la de los procesos psíquicos subyacentes que le llevan a señalar que lo que precisa ex- plicación no es la existencia de los grupos, sino la existencia de los indivi- duos. El fenómeno de un individuo que permanece en relativo aislamiento respecto al grupo es algo que no empezó a aparecer hasta los tiempos his- tóricos (Foulkes, 2006:285). Dalal nos recuerda lo que Foulkes señaló en 1971: debemos dar la vuelta a nuestro supuesto tradicional compartido por los psicoanalistas, por el que el individuo es la unidad última, y que debe- mos explicar o entender el grupo desde el interior del individuo. La situa- ción es opuesta. El grupo, la comunidad, es la última unidad primaria de consideración, y que, lo que se denominan procesos internos en el indivi- duo son internalizaciones de fuerzas que operan en el grupo al que perte- nece2 (Foulkes, 1971:212, citado por Dalal, 2000:36)

En 1964 señala que el nombre grupoanálisis está pensado para rendir un tributo a dos hechos: primero, que tiene una base común con el psicoa- nálisis en su orientación general y teórica, y segundo, que por su intensi- dad y sus intenciones, le corresponde un lugar en las psicoterapias de grupo similar al que ocupa el psicoanálisis en las psicoterapias. Sin embargo, existe el riesgo de que el nombre de grupoanálisis lleve a algunas personas a pensar que tiene que ver con el psicoanálisis en grupos, una especie de sustitución o versión económica que se emprende para ahorrar tiempo o dinero. Como psicoanalista quiero hacer hincapié en que no tengo en mente nada semejante ( Foulkes, 2007:45), para posteriormente señalar que su de- nominación más elaborada de Psicoterapia grupoanalítica hace justicia a los dos puntos mencionados: es una forma de psicoterapia psicoanalítica y su marco de referencia es el grupo en su conjunto (ibídem:46). Esa duali- dad está presente en toda su obra.

La convicción expresada en 1955 de que las neurosis y otras altera- ciones mentales son en realidad fenómenos multipersonales. De hecho el objeto del tratamiento es la red multipersonal de comunicación y trastorno.

En psicoterapia de grupo, el grupo de personas que se reúnen y participan forman así mismo la agencia de tratamiento (Foulkes, 2007:77), marca un distanciamiento con los planteamientos más ortodoxos y que le llevan a de- finir la idea de matriz como una red de comunicaciones que no es simple- mente interpersonal, sino que puede ser descrita de manera precisa como transpersonal y suprapersonal. Como las neuronas en las red del sistema nervioso, los individuos de una red no son simples nodos en la entidad es- tructural (ibídem:82), desmarcándose en muchos momentos de su obra de la teoría más instintivista de Freud y Klein, una posición que pone énfasis en los procesos de proyección del mundo interno, para acercarse a posicio- namientos en los que el inconsciente social toma mayor preeminencia, y en la que los fenómenos de poder (posible expresión social de los elementos instintivos) están siempre presentes. En este sentido el yo debe ser entendido más como el nosotros en mí.

La comprensión del individuo como ser “indivisus” conlleva inevita- blemente ver lo social como un agregado, el resultado de un sumar entida- des individuales, idea ésta que contrasta con una visión en la que individuo y sociedad son dos expresiones idénticas del hecho de existir. Desde esta óp- tica la importancia recae en la propia experiencia de ser en un continuo mo- vimiento, transformación y comunicación con los otros. En la comprensión de cómo el elemento simbólico transmitido mediante la comunicación (no de la información) determina las relaciones entre sujeto y grupo, entre la parte y el todo, y aquí arraiga el elemento normogénico como patogénico. Ello supone abandonar la idea de mundo interno vs. mundo externo, cons- ciente vs. inconsciente, yo vs. los otros, para introducirnos en una concep- ción del ser en continua y permanente interacción con los demás a través de la que me constituyo constituyendo al otro al tiempo que soy constituido permanentemente por los demás. Lo social, el grupo en este sentido es un proceso de interacción comunicativa en el que la persona (el individuo, la mente, la psique) emerge como continuidad y potencial transformación3. (Stacey, 2001:470).

La esencia del hombre es social, no individual. Cada individuo, en sí mismo es un elemento artificial y por lo tanto una abstracción, es básica y centralmente determinado, inevitablemente determinado, por el mundo en el que vive, por la comunidad, por el grupo del que forma parte. Lo interno y externo, individuo y sociedad, cuerpo y mente, fantasía y realidad, no pue- den entenderse como elementos opuestos, ya que toda separación es un ais- lamiento artificial. El individuo es una parte de una red social, un pequeño punto nodal si se quiere, y sólo de forma artificial puede ser considerado en solitario, en aislamiento, como un pez fuera del agua 4. (Pines, 1983:268)

Bibliografía

DALAL, F. (2000). Taking the Group Seriously.Towars a Post-Foulkesian Group Analytic Theory. London: Jessica Kingsley Publishers.

FOULKES, D.H. (2005)[1948]. Introducción a la psicoterapia grupoanalí- tica. Barcelona: Cegaop Press.

FOULKES, S.H. (2007)[1964]. Grupoanálisis terapéutico. Barcelona: Ce- gaop Press.

FOULKES, S.H.; ANTHONY, E.J. (2006)[1957]. Psicoterapia de grupo. El En- foque psicoanalítico. Barcelona: Cegaop Press.

GATTI PERTEGATO, E. (1999). Trigant Burrow and Unearthing the Origin of Group Analysis. Group Analysis. 32(2):269-84.

GILDEN, L. (1999). Trigant Burrow’s Group Analysis. Group Analysis. 32(2):255-65.

PINES, M. (1983). The Contribution of S.H. Foulkes to Group Therapy. En M.Pines (Ed.) 1983. The Evolution of Group Analysis.

STACEY, R. (2001). What Can it Mean to Say that the Individual is Social Through and Throug? Group Analysis. 34(4)457-71.

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