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Domingo, agosto 20, 2017
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Sufrimiento 

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Mi cuaderno de Bitácora del 21 de septiembre 2011
Sunyer · 21/09/2011
Fuente: Sunyer
Hoy hablamos de sufrimiento, aunque no hablamos de otras cosas que creo quedan como pendientes. Pero de momento tenemos eso que no es poco. Ahí va lo que me inspirasteis.

Sufrimiento.

Hoy nos centramos en el sufrimiento y en la clasificación que os puse y que proviene de mis experiencias profesionales tanto clínicas como de estudio. Y tuve la sensación que muchos de vosotros os mostrabais interesados en comprender el alcance de mis palabras en tanto que otros permanecíais atentos pero sin mucho interés por el tema. Aunque a mí me sigue pareciendo importante en tanto que somos o queremos ser psicólogos. Y también es verdad que no todos los psicólogos somos iguales. Unos se dedican a temas más académicos centrando su interés en lo que se publica, se investiga, se elabora teóricamente y dan clases. Otros se centran en los procesos de aprendizaje y trabajan en escuelas colaborando con los maestros y profesores en la difícil e imposible tarea de enseñar. Otros se dedican al mundo laboral y colaboran con diversos centros productivos o dentro de los comités de empresa o en otros lugares para centrarse en ayudar a que los que trabajan en un lugar determinado lo hagan en mejores condiciones psicológicas, o para que la empresa en la que trabajan obtenga mejores resultados económicos. Otros centran su interés clínico en patologías de expresión más orgánica y se vinculan a centros hospitalarios o asistenciales para ayudar desde su formación a paliar el sufrimiento que ahí perciben y con el que conviven. Otros… y podríamos seguir haciendo un listado amplio. En mi caso la vida me ha colocado en el territorio de la denominada patología mental fundamentalmente el mundo de la psicosis y la neurosis; y en el terreno educativo universitario y de formación de postgrado centrada fundamentalmente en lo grupal. Soy o me defino como grupoanalista. Esto ya es un condicionamiento en el momento de explicar y de hablar de cualquier cosa ya que sólo puedo hablar desde mi experiencia y formación posterior; cosa que le sucede a la inmensa mayoría de la población mundial: siempre hablamos desde nuestra propia experiencia.

¿Qué es sufrir o qué es sufrimiento? Quizás una buena definición podría ser que sufrimiento es la consecuencia de la necesidad de readaptación a la que el hombre se ve abocado a realizar cada vez que le sucede que le obliga a realizarla. Y esa readaptación puede ser liviana o grande. Dependerá de qué es lo que le ha alterado el equilibrio al que había llegado y del grado de tolerancia que se tiene ante este desequilibrio. Esta definición supone que al haber un desequilibrio el sujeto debe reequilibrarse, y ese hecho ya supone un grado de sufrimiento psíquico.

Esta definición que propongo nace, evidentemente, de mi propia experiencia y entiendo que puede no ser compartida necesariamente por quien la lea. Porque en cierto grado aceptarla supone un pequeño desequilibrio personal. Es decir, entiendo que muchas de las cosas que digo puedan generar reacciones varias. Dichas reacciones provienen del grado de “desequilibrio” que aquella idea ha generado y, en consecuencia, de la reacción que tengo ante ese desequilibrio. Pues bien, si ese hecho tan nimio como es leer una frase puede generar (y genera) un cierto grado de desequilibrio, ¿qué no generarán las miles de cosas que nos suceden a diario? Esos desequilibrios provocan grados de sufrimiento diversos y activan respuestas que son las que buscan reequilibrarnos. Y como vimos hay diversas maneras de hacerlo:

1.- una de ellas es la más habitual y frecuente. Y por ser la utilizada por la mayoría de la población la consideramos normal. Es decir, la normalidad vendría definida por un criterio estadístico. Por ejemplo, si tengo hijos pero me desbordan porque sus reacciones y comportamientos son muy violentos y generan mucho desorden, si además tengo una situación económica más que delicada lo que hace que no pueda darles a mis hijos todo lo que necesitarían, si mi mujer no puede lidiar con cierto éxito los comportamientos o las reacciones de los hijos, si veo que el coche comienza a avisarme de los kilómetros que tiene… ante todo esto puedo considerar que la vida es así, que cada cual aguanta su propio palo por lo que me tengo que aguantar, puedo creer que es lo que el Señor me ha puesto como cruz ante la vida y por lo tanto rezaré todo lo que pueda para que me ayude en esta situación, puedo además… porque eso es la vida y “ajo y agua”. Y situaciones como esta abundan más de lo que pensamos. Y no pienso que en todo esto hay sufrimiento psíquico: la vida es así y punto.

Esta misma situación puede desencadenarme una mayor facilidad para enfermar y puedo desarrollar, por ejemplo, una dermatitis, un glioma de cuerpo calloso o un eccema. O quizás una alopecia. O…, me es igual, algo que tiene una expresión corporal. O puede que la tensión que estoy viviendo me lleve a tener con más frecuencia accidentes de coche. En principio nadie me va a decir que eso es por lo que estoy pasando. Todos vamos a atribuir el accidente o la expresión somática a cosas que pasan (eres un poco despistado) o a que tu constitución genética te predispone a desarrollar ese eccema, o esa afonía. Fijaros que aquí ni él ni el entorno tienen la capacidad para pensar que eso está relacionado con aquello. Son fenómenos independientes. Yo no lo consideraría así, claro. Pero también tengo que entender que ellos lo interpreten de otra manera. Aquí, la dermatitis, el accidente, la angina de pecho o la incontinencia de orina podemos verlos como desequilibrios que nos informan de que algo está pasando. Y podemos hacer caso al aviso o no.

Pero podría ser que esa tensión se expresara mediante cuadros de ansiedad, o mediante el desarrollo de conductas obsesivas. Elementos sintomáticos que podrían acabar conformando un cuadro psicopatológico. Ahí podemos hacer dos cosas: decir que ha desarrollado una “enfermedad” cuyo nombre es xx, o pensar que eso que ha desarrollado es la consecuencia de todo lo anterior. Y señalar con toda legitimidad que esa enfermedad tiene una base genética (como las anteriores en el caso que os ponía de la somatización) demostrada. Y evidentemente que será cierto. Somos materia no espíritu. Nuestro organismo está constituido por un número elevadísimo de elementos también genéticos que pueden desarrollar una alteración o enfermedad pero que no necesariamente se activan todos. También sabemos que hay activadores y paralizadores de estos mecanismos que disparan un determinado gen. Y todas las pruebas confirmarán que detrás de esa patología hay una alteración genética que incluso es hereditaria. Pero a mi modo de ver esto no excluye lo otro sino que lo confirma.

Esa tensión de la que hablábamos puede ser lo suficientemente alta como para que mi equilibrio se rompa y desarrolle un cuadro más complicado englobable en el marco de lo psicótico. Y nos encontramos ante la misma disyuntiva que en la situación anterior: ¿es una enfermedad o es una expresión de desequilibrio conectada con todo lo anterior? Creo que si hablamos de enfermedad nos ponemos en posición de médicos de segunda porque sin ser médicos jugamos a sus cartas. Pero es legítimo hacerlo y cada cual sabrá (o no) por qué lo hace. Para mí es expresión del conflicto anterior (y lo puse fácil; pero hay bastante más complicados).

Pero también pudiera darse el caso que esa persona que está viviendo una situación difícilmente sostenible le de por la bebida o le de por considerar que todo esto es consecuencia de los desequilibrios sociales. Y, articulándolo en un delirio nacionalsocialista (recordad el caso alemán; aunque no hay que irse a muchos kilómetros de donde estamos para ver cosas similares), por ejemplo, la emprenda a tiros para poder solventar ese mundo capitalista culpable de todos los males. Recordemos lo que sucedió en Noruega no hace muchas semanas. La psicopatía y “trastornos” similares andan a la zaga. O desarrolla una reacción en torno a la comida y, transvistiéndose de anorexia declaro mi huelga de hambre con lo que, sin comerlo ni beberlo, mi familia tiene un problema añadido.

O finalmente, aunque en este caso no sería fácil, podría desarrollar un sistema de funcionamiento en el que toda la carga de sufrimiento queda absolutamente negada, desafectivizada y pongo esos afectos (positivos y negativos) en una ocupación sobre mi propio cuerpo al que quiero desarrollar al máximo para mantenerme hasta los mil años en forma.

Todo esto apunta a la gran complejidad que supone poder pensar sobre nosotros mismos y sobre lo que nos rodea. Pensar en el sentido de poder integrar, digerir como señalaba una compañera, todos estos fenómenos para poder encontrar el reequilibrio perdido. Y ahí, la figura del orientador es la que se situaría en el preámbulo de procesos psicoterapéuticos posteriores; lo que no significa que sea fácil, ni rápido ni exitoso necesariamente. Aunque esta esperanza siempre la mantendremos.

Hasta el martes

Dr. Sunyer

21 de septiembre de 2011

El planteamiento es muy sencillo. La clase es un espacio en el que estamos muchas personas, como 50 o más.Uno puede considerarla desde diversas posiciones, pero personalmente prefiero pensar que estoy con un grupo. No ante un grupo sino en él. Este conjunto de personas que lo constituimos establecemos inevitablemente una serie de interdependencias, vinculantes muchas de ellas, que determinan no sólo la atmósfera grupal sino la manera de relacionarnos y los sentimientos que se derivan de todo ello. Cierto es que dado que trabajamos unos textos determinados, hay muchos elementos que se activan a través de la lectura de los mismos. Y la experiencia me indica que esos mismos elementos se activan también en las relaciones que establecemos en el grupo. Estos escritos son las reflexiones que desde mi puesto de conductor de ese grupo van aflorando en mi mente y que sirven, eso espero, de reflexión y de trabajo complementarios a la asignatura

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