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Lunes, agosto 21, 2017
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Sentimientos y emociones 

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Mi cuaderno de bitácora del 26 de octubre de 2011
Sunyer · 02/11/2011
Fuente: Sunyer
Este escrito corresponde a la semana pasada. Tras aquella sesión pudimos comprobar cómo poníais más acento en las emociones que en las cosas que las generaban.

Sentimientos y emociones.

Siguiendo con el trabajo de pensar sobre la interrelación asistencial nos encontramos con que cuando el profesional se encuentra con el paciente comienza un baile en el que se encuentran dos mundos: el mundo de las experiencias del paciente con el de las experiencias del profesional. Desde este prisma planteé un ejercicio para que pudiésemos pensar sobre qué cosas se le activan al profesional a partir de los encuentros con el paciente. Tomamos como punto de referencia a Jacobo, viejo conocido por todos nosotros y a partir de él, organizasteis seis esculturas de formas y disposiciones diversas que expresaban todo esto que se mueve en el profesional. Fueron seis fantásticas expresiones de la creatividad y seis visiones completamente diferentes en disposición aunque no tan dispares en cuanto a problemáticas.

Una de ellas, la primera, expresó sin que se hubieran dado cuenta los escultores un aspecto inédito: cómo el paciente queda abrumado, inundado por las emociones que despierta en el profesional. Fuimos testigos de una experiencia dinámica en la que en un principio el profesional no podía estar presente y, poco a poco, comenzó a dibujarse tímidamente en medio de las emociones que se recogieron. Fue, contra lo que algunas personas pensaron, una fantástica descripción en la que se veía con claridad cómo el profesional desaparecía para acabar fundido en la experiencia del paciente que acababa rodeado por esas emociones.

Las otras fueron ubicando las emociones que suscitaba el acto asistencial en diversos lugares entre el profesional y el paciente, o sólo en el propio profesional. Es decir, si lo miramos buscando un hilo conductor que articule la primera con la última escultura pronto veremos que independientemente del orden aleatorio de salida iban apareciendo toda una gama de posicionamientos de las emociones que iban desde el ahogo e inundación del paciente al casi encierro del profesional entre sus propios sentimientos. Creo que pensar sobre ello puede venirnos muy bien en este trabajo de Orientación. Y por los comentarios que recojo fuera del aula, este tipo de experiencias que os propongo ayuda a que nos replanteemos muy en serio qué es eso de la intervención (palabrita que no me gusta nada) psicológica.

En el trabajo que hicimos, hay dos cosas que me parecen importantes: qué sale y dónde se ubica eso que sale. Qué sale. Creo que la panoplia de aspectos que fueron apareciendo era muy amplia, recogiendo buena parte de emociones, sentimientos, ideas y pensamientos que se nos activan a los profesionales a partir de los encuentros con los pacientes. Palabras como soledad, impotencia, miedo, duda, indefensión, deseos de ayudar, exigencia, aciertos diagnósticos… y un sinfín más fueron apareciéndose y situándose en cualquier lugar del escenario. Creo que ello habla no sólo de lo que nos pasa a los profesionales sino también de lo que se nos activa al pensar en la intervención asistencial. Ahora bien, siempre conviene ver la otra cara de la moneda y en este sentido pensar sobre lo que no salía. Y fundamentalmente lo que no salía era todo aquello que tiene que ver con la propia experiencia vital: padres, hermanos, trabajo, pareja… es decir, emergían las emociones y los sentimientos pero como conceptos, como ideas y no como experiencias emocionales vinculadas a personas o situaciones concretas. Por esto os decía, las emociones siempre van vinculadas a experiencias, personas, circunstancias concretas.

Fijaros una cosa: Jacobo hablaba con X., de que le enviaba “la pepi” por el tema de la “ayuda familiar”, de sus padres, de su madre y hermana, de la enfermedad de una y de la otra, de su trabajo, de su decisión de cambiar de la que se arrepiente, de que no vale, de que siente que hace las cosas mal, del susto que tiene con el tema de las enfermedades, de… y posteriormente con C., de esas cosas y de un susto enorme que tiene que ver con su virilidad, ¿verdad? Y C., con todo su susto encima intentaba convencerle de que quedarse en cama no resolvía nada y… y todo ello generó el alud de emociones que indicasteis. Pero estas emociones van ligadas, como poco, a todo eso que contaba. Esto significa que lo que escuchamos es una cosa junto a la otra: los padres junto al gran susto de su diagnóstico, pero también de lo inválido que se siente en el trabajo y… en “otros trabajos”, y que no tiene esperanza, ni ilusión, ni “ayuda”, y todas esas emociones de las que hablamos van ligadas a todo eso.

Recordaréis que en alguna ocasión he aludido a los tres componentes de todo elemento percibido y que queda grabado en nuestra memoria y, consecuentemente, pasa a ser parte de nuestro ser, de nuestra forma de ser y de actuar. En este sentido creo que podríamos decir que nos hacemos a través de lo que las percepciones recogen que, a la postre, son parte de nuestra experiencia vital. Los componentes eran: la imagen del objeto percibido (es decir y concretándolo al tema de Jacobo, de la persona con la que tenemos esa experiencia), el matiz afectivo que va asociado a ese objeto en ese momento dado, y una percepción de mi relación con ese objeto y viceversa.

En esta línea tenemos dos aspectos que emergían en nuestras esculturas: las emociones asociadas al relato que hacía Jacobo, y nuestras propias emociones al respecto. Otro aspecto, el dónde se ubica, es más difícil de describir en estas líneas. Fundamentalmente porque no disponemos de la foto de las esculturas que nos permitirían ver qué se ponía y dónde se ponía cada elemento. Pero una cosa quedaba clara: las diferencias entre las exposiciones se debían a el tipo de emociones que se nombraban y al lugar en que eran colocadas esas emociones. En unos casos estaban más cerca del paciente, en otras no. Y cada lugar determinaba y venía determinado por un significado. Creo que todos erais capaces de indicar qué significaba y ese significado, afortunadamente, no era absoluto: cada uno atribuía uno que vendría condicionado por la experiencia personal de cada uno de vosotros. La otra cara de la moneda.

El profesional es una persona que vive como todos, como puede. Hace su función lo más honestamente que puede y sabe y, cuando se encuentra con Jacobo se ve enfrentado a cosas duras a partir de lo que el paciente habla: la realidad de sus propios padres que, independientemente que tengan o no una enfermedad a cuestas, sí tienen una edad y pueden estar enfermos en algún momento. Eso habla de la relación que cada uno de nosotros tiene con sus propios padres. Pero también con la que tenemos con la idea de la enfermedad, propia o ajena, que es algo que no sabemos pero que en cualquier momento puede estar presente. Jacobo también piensa en su trabajo, en si se siente con habilidades o no, si es esa la profesión que quería, aspectos que no están alejados de nuestra propia realidad profesional: de si esta es la profesión que queremos ejercer o sólo el título académico que deseamos lucir, o si deberíamos hacer el PIR o no, o en cómo especializarnos o en qué campo trabajar.

El profesional también piensa que en ocasiones entiende que alguien se meta en cama y no le apetezca un bledo ir al trabajo, y también en la tal Pili a la que no conoce y no sabe para qué le ha enviado a este paciente, aunque se lo agradezca; y piensa y siente cosas muy variadas ante ese Jacobo. Pues bien, todas estas y otras muchas cosas se ponen en movimiento ante Jacobo y todos los Jacobos de nuestra experiencia profesional.

Evidentemente estas cosas no aparecen en la escena asistencial que realizamos porque al emerger sólo los afectos, emociones, miedos, de forma disociada con la experiencia profesional hace más difícil considerar lo que a uno se le mueve. Pero están presentes. De esta forma los dos mundos se encuentran en cada segundo de cada encuentro. ¿qué hacemos ahora? ¿Diagnosticamos? Es posible que sea preciso, pero eso de poner a alguien en una clasificación o ponerle una etiqueta es relativamente sencillo. Y peligroso. Pero, una vez hecho, ¿qué hacemos? ¿Podríamos utilizar todo eso en beneficio del paciente? Ya veremos.

Dr. Sunyer (29 de octubre de 2011)
El planteamiento es muy sencillo. La clase es un espacio en el que estamos muchas personas, como 50 o más.Uno puede considerarla desde diversas posiciones, pero personalmente prefiero pensar que estoy con un grupo. No ante un grupo sino en él. Este conjunto de personas que lo constituimos establecemos inevitablemente una serie de interdependencias, vinculantes muchas de ellas, que determinan no sólo la atmósfera grupal sino la manera de relacionarnos y los sentimientos que se derivan de todo ello. Cierto es que dado que trabajamos unos textos determinados, hay muchos elementos que se activan a través de la lectura de los mismos. Y la experiencia me indica que esos mismos elementos se activan también en las relaciones que establecemos en el grupo. Estos escritos son las reflexiones que desde mi puesto de conductor de ese grupo van aflorando en mi mente y que sirven, eso espero, de reflexión y de trabajo complementarios a la asignatura.

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