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Domingo, agosto 20, 2017
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2. Primeros conceptos 

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Resumen. En este primer texto explico las primeras impresiones al contactar con el grupo y, tras ello abordo lo que es un grupo, las interdependencias vinculantes, los límites del grupo y su tarea.

Palabras claves: grupo, interdependencias, limites, tarea, psicoterapia, espacios familiares.

Preámbulo

Este y otro curso posterior fueron organizados desde la Universidad con el deseo de contribuir a la formación de profesionales destinados a atender a padres que precisan de la orientación para atender a sus niños pequeños en los primeros años de su desarrollo. Son padres (es decir, padres y madres, claro), padres desorientados, faltos de apoyo familiar, o de referencias de sus propios padres para atender lo más correctamente a sus hijos. Es (o fue) una fantástica iniciativa que apoyé en la medida que pude y supe. Creo que debiera continuar.

Hay numerosas personas que con la migración, con los diferentes patrones culturales que deben ser adaptados a una cultura diferente, precisan de la colaboración y la ayuda de estos profesionales. Las experiencias que hay en otros lugares avalan este tipo de formación dentro de la que, la experiencia grupal es uno de los elementos fundamentales.

Prólogo

Tras recorrer precipitadamente los diversos pasillos, llegué a donde estabais y ya nos dirigimos al aula definitiva. La organizamos para trabajar y comenzamos a presentarnos. En la presentación aparecía, lógicamente, la palabra “espais familiars”, es decir, espacios familiares de los que no tenía ni idea de qué es lo que eran. Porque así, a bote pronto, un espacio familiar suena a algo cercano, familiar. Y tras la presentación pude ser capaz de entender qué era realmente este espacio, anodino para mí ya que siempre he vivido el parque en el que mis hijos han ido creciendo desde que tenían como diez días. Y todos los días hasta que ya fueron al colegio a eso de sus cinco años.

Luego hicimos aquel dibujo, con nuestras “fotos” y pudimos visualizar los lazos que ya existían entre todos vosotros. Eso dio pie a hablar un poco más entre nosotros y sentirnos un poco más cómodos en esa aula de la facultad. Porque aunque en apariencia no es difícil estar en grupo, el esfuerzo que hay que hacer para constituirlo es grande.

En la charla salieron muchas cosas, algunas de las cuales me sirven para iniciarnos en estos conceptos grupales. Pero antes, una pequeña advertencia o quizás mejor, unas primeras disculpas: no esperéis que haga una relación de conceptos al uso universitario (por más que estemos en un Máster Universitario). No porqué no pueda hacerlo sino porque, más allá de que existen numerosos libros sobre el tema, prefiero daros lo que en estos momentos pienso sobre todo ello a partir de mi experiencia e ir creando la base conceptual a partir de lo que va surgiendo. Aprender de la experiencia es, más allá del título de un trabajo de Bion, la base de todo proceso madurativo. No desearía decepcionar a nadie dándoos la impresión de vacío de contenidos; otra cosa es lo que seamos capaces de ir cocinando.

1. ¿Qué es grupo?

Aunque suene raro, el concepto de grupo, la palabra grupo es relativamente nueva. De hecho podréis encontrar en cualquier enciclopedia que se precie y mejor aún, en cualquier diccionario etimológico de un cierto valor el significado de la palabra y su procedencia. Pero uno se puede preguntar, ¿cómo es posible que el término nazca a finales del XVII? ¿No había grupos antes? Evidentemente si. El ser humano desde la noche más remota de nuestros tiempos, ha vivido y vive en grupo. Sólo que…

Vayamos a un ejemplo. ¿Cuándo sabe una gota de agua que es gota? Sólo cuando sale de la masa de agua de la que procede. Y cuando esa gota sale del mar, por ejemplo, y lo mira puede decir: ah, eso es el agua y yo soy gota de agua. Pues lo mismo los hombres: sólo sabemos de nuestra colectividad cuando somos capaces de pensar que somos individuos. Y eso cobra importancia a partir del renacimiento.

Esto tiene tela, claro, porque siguiendo la metáfora, el hombre sólo sabe de su individualidad cuando sale del seno grupal al que pertenece y se percibe diferenciado del conjunto de personas a las que está vinculado. De hecho, la idea de la individualidad (que viene de individuo, es decir, indiviso, esto es, indivisible), nace en nuestra cultura europea cuando empezamos a resaltar la importancia de lo individual (Renacimiento) desgajándolo de su esencia grupal. Dicho de forma un poco más rotunda: somos grupo social, formamos parte de un inmenso tejido social. Y de la misma manera que el agua es totalmente agua hasta en su misma esencia, las personas somos sociales hasta nuestra más íntima esencia. Evidentemente esa individualidad tiene sus componentes pero nuestra esencia y existencia sólo es social y posible dentro de ese mismo tejido social.

Si buscásemos una definición normalita de eso llamado grupo creo que todos más o menos señalaríamos que es un conjunto de personas que se agrupan en torno a un objetivo, metas, motivos más o menos comunes. Esta perspectiva está totalmente extendida en la psicología de hoy. Y parte de la propia individualidad: conjunto de individuos… Es decir, subraya que lo que es importante es el hecho individual y a partir del mismo, pasamos al concepto de grupo. En esta lógica (que he compartido a lo largo de muchos años) el grupo es la suma de individuos y la sociedad o una suma mayor o la suma de grupos. Pero ¿si consideramos la masa de agua como metáfora de lo social, diríamos lo mismo?

Desde esta otra perspectiva el concepto de grupo nos lleva a considerarlo como un extracto de los miles de millones de extractos que podríamos hacer de este tejido social. Ejemplos de extractos: un grupo de trabajadores, de carpinteros, de amantes de la música, de asistentes sociales, de echadores de siesta, de morenos, de socialistas, de seguidores de Guardiola… infinitos. Sólo que al extraerlos, para diferenciarlos, debemos encontrar una razón que es la que, de forma provisional hace que los veamos juntos y digamos: ¡ah!, un grupo de padres con sus hijos, o un grupo de profesionales que participan en un máster.

Curiosamente esta extracción se realiza de forma que aquellos que forman el grupo existen porque hay otros que no pertenecen a ese grupo. Si todos, todo el mundo perteneciera al grupo de padres que se reúne con sus hijos el martes a las seis de la tarde, ese grupo sería la propia sociedad. O sea que precisamos que mientras unos sí están, otros no están. Habrá que agradecer a los que no vienen que gracias a ellos podemos tener el grupo que tenemos. Al respecto me decía la Directora del máster que hasta hoy no habían cerrado la matrícula. O sea que hoy ya no puede venir nadie más lo que significa que hoy ya podemos decir quienes formamos ese grupo; y quienes no.

Entonces podríamos definir grupo como aquel extracto del tejido social que agrupa a una serie de personas en torno a un motivo determinado que es el que define la razón del agrupamiento. Ahora bien, ¿con sólo el hecho de reunirse en torno a un motivo, podríamos considerarlo grupo? Igual no.

2. Las interdependencias vinculantes

Todas las personas de este grupo social y en particular aquellas que tienen mayor cercanía entre sí, se mantienen unidas por una serie de lazos, un infinito número de lazos que provienen de las relaciones que se dan entre ellas (sería como decir, si esto fuera posible, que las infinitas gotas de agua del mar están unidas entre sí por una innumerable cantidad de lazos –químicos y físicos, por ejemplo- que hacen posible ver esa masa junta). Estas relaciones se dan a partir de complejos e inconscientes mecanismos de comunicación que son innatos y que se activan con el mero hecho de establecer una relación. Cuanto más intensa, más duradera, más compleja sea esta relación, los lazos incrementan su capacidad de vincularse y de sentirse vinculado.

Cuando unos padres comienzan a pensar en la idea de serlo, de tener un bebé, entre ellos comienza a existir algo que todavía no tiene existencia real pero sí existencia psicológica. Entre ellos, los lazos que los vinculan dan pie a que esa idea agradable, sorprendente, ilusionante pero también angustiante y cargada de fantasmas y miedos que, a partir del momento en que la madre (el padre por lo general, si está algo atento, también) le dice a su marido, ¡estoy embarazada!, ese ser ya está ahí. Y desde este mismo momento comienzan a establecerse unos lazos entre los tres que comienzan a generar consecuencias: cada uno de los padres se va posicionando respecto a ese bebé que comienza a estar ahí aunque tenga tan sólo unas micras de tamaño real.

Estas consecuencias van colocando a cada uno en una posición particular respecto a quien todavía no ha nacido ¿por qué? Porque los vínculos, esos lazos mediante los que los humanos todos estamos entrelazados tienen la característica de determinar una interdependencias. Cada uno depende del otro en alguno de los infinitos aspectos que le constituyen. De la misma forma que el marido precisa de la mujer para ser tal, ésta le necesita a él para ser mujer. De la misma manera que el padre, la madre precisan del hijo para serlo, éste sólo es hijo a partir del momento que tiene padre y madre. Pero éstos son sólo unos aspectos particulares de los millares de elementos que constituyen estas interdependencias.

Si la idea de interdependencias vinculantes la aplicamos al concepto de grupo podremos decir que un grupo es un extracto del contexto social que agrupa a unas personas en torno a un determinado motivo y que facilita el establecimiento y desarrollo de interdependencias vinculantes entre los miembros que lo constituyen.

3. Los límites del grupo

El dibujo que hicimos quedó enmarcado. ¿Por qué determiné el marco en el que hacerlo?

Si seguimos la idea anterior que indicaba que un grupo no es más que un “extracto” de personas del grupo social que va a posibilitar el establecimiento de unas interdependencias vinculantes entre sus miembros, las razones, los criterios por los que me rijo para agruparlos posibilitan diferenciar los que somos del grupo y los que no pertenecen. Esto ya es un límite que tiene que ver con criterios de selección. Si no tuviéramos algunos criterios sería imposible determinar quien pertenece y quien no pertenece a este grupo. Ahora bien, una vez determinado quien lo constituye, parece que debemos tener presente para qué precisamos estos criterios.

Antes, vayamos a un ejemplo. Todos sabéis lo que es un círculo, ¿verdad? Pero, ¿podría alguien dibujar un círculo sin trazar su circunferencia? Imposible. Todo círculo precisa, para existir, su circunferencia. Pero la circunferencia no es el círculo, la circunferencia delimita, hace concreto ese círculo. Eso nos da qué pensar. Porque eso que delimita el círculo, que lo constriñe a un determinado espacio, tamaño, es lo que posibilita que el círculo exista. Pues bien, los seres humanos y todo lo que creamos precisamos de eso que nos delimita. Y eso es lo que precisamente nos posibilita. Dicho de otra forma, aquellos elementos que nos encuadran, sea en una relación, sea en una institución, sea en un determinado contexto social, sea en un grupo, es lo que lo posibilita. Por coger una de las escenas que aparecieron, la de la madre que no podía estarse quieta y que constantemente estaba tratando de “contener” a su hijo que se declaraba “incontenible”. Alguien de vosotros comentó que era una persona que no sabía decir que no. Pues ahí tenemos un magnífico ejemplo. El no poder decir que no, el no poder poner límites o ponerlos de forma arbitraria hace que ese círculo no acabe de constituirse como tal: la circunferencia que lo debe contener se muestra variable, cambia de forma, de tamaño… y así el bebé seguirá incontenido; es más, determinará el tamaño del círculo que es su madre. Esto significa que al poner los criterios de inclusión en el grupo que constituís, no sólo estáis determinando quien está dentro y quien no lo está, sino que comenzáis a determinar las reglas de funcionamiento del propio grupo, las reglas, normas que posibilitarán que ese grupo sea eso y no otra cosa.

Lo que entendí es que esos grupos que llamáis “espacios familiares” no son unos espacios abiertos de encuentro sin más: hay una idea subyacente que atiende a las razones por las que se organiza este espacio. Parece que es un espacio para aprender, para hablar, para pensar cosas relacionadas con la maternidad y con la paternidad. Eso puede tener dos orientaciones, como poco: una que estos espacios sean lugares en los que se den conferencias, clases, se aporte información y ya está. Otra que esas cosas se den a través de la propia experiencia de los que asisten, entendiendo por tal experiencia no sólo la que aportan sino la que proviene de la relación que se da entre ellos.

Dado que la finalidad es la segunda, ésta sólo podrá alcanzarse a partir de unas determinadas “reglas de juego” que son, en definitiva, las que marcarán la diferencia entre un objetivo y el otro. En realidad esto es algo universal: una pareja puede tener una relación muy amplia. Pero en principio, si no es algo muy casual, muy esporádico lo que la asemejaría a encuentros fortuitos sin mayor objetivo que lo que surja de la espontaneidad y provisionalidad, lo que diferenciaría esta relación de otra que tuviera o buscara mayor alcance es que esa relación se enmarcara dentro de determinados compromisos. Estos compromisos, como sucede dentro de cualquier deporte, son los que abrirán la posibilidad a que la relación produzca beneficios mayores.

Cuando estamos trabajando en el contexto de un grupo y elegimos el grupo como el medio para alcanzar determinados beneficios, precisamos de unos compromisos. Mínimos, si se quiere, pero compromisos, normas de relación. ¿Cuáles podrían ser los mínimos?: asistencia, confidencialidad, respeto mutuo.

Ahora un cuarto aspecto, ¿qué se hace ahí?

4. La tarea del grupo

Evidentemente no soy quien vaya a decir lo que se debe hacer en estos espacios ya que sólo vosotros lo conocéis en la realidad. Y posiblemente esta sea una de las cuestiones complejas ya que la realidad, ese hacer cotidiano del día a día, sea una de las tareas más importantes. Esto me hace pensar en los diversos niveles de análisis que podríamos establecer. El primero sería el real.

4.1. Lo real sería este nivel en el que posiblemente todos estaríamos de acuerdo. Los padres acuden al centro por una determinada razón, un motivo lo suficientemente interesante como para comprometerse a acudir de forma regular con sus hijos, y compartir con otras personas que están en situación similar, algunos aspectos de su experiencia de paternidad.

Este aspecto se logra de entrada a partir de una de las primeras premisas, la asistencia. Sólo si los padres se sienten comprometidos a asistir de forma periódica, sistemática y constante, podremos establecer unos niveles de relación en los que puedan transitar las experiencias personales. De esta forma los que nos hemos comprometido a ir, vamos compartiendo lo que aprendemos a partir de la experiencia, satisfaciendo el deseo del otro de aprender un poco más, tranquilizando sus dudas, sus pequeños niveles de ansiedad, acompañándoles y dejándome acompañar puesto que descubro que los demás algo tienen que me es útil.

Por otro lado los profesionales ofrecéis un espacio, lo creáis, con la finalidad de favorecer estos encuentros y estos intercambios porque consideraréis que eso es algo necesario, algo que mucha o un suficiente numero de personas pide como para montarlo. Aunque ahí me parece que la cuestión no es tan sencilla: la convocatoria no se hace a título personal de quienes estáis ahí implicados y comprometidos. Es un trabajo por el que recibimos unos emolumentos, y está organizado por unas personas (quizás incluso, vosotros mismos) desde una institución que, a su vez, está formada por personas con intereses determinados. Esto marca uno determinado marco de trabajo (horarios, disponibilidad, estructura administrativa, burocrática, locales…) que configuran parte de la función que cada uno de forma personal considera que debe desarrollar. Podríamos pensar que esto enmarca (lo de la circunferencia, ¿recordáis?) las características del trabajo que se realiza.

Ahora bien, siendo absolutamente cierto todo ello y constatando que lo que los demás me dan me enriquece en cierta medida, también hay otra faceta que es igual de cierta: bajo las razones reales por las que voy se esconden otras que, siendo tan reales como las anteriores, no son tan confesables. Y esto tanto desde la perspectiva del que acude como del que atiende.

4.2. El segundo plano de lectura lo podría constituir dos aspectos que siempre están presentes, uno consciente que es el que hemos llamado real, y otro que siendo real (es decir, no producto de la imaginación) no es tan consciente o incluso esto talmente inconsciente. Pero claro, habrá que aclarar esta idea. ¿Qué significa menos consciente o inconsciente?

Podríamos decir que si lo consciente es aquel aspecto de lo real que tenemos en mente cuando vamos a un sitio como este (voy a que me informen, a compartir mis experiencias con otros padres que están en similar situación, voy a tener un tiempo para mí y mi hijo; o voy a ofrecer un espacio para que se encuentren las personas que tienen estas preocupaciones, a posibilitar una relación más adecuada entre padres e hijos; o vamos a ofrecer un servicio a los ciudadanos…), hay otro grupo de razones que no están tan en primera pantalla. Por ejemplo, “voy porque me siento sola”, “voy porque no quiero verme influida tanto por el ambiente de mi familia”, “voy porque quiero sentirme escuchada”…, estas razones no están tan en primera línea. Estas razones se ubicarían en una zona “menos consciente”, aunque no tan alejada de la consciencia como para no poder llegar a reconocer este aspecto.

Lo que sucede es que hay una zona más “abajo” (lo de abajo es un decir, porque esta idea de capas de profundidad suena más a una visión topográfica que psíquica), una zona menos accesible a la consciencia y que, por definición casi, no podríamos empezar a numerar. Pero a modo de sugerencia, sólo de sugerencia, ¿podríamos pensar en qué medida las ansiedades que se mueven en torno a la paternidad, al hecho de verme ante un hijo, al ver que eso provoca cambios y modificaciones en mi relación con mi pareja y mi entorno familiar, que la presencia de ese nuevo ser me cuestiona un amplísimo abanico de elementos que van desde lo que podríamos llamar más personal a más social… ¿podríamos pensar que estas cosas están en zona menos accesible a la consciencia? Creo que podemos decir que sí.

Si nos atenemos a estos aspecto, podemos ver que la tarea de estos grupos o espacios familiares (estoy comenzando a pensar que además de ser familiares, bonita palabra esa, también son multifamiliares) no se circunscribe a un mero nivel informativo, real, que es el que apuntaba más arriba. Podemos ver que existen otros planos que de forma irremediable se hacen presentes en el grupo. Y no sólo por parte de quienes acuden a él, sino por parte de quienes los conducimos, y (ahí no sé si un día me meteré) por parte de quienes los piensan y las instituciones (es decir, personas que las constituyen) que los sostienen.

Estos planos no son espacios estancos. Si volviésemos a la metáfora marina, cualquier partícula de agua tiene absoluta libertad para estar en cualquier lugar del océano. Podríamos pensar que en un momento dado, esa partícula se puede encontrar en la zona más abisal pero en otro podría estar en la superficie. Los movimientos vienen determinados por las variaciones de temperatura, las corrientes marinas, las diferencias de salinidad, etc., etc. Con esta metáfora quisiera señalar que los aspectos más inconscientes no siempre se ubicarían en una zona sino que pueden cambiar de territorio y hacerse más conscientes, y viceversa.

No me voy a alargar por hoy en este tema; pero sólo un pequeño apunte: ¿en qué medida estos aspectos pueden ser entendidos como aspectos que determinan también la maternidad, la relación madre-hijo, y las relaciones que se dan en el seno de los grupos de los espacios familiares? Dejo la pregunta abierta.

Dr. Sunyer

Textos que corresponden a lo que fuimos trabajando en el Postgrado de la Universidad de Barcelona en el curso 2011.

Texto sujeto a los derechos de autor. Y forman parte del material teórico.

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