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Sábado, noviembre 18, 2017
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1) Ante todo, quisiera preguntarte ¿Cómo llegaste aquí? 

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Dr. José Miguel Sunyer Martín

1) Ante todo, quisiera preguntarte ¿Cómo llegaste aquí?

La pregunta, Lola, no es fácil de contestar; no soy muy dado a hablar de mí mismo. Brevemente. No he sido – y creo que no lo acabo de ser – persona de grupos. Y he llegado aquí más por casualidad que por una vocación particular. Cierto que me crié en el seno de una familia de once hermanos. Creo que esta aventura, que considero más que fantástica y apasionante, está en la simiente de mi desarrollo grupal posterior. Seguramente, si volviera a nacer y tuviera la experiencia que tengo hoy – lo cual ya es imposible – probablemente aprovecharía más esa vivencia familiar. Creo que las familias numerosas ofrecen una serie de posibilidades que no dan las familias con menor número de miembros. Y eso tengo que agradecérselo a mis padres y hermanos.

Hubo otro aprendizaje significativo, vital y grupal. Siempre me ha gustado la montaña y a partir de mis catorce años comencé a frecuentarla de verdad. Y en su desarrollo – de la que guardo numerosos recuerdos y momentos agradables- y cuando ya contaba con dieciséis, tuve la oportunidad de formar parte de un primer grupo de compañeros de colegio – en compañía del inolvidable P. Algueró, S. J.- que promovimos la creación de una Sección de montaña y esquí: corría el año 1966. Esta entidad, que obtuvo el reconocimiento de las Federaciones correspondientes, se articuló en el seno de la Asociación de Antiguos Alumnos del Colegio del Sagrado Corazón de Jesús (Jesuitas). Esa iniciativa – que denominamos AGRUECC, y que llegó a agrupar, creo recordar, más de mil miembros -, pervivió largos años y los chavales del colegio primero y numerosos compañeros después, pudimos disfrutar de largas y variopintas vivencias montañeras. Toda aquella iniciativa está también en la simiente grupal.

No puedo decir, sin embargo, que mi participación en grupos de psicoterapia haya sido siempre agradable. La primera experiencia de psicoterapia grupal – no voy a mencionar el Centro por razones obvias- fue absolutamente negativa. Dolorosa. Y creo que corrí un gran riesgo – sin saberlo, claro- puesto que oscilaba entre un grupo de psicoterapia y algo parecido a una organización sectaria. Fue una experiencia psicotizante de la que pude zafarme porque afortunadamente contaba con recursos personales suficientes. Hoy los podríamos llamar, recursos yoicos.

Creo que esa experiencia influyó mucho en la que me incluí tiempo después y que la considero como la segunda. Esto sucedió ya en Bilbao; supongo que las resistencias que presentaba a integrarme en aquel segundo grupo fueron muy grandes dada aquella primera experiencia negativa, y lo abandoné: no supe o no pude seguir. Como también me ocurrió con algunas experiencias posteriores en grupos grandes. Ahora puedo pensar que quizás no estaba en condiciones de poder aprender de aquella experiencia tras una primera tan dura.

Pero el destino debe ser terco, ya que las experiencias clínicas en el Hospital de Basurto (Bilbao) me fueron permitiendo tolerar más y mejor las ansiedades que se me despertaban. De la mano del Dr. Guimón volví a integrarme en un grupo en el que empecé mi formación propiamente dicha y a poder disfrutar de las experiencias grupales en tanto que miembro de un grupo de psicoterapia. En todo este periplo no puedo dejar de recordar las que tuve con Pacho O’Donell en el que la utilización del cuerpo y las técnicas psicodramáticas se combinaban con las puramente verbales. Esa experiencia, ya con pacientes, posibilitó un reencuentro conmigo mismo y con mi proyecto profesional. Tras su marcha opté por incorporarme a otra experiencia también con pacientes y en la que permanecí cuatro años. Esta vez fue con el Profesor L. Yllá,  en un grupo en el que los elementos verbales eran los que predominaban sobre cualquier otra cosa. Esta me brindó la oportunidad de compartir con personas no vinculadas a la profesión, un montón de aspectos que quizás no hubiera sabido o podido compartir en otro contexto, y la de poder considerarme como futuro conductor de grupos. Soy muy consciente de que fue él quien posibilitó mi entrada en lo grupal apadrinándome en una reunión que fue decisiva (sin estar yo presente en ella) y quien conocía mi hacer grupal habiendo supervisado uno de los primeros grupos de padres de pacientes que se hicieron (si no fue el primero) en el ámbito privado.

A partir de todas estas experiencias de psicoterapia grupal una de las cosas que he aprendido es la gran dificultad del estar en grupo. Trabajar con una sola persona, el pensar en el sujeto aislado no deja de ser mucho más cómodo para todos ya que hay un nivel mayor de control sobre la situación y de la relación: tanto el profesional como el paciente se controlan mejor mutuamente. En un grupo son muchas más las cosas que se ponen en juego, por lo que es más complejo trabajar así. Pero, y a pesar de las dificultades, sigo considerando más rica la perspectiva grupal. Creo que el nivel de análisis que se realiza es más profundo, complejo, operativo y real ya que, y no puede ser de otra forma, el ser humano vive y está siempre en grupo, es parte del grupo en el que se encuentra inmerso. Lo cual no significa que no valore muy mucho mis años de análisis personal con el Dr. Jaite, sin cuyo apoyo y paciente trabajo conmigo posiblemente no estaría escribiendo estas líneas. Y años después, Hilda Tejero realizó un paciente trabajo de apoyo para ayudarme a rehacer lo que se derrumbó tras un gordo terremoto en mi vida profesional.

No sé cómo se desarrollará la entrevista. Sé que me encuentro en una situación de cambio. La formación que recibí y la experiencia clínica que he realizado se ha basado en el Psicoanálisis, en el que la visión del aspecto individual del ser humano prima sobre cualquier otra. Sin embargo, en los últimos tiempos, soy consciente de una lenta modificación en la consideración del ser humano tan individualizada. La publiqué tímidamente en un texto anterior (¡mi primer libro!) y en él ponía el acento en el aspecto interrelacional y de interdependencias. En estos momentos me siento más afianzado, si bien no quiero cantar victoria. He podido entender un poco más la perspectiva grupoanalítica y ello me ha llevado a una modificación de los presupuestos bajo los que leo las cosas que los pacientes, individual o colectivamente, me explican. He empezado a considerar que el grupo existe a priori, que un tratamiento individual puede ser un tratamiento grupal: sólo hay que modificar el punto de vista desde el que se trabaja.

No sé cuán lejos seré capaz de llevar esta nueva comprensión del individuo y del grupo. Ni tampoco sé cuanta coherencia tendrán las exposiciones que realice. Trataré de ser coherente, pero eso no siempre es fácil.

Desde noviembre del 2008 fecha en que apareció este libro coincidiendo con el congreso de la Asociación de Psicoterapia Analítica Grupal y en el que participaron V. Volkan y F. Dalal, han sucedido muchas cosas. Mi amistad con ambos ha propiciado pequeños cambios en mi visión de lo grupal aunque el esfuerzo por aunar la visión grupoanalítica con la actual situación de la práctica clínica no lo doy por concluido.  Es posible que con la ayuda de los lectores, con sus aportaciones, pueda establecer puentes que, a día de hoy, todavía no está diseñados.

 

Sigamos, pues, con tus preguntas, las primeras de la cuales quizás deban tratar sobre la terminología con la que trabajamos.

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