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Martes, diciembre 10, 2019
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¿Porqué Psicoanálisis? 

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De nuevo tres joyas, diferentes las unas de las otras. La primera, que se circunscribe específicamente al campo de la psicología, se trata del libro de E. Roudinesco (2000)

Piados.

Lo vi y no tuve el valor de dejarlo en mi librería favorita; así que lo adquirí. Admito que es una de mis debilidades, el tener libros, el poderlos ojear, el poderlos leer. Y este libro es uno de los que puedo decir que me han entusiasmado. En un momento en lo que lo “políticamente correcto” parece que se encuentra por doquier, en donde la búsqueda de las soluciones “vía microondas” parece inundar el mercado, y en el que lo de pararse a pensar sobre nosotros mismos es algo lujoso, este libro nos devuelve el sentido de todo un pensamiento, el psicoanalítico, que va más allá de lo que es sólo la intervención terapéutica.

Uno sólo tiene que pasearse por su índice como para poder adivinar de qué van estas 130 páginas. Por ejemplo: “la sociedad depresiva” es el título de la primera parte (son tres) por la que esta historiadora rebosante de información sobre la Psiquiatría y el Psicoanálisis nos muestra muchas de las características de estos tiempos en nuestra sociedad occidental. La imagen de un hombre que parece huir de sí mismo, de su realidad psíquica, de su propio sufrimiento; de un hombre ( y por lo tanto de una civilización) que, más allá de la realidad que nos muestra la existencia de la muerte, de la violencia, de las diferencias individuales y sociales, más allá de todo esto, parece que exige el derecho a no manifestar su sufrimiento, a no entusiasmarse por los más mínimos ideales. Un ser humano “no sufriente”. Como si esto fuera posible.

Tras este apartado aparecen otros dos. El primero de ellos en el que desmenuza el esfuerzo por tratar de imponer un pensamientos supuestamente científico que vaya en dirección opuesta a la propia consideración del ser humano como ser deseante, articulado en lo simbólico. Un empeño, avalado por ingentes esfuerzos “investigadores” que tratan de reducir la esencia humana a un complejo sistema casi cibernético, un complejo de conductas y cogniciones y carente de algo tan elemental como el propio deseo que se articula en todo devenir histórico, individual y colectivo. Y finalmente, un tercer apartado, en el que, con una seria crítica a las instituciones psicoanalíticas que parecen dirigir sus esfuerzos en contra del propio principio del psicoanálisis, traza una líneas de reflexión sobre el futuro de un pensamiento, el psicoanalítico, con algo más de 100 años de vida reconocida, aunque con milenios de vida latente.

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