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Miércoles, agosto 23, 2017
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Niveles de análisis (Analysis level) 

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Mi cuaderno de Bitácora del 10 de noviembre de 2010
10/11/2010
Fuente: Sunyer
Seguimos con el análisis de Bonifacio. Entiendo que la velocidad que imprimo es alta por lo que hoy hago un esfuerzo para enlentecer mi impaciencia.

Niveles de análisis.

Hoy fue un día diferente. A caballo de la huelga de los ferrocatas y la protesta de mañana día 11 nos reunimos un grupo mediano, una treintena de personas. Y a menor tamaño, clima diferente. Claro que dicho y visto desde este ángulo suena mal. Como si el problema lo tuviese el tamaño, el número de personas; aunque en realidad no es tanto así. Evidentemente influye. Y si influye es porque al ser menor el número de espejos en los que nos vemos reflejados, la vivencia de fragmentación disminuye y uno se siente más entero, menos agobiado. Pero ya estoy corriendo demasiado. Y eso es algo que debo aprender (los años no consiguen disminuir mi tendencia a andar rápido).

Nada más empezar me hicisteis ver que corro en mis aportaciones, que no acabo de considerar que estáis en otro nivel. Y esto no es culpa del estudiante, sino del profesor, del profesional. En realidad es una de las cosas que debemos tener presentes: no ir más deprisa de lo que el paciente puede ir. Pero aquí mi impaciencia me puede. Mis deseos de daros cuanta información poseo choca con la realidad, con vuestra capacidad digestiva. Y si os hago comer mucho y rápido hay peligro de que cerréis la boca.

Cuando me hicisteis ver esa tendencia mía a la velocidad me enseñasteis también que hay algo que no acabáis de creer: vuestra propia capacidad de análisis. Voy a tratar de organizar un poco lo que fue saliendo.

Veamos. De entrada nos pusimos a hablar de Bonifacio. Me comentabais que cómo podía llegar a la conclusión de sus niveles de enfado y cómo podía demostrar eso. En buena medida tenéis razón ya que ¿de dónde saco esta hipótesis y cómo me atrevo a formularla si no tengo pruebas? Bien es verdad que lo que digo no son opiniones; aunque lo parezcan. Son aspectos de Bonifacio que conozco porque como hacen los zahoríes deduzco la presencia de agua sin verla. ¿Y cómo lo saben ellos? Por una serie de percepciones derivadas no sólo de la sensibilidad sino de la práctica adquirida de la propia experiencia y de la que otros me han ido transmitiendo. Es decir, mis formulaciones no son meras opiniones sino supuestos que provienen de la experiencia clínica.

Aquí quiero hacer un pequeño inciso. Imaginaros que sois arquitectos y que os preguntan sobre algunas grietas que han aparecido en una casa. De entrada y basándonos en que la grieta se corresponde a que los ladrillos que forman la pared o se han roto o entre ellos se ha resquebrajado el cemento que los unía, podríamos decir que esas grietas se corresponden a movimientos de la casa y que por lo tanto podríamos repararlos sin mayor problema. La reparación puede ir desde llamar al pintor para que vuelva a preparar la pared y la pinte de nuevo, a llamar a un albañil para que la limpie, repare las uniones de los ladrillos que se han resquebrajado, que incluso le ponga una malla protectora para evitar que se vuelva a romper por ahí, y pintemos a continuación. Y esta reparación es correcta. Y muy posiblemente si la economía es precaria o no se quiere hacer más, ésta sea la forma más correcta de arreglar las grietas.

Pero podría darse el caso que vosotros, como arquitectos, dijeseis. Miren Uds., estas grietas se deben a movimientos de la casa y convendría revisar los cimientos. Y una vez revisados y reparados…; o que incluso la opción fuera averiguar por qué estos cimientos están como están y entonces, excavar más el terreno para ver qué hay debajo que no posibilita que esos cimientos estén bien asentados, y en esta exploración veamos que debajo hay una serie de restos de otras edificaciones anteriores, algunas de gran valor, y que su presencia hace que esos cimientos no sean muy seguros y generen la aparición de grietas. Es decir, dependiendo de la decisión que toméis como arquitectos, la solución pasará por las simples manos del pintor o nos llegaremos a las exploraciones arqueológicas. Entre estos dos extremos, todas las opciones son correctas y dependerá de varios elementos y criterios quedarnos en un nivel o ir a otro.

Con esta idea en la mente, os fui preguntando sobre qué es lo que veíais desde vuestra perspectiva ya que mi andar más rápido posiblemente me llevaba a olvidar que los demás tenéis otro ritmo. Y entre las cosas que me dijisteis una de las opiniones era que una forma de actuar podría ser invitar a que viniese su mujer. Me lo decíais como si esto estuviera mal; pero creo que subrayé que era una opción perfecta. Porque tal como me lo transmitíais, lo que me llegaba era que la idea que subyacía era ver en qué medida esa mujer realmente creía que Bonifacio era tan desastre como él se decía ser. Queríais explorar lo que quería decir realmente. Y en caso de ser así, en el caso que esa mujer ejerciera un papel de crítica permanente, intervenir para que esa crítica fuese mejor y posibilitar que Bonifacio fuese atreviéndose a hacer más y más cosas y, constatando que no era tan desastre como pensaba, pudiera mejorar su autoestima y ser más feliz de lo que era anteriormente. Este tipo de intervención es absolutamente práctica y correcta. Y posiblemente sea una de las primeras a considerar. Pero hay otras.

Entre las cosas que habíais dicho respecto a lo que veíais en Bonifacio era la identificación con su madre. Que esa forma de ser era anterior a vivir con su mujer. Y que su padre era una persona que se imponía fácilmente señalando que su mujer, es decir, la madre de Bonifacio era otro desastre.

Con estas cosas estáis apuntando un poco más allá de lo que se observaba en la situación anterior. Es decir, sin descartar que la mujer le tratase así señalabais que había pistas que nos llevaban a razones algo más arcaicas, más antiguas y en cierto modo genéticas (en el sentido no genético sino de aprendizaje transgeneracional). Esta hipótesis es muy razonable ya que lo que decía el propio Bonifacio apuntaba a que había cosas de este estilo. Ello hace que podamos pensar en que la estructura en la que se ha hecho contiene la idea de “alguien que señala a otro alguien que es un desastre”. Esto es como una estructura que si está muy presente configura parte de las relaciones. Pero esta misma hipótesis supone que la relación que Bonifacio tuvo o tiene con su madre es especial. Al menos es una relación en la que parece que se identifica con aquellos aspectos de la madre que hacen que sean calificables de “desastre”. ¿Por qué, podríamos preguntarnos, alguien se identifica con esos aspectos? Es difícil señalarlo porque poco conocemos de él, pero podríamos pensar que pudo llegar a la conclusión de que “mamá es querida por papá porque es un desastre”. Entonces podríamos pensar que “para asegurarme el cariño de alguien tengo que funcionar como desastre”. Esto es una hipótesis, claro. Y como tal habría que irla sondeando como hace el arqueólogo cuando explora el terreno.

Pero en esta labor que hacíamos entre todos (no pongo todo por premura de tiempo) aparecía la primera pregunta y no me resistía a dejarla pasar. Opté por la escultura.

Con la ayuda vuestra compusimos una determinada escultura en la que iban apareciendo aspectos que supimos de la historia de Bonifacio. Y en ella estaba él, en el suelo, rodeado de aspectos algunos de los cuales apuntaban a que “era un desastre”. Entonces os pregunté sobre cómo se podría sentir alguien que es señalado como tal. Y ahí venía la respuesta a la pregunta inicial.

La energía psíquica que mueve y activa todo el funcionamiento mental es eso que llamamos libido. Pero la libido tiene dos componentes que según Freud son componentes separados y según alguno de sus seguidores (posiblemente más temerosos de lo que ello supone) lo juntaban en uno solo. Los componentes, eros y tanatos, suponen el potencial creativo o destructivo de esa energía llamada libido. En el caso que nos ocupa parece que la energía creativa está paralizada por señalamientos de que todo lo que es capaz de crear es un desastre, es decir, no obtiene el reconocimiento y la valoración de quien me quiere. ¿Qué hago entonces con la energía? Someterla a un control que hace que lo creativo se paralice y lo destructivo interfiera (haciendo que lo que creo sea desastroso). Pero en el fondo, ese potencial queda paralizado. Y lo paralizo para “garantizarme” algo de ese aprecio que preciso para subsistir. Eso es lo que me lleva a pensar que Bonifacio se torna Bonifacio para asegurarse que no hace nada malo para ser criticado; aunque precisamente ese no hacer nada malo se convierta, a su vez, en algo criticable.

Y acababa y acabo con una mención al nombre que soy consciente de que os paralizó un poco. Dado que todos los humanos por nuestra propia condición atribuimos significados a todas las cosas con las que entramos en contacto, una de esas cosas es el nombre. En muchas ocasiones el nombre, el apellido, etc., son elementos que acaban plagados de cargas significativas bajo las que nos constituimos como sujetos. Y este podría ser un caso.

Un saludo a todos

Dr. Sunyer (10 noviembre de 2010)

El planteamiento es muy sencillo. La clase es un espacio en el que estamos muchas personas, como 50 o más.Uno puede considerarla desde diversas posiciones, pero personalmente prefiero pensar que estoy con un grupo. No ante un grupo sino en él. Este conjunto de personas que lo constituimos establecemos inevitablemente una serie de interdependencias, vinculantes muchas de ellas, que determinan no sólo la atmósfera grupal sino la manera de relacionarnos y los sentimientos que se derivan de todo ello. Cierto es que dado que trabajamos unos textos determinados, hay muchos elementos que se activan a través de la lectura de los mismos. Y la experiencia me indica que esos mismos elementos se activan también en las relaciones que establecemos en el grupo. Estos escritos son las reflexiones que desde mi puesto de conductor de ese grupo van aflorando en mi mente y que sirven, eso espero, de reflexión y de trabajo complementarios a la asignatura.

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