T. +34 639 779 053 | grupoanalisis@grupoanalisis.com
Lunes, noviembre 20, 2017
/

23. Manual conciso de conducción grupal III 

/

Resumen. En este escrito abordo algunos aspectos de la función conductora y que guarda relación con los temas de los que se habla y como se abordan. En realidad la idea es cómo ir articulando las diversas ideas que aportan los miembros del grupo y las cuatro áreas por las que suelen transcurrir estas conversaciones.

Palabras claves: función conductora, conversación, áreas de conversación, aquí y ahora, allí y entonces, aquí y entonces, allí y ahora.

Introducción

El pasado día anduvimos trabajando en torno a una pregunta que se planteó durante la sesión anterior y que se cuestionaba sobre si cerrar o no un determinado grupo dado que se percibía en él un cierto estancamiento. Y nos recordaba nuestra compañera cómo aparecían dos posturas, la suya y la de su compañera de conducción. Voy a intentar aportaros una serie de reflexiones al respecto. Para ello voy a profundizar un poco más en algo que ya salió ese día: la idea de función. Esta actividad agrupa una serie de funciones que me parecen enmarcan bien el trabajo de todo grupoanalista.

La función conductora

El conductor del grupo siempre es una figura de referencia de cuya actuación depende buena parte del funcionamiento del grupo aspecto éste que en cierta forma ya fue indicado por Freud (1921). Pero siendo absolutamente cierto también hay que considerar que su función viene condicionada por las posibilidades que el resto de las personas le otorgan. Esto significa que hay una relación de interdependencia entre el conductor y el resto de los miembros del grupo. Es en cierta medida algo de lo que ya decía nuestro Cantar del mío Cid sobre el 1200 en el que se canta una cierta protesta por la ligereza del rey al valorar a su vasallo el Cid. “Dios que buen vasallo si hubiere buen señor”.

Creo que siempre he ido subrayando que una de las características del individuo es que es parte intrínseca del grupo social, la célula del grupo social, del ser humano, por lo que no puede considerarse como algo totalmente autónomo y desvinculado del resto de los miembros con los que forma una entidad. Y ese individuo no es una entidad cerrada, fija, estable, sino que permanece en continuo movimiento dinámico. Eso dibuja un conductor que es producto de su propia historia (profesional, personal…) que le aconseja, le susurra actuar de una manera o de otra a partir de las presiones, de los condicionamientos, de las limitaciones que el resto del grupo le marca y le determina.

Si simplificásemos a modo pedagógico la situación descrita por nuestra compañera podríamos decir que A (ella) se encuentra ante unas personas (B,C,D,E) que en cierta manera están como paralizadas en un tema, no se pueden desenganchar de él; y ante ello cree que la solución quizás sería disolver el grupo o incorporar más personas para que se desatasquen y prosigan su proceso. Hasta aquí es entéramente lógico y comprensible su pensamiento. Y Z (su compañera de conducción) opina que hay que seguir dando tiempo al tiempo, otra forma de pensarlo que se sostiene en la hipótesis de que si tienen más tiempo van a poder desatascarse. En realidad ambas personas buscan lo mismo aunque por procedimientos diferentes. Y podemos pensar que esos pensamientos son originales de ellas dos. Si lo considerásemos así estamos subrayando la individualidad del sujeto: el pensamiento nace y se desarrolla dentro de uno y provendrá de su experiencia a largo de la vida y de sus estudios. Aspecto que parece tener bastante razón y peso.

Pero podríamos verlo desde otro ángulo. Si las personas todas formamos parte de una tupida red dinámica de interdependencias vinculantes, lo que uno piensa no es independiente de lo que las demás están pensando. Sólo que en esta ocasión aparecerían dos pensamientos: el de A y el de Z. Pero estos mismos pensamientos están en (B,C,D,E) con la única diferencia que mientras A y Z lo pueden verbalizar no así los demás (no se les ocurre). Desde este ángulo los conductores están conectando con algo con lo que no conectan los miembros del grupo. Es posible que eso sea lo que les atrape ya que no pueden expresar lo que A y Z sí pueden pensar: cómo hacemos para desatascarnos. Aunque hay otra pregunta que no sé si sólo aparece en el contexto del curso: qué es lo que les atasca.

Si pensamos en la matriz como ese elemento intangible que condiciona y determina los procesos individuales y colectivos de las personas que se encuentran en un grupo, podríamos considerar que hay algo en esa matriz atascado y que deseamos desatascar. De hecho, si la matriz es la que posibilita el flujo del pensamiento al tiempo que éste la determina, en el momento en el que encontramos zonas embozadas, puntos en los que el flujo comunicativo queda detenido, significa que estamos topando con uno o unos elementos patológicos grupales. La enfermedad o la patología se entiende como la detención, la paralización del pensamiento y la comunicación entre las personas.

Recordemos que en algún lugar hemos comentado que lo que constituye la materia prima de la matriz son los denominados mecanismos de defensa y comunicación entre las personas y que esos mecanismos hablan de procedimientos que tenemos los humanos para contener o tratar de paliar el dolor y la angustia que sentimos ante algo. Y cuando A y Z perciben que “el grupo está atascado”, lo que están detectando es que hay un núcleo en el que estas personas se han detenido no sabiendo cómo digerirlo, es decir, no encontrando la forma de integrarlo.

¿Qué habría que integrar ahí? Si no recuerdo mal (aunque no importa, lo tomaremos como tal) el tema era la dificultad que tenían con sus hijos adolescentes. Si esta idea la “enfriamos” podríamos decir que “alguien tiene problemas con la adolescencia” y nuestra experiencia indica que la adolescencia suele ser un problema. Y lo es porque es un momento del proceso de crecimiento y maduración en el que los temas de la identidad de cada quien están sobre la mesa. Y la identidad de todos nosotros se va constituyendo (nunca concluye, afortunadamente) a partir de los lazos que vamos estableciendo y de la superación de las tensiones que activan o generan estos lazos diversos. Así, a partir de un momento en el desarrollo individual debemos reubicarnos respecto a las relaciones con el seno del grupo familiar y en conexión con nuestro grupo social, nuestro grupo de amistades… Si los lazos con el grupo familiar son muy estrictos y ahogan, la forma de salir de ahí es dando patadas para liberarse. Si los lazos son muy laxos, casi inexistentes, el adolescente tiene serios problemas para poder establecer los límites entre el grupo familiar al que pertenece (aunque en este caso la pertenencia sea dudosa) y el grupo con el que desea estar. Si el adolescente a penas tiene grupo externo… la situación se vuelve mucho más compleja porque su crecimiento es a ninguna parte. Con lo que lo que se tiene que integrar son muchos aspectos que por un lado lo vinculan con la familia y por otro con el contexto ajeno a ella. Debe resolver el conflicto entre el permanecer como se está o integrarse a otros. ¿No os suena conocido?

Pero tenemos otro problema: nuestra propia adolescencia. Porque esos padres no sólo se encuentran paralizados por el adolescente real, concreto, que tienen en casa, sino por el adolescente que fueron y la forma como resolvieron el conflicto de crecimiento. Y en ella se encuentra parte de la dificultad en poder encarar el problema, con lo que con su hijo ese problema se les vuelve a poner ante sus propios ojos. Y así el ¿cómo resolvemos ese problema? se conecta con el ¿cómo resolvimos ese problema? Es decir, estos padres se encontrarían bloqueados ante un problema real que alude a un problema de antaño.

¿Y los conductores? También ellos han tenido adolescencia y, a su vez, se encuentran con el problema de los padres y el suyo propio. A ese reflejo del problema del grupo en el problema de los profesionales es a lo que me refería cuando hablé del espejo organizativo: el espejo organizativo (Nitsun, 1996) es el fenómeno por el que los profesionales de un grupo acaban repitiendo el esquema relacional y la problemática que atañe a los pacientes que tratan. Esta problemática, ubicada también ahora en los profesionales pasará al equipo en el que esos profesionales están adscritos, y a su vez y por el mismo fenómeno, se activará en el cuerpo directivo, y en el gerencial… Es decir, el fenómeno de reproducción de la problemática afecta a todos los niveles que integra un determinado marco asistencial en procesos de vaivén: también las problemáticas de la dirección se van trasladando a cada una de las partes integrantes de la organización y acaban incidiendo en los pacientes.

En este sentido y ante el caso que he explicado, el equipo de conductores personalizan y expresan la misma lucha con la que se encuentran los padres: nos mostramos activos e introducimos cambios en la estructura grupal o esperamos. Y de esta manera tan sutil, uno y otro conductor reproducen dos posiciones muy presentes en las familias y que viene metaforizadas por la idea de posición paterna, posición materna. La forma cómo resuelvan el conflicto será decisiva a cómo estos padres resuelven el tema de la paralización. Y podría ser que una de las mejores salidas fuera la de plantearlo tal cual.

Las temáticas de la conversación

Los temas de los que se habla en un grupo no vienen necesariamente delimitados por la conducción sino por los propios participantes. Es decir, en principio los conductores no debieran determinar el tema. Aunque bien es verdad que en muchas situaciones es preciso enmarcarlos para facilitar la tarea. Ahora bien, una vez enmarcada, ¿habría que seguir enmarcándola o dejamos que el flujo de la conversación vaya avanzando? En eso cuenta mucho las habilidades y los conocimientos del conductor.

Podríamos decir que los temas suelen situarse en la casilla al “ahora y allí” aunque por lo general el desplazamiento hacia el “allí y entonces” es casi inevitable. Y dado que es la tendencia general deberíamos respetarla ya que es a través de esas dos casillas como podemos ir entendiendo algo más de lo que a cada realmente le afecta. Ahora bien si consideramos que el pensamiento es como un flujo de ideas, ¿por qué estas debieran ubicarse en esas dos casillas y no acercarse al “entonces y aquí” o al “aquí y ahora? La dificultad se encuentra en las resistencias que tenemos para hablar de lo que nos ocurre realmente con las personas con las que nos encontramos. Y es precisamente aquí el lugar de donde deberíamos poder llegar a hablar. Veamos qué tipo de pensamientos corresponderían a cada una de las casillas:

Ahora y allí: “me pasa que con mi marido no me entiendo”, o “necesito con urgencia un lugar para ir a vivir”, o “no hay derecho, el ayuntamiento debe facilitarme lo que pido y aquí me lo están negando”. Como creo que se ve con facilidad, estas y otras muchas frases se corresponden con el momento actual pero ubicando el problema fuera del grupo en el que estamos.

Allí y entonces: “cuando me casé, mis padres no quisieron venir a la boda porque no estaban de acuerdo con el chico con el que me casaba”, o “y fui a los servicios sociales del centro de asistencia y no me atendieron. Me dijeron que viniera aquí. No hay derecho”, o “mi hijo es un desastre. Nunca ha habido forma de que cumpla con sus obligaciones y vaya al colegio”. Estas frases ubican el problema en tiempo y lugares pasados. Ciertamente mucha de la información que provenga de ahí nos puede permitir entender las raíces de la situación, cuando comenzó, qué limitaciones reales puede tener la persona con la que estamos.

Aquí y entonces: “el otro día vine y no me atendieron” o “Ud., me dijo que debería haber hecho no sé qué y la verdad es que me parece imposible llevarlo a cabo” o “ el otro día salí enfadado del grupo porque Ud., a penas me atendió”. Estas y otras muchas hablan de conflictos habidos en el lugar en el que trabajamos y nos acercan a enfados y situaciones reales que se han dado en nuestra presencia y por lo tanto nos brindan posibilidades para aclarar los problemas de comunicación.

Aquí y ahora: “mira, no sé cómo decírtelo, pero me molesta ver que cada vez que hablo me sonríes como mofándote de lo que digo” o “me molesta que llegues tarde”. Este tipo de frases pone el problema en el momento en el que sucede. Ahí es donde podemos intervenir y aclarar lo que está sucediendo. El aprendizaje de hablar en este terreno sirve de mucho ya que habilita a no postergar los problemas, a afrontarlos y para conocer las consecuencias inmediatas de nuestra manera de ser.

Los comentarios se refieren a las sesiones que he realizado con los profesionales que han acudido al curso que organizó la Diputación de Barcelona.

 

Valora éste post



Añadir un comentario

Current day month ye@r *