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Sábado, noviembre 18, 2017
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Lo transferido 

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Mi cuaderno de Bitácora del 15 de diciembre de 2010
15/12/2010
Fuente: Sunyer
Es un día de júbilo. Constatar cómo un grupo de cincuenta estudiantes son capaces de elaborar las diversas percepciones de una experiencia lectiva, no pude ser calificado de menos que de júbilo.

Lo transferido.

Los que me conocen saben que uno de los pilares en los que reposa mi actividad profesional es el de la transferencia. En realidad es esa huella que dejamos en todas nuestras relaciones y que es una buena síntesis de todas nuestras experiencias relacionales. Esta marca tiene una característica imborrable: la de tratar de determinar una relación a modo de la que uno ya conoce y que, dentro de lo que cabe, organiza el mundo y la relación a su manera. Tiene sus orígenes en las primeras huellas que nuestros padres ya determinaron, y se complementa con el conjunto de experiencias de relación que han ido conformando una manera y un estilo de relación que nos caracterizan. Este aspecto es muy importante ya que determina muchos aspectos de nuestra relación con el mundo (esto es, con las personas y con los sucesos que la vida nos va proporcionando) de manera que sin quererlo acabamos marcando cómo queremos que se coloquen los demás y cómo nos queremos colocar nosotros respecto a ellos.

Clásicamente la idea de transferencia se sitúa en el ámbito asistencial, y más concretamente en el de las intervenciones psicoanalíticas; pero ya fue Ezriel quien señaló que a su criterio (cosa que comparto) la relación transferencial se da siempre, en todo lugar y condición. Otra cosa es que nos demos cuenta de ello y, sobre todo, la utilicemos en beneficio del otro. Y siempre se ha considerado como algo fundamentalmente de dos; pero los que nos dedicamos a lo grupal y pensamos en la complejidad del individuo en tanto que está permanentemente en grupo, sabemos que la cuestión transferencial, la situación T., es en realidad la complicada articulación de al menos dos aspectos: los propiamente transferidos y que provienen de esta estructura de la que he hablado al inicio de este escrito, y los derivados de la situación real en la que me encuentro. Dicho de otra forma, la situación real en la que me encuentro es en realidad el producto derivado de las relaciones que mantengo en ese lugar que vienen condicionadas y determinadas por las características de este entorno que, a su vez, vienen marcadas por aspectos de la realidad social en la que me encuentro. Así podremos decir que la situación transferencial, la situación T., es el resultado de la interrelación de todos aquellos aspectos personales que me definen y con los que me muevo, y los que provienen del entorno social que penetra en el espacio en el que me encuentro junto a las personas que en él se encuentran conmigo.

Hoy trabajamos aspectos de esta relación T. Veamos.

La propuesta era la confección de esculturas con el material que teníamos a mano: fundamentalmente las personas. Y os pusisteis a pensar cómo tenían que serlo. En mis visitas a cada grupo veía unos estudiantes enfrascados en desarrollar la propuesta. Cierto que la tendencia solía ser o bien hacer algo “conceptual” es decir, alejado de la realidad de la clase, o tan sintética que con dos cosillas parecía que ya estaba cumplida la propuesta de trabajo. Pero no nos quedamos ahí. Tuvimos que seguir apretando para que fueseis sacándole jugo a algo que siempre me ha parecido de lo más rico. Esto significó que tuvisteis que hacer más o menos un listado de ideas y conceptos que podrían aparecer. Es verdad que os di alguna pista (con lo que me cuesta dado que no quiero influir demasiado), pero observé que a la que os suministré alguna, entrasteis dispuestos a añadir e ir complementando vuestra idea.

Luego vinieron las representaciones. ¿Qué decir de ellas? La realidad es que todos estuvisteis dispuestos a trabajar. Escogíais a los compañeros que precisabais para cada una de las representaciones de forma que casi la totalidad de los alumnos participasteis en alguna de ellas. Todas estaban repletas de personajes. Podíamos contar entre los quince y veinte en cada una y representando diversas facetas del tema escogido: el profesor y los alumnos. Y ¿qué facetas se mostraban?

Miedo, vergüenza, cansancio, pereza, sueño, fatiga, trabajo, bitácora, exámenes, puntualidad, asistencia, exigencia, pasotismo, quedar bien, enfrentamiento, desacuerdo, aceptación incondicional, lazos entre los alumnos, interés, alusiones a la estructura universitaria, afectos… un número tan variado de elementos que mencionarlos a todos es casi imposible.

Pero se veía otra cosa: la participación de todos, la ausencia de actitudes pasotas, la creatividad improvisada al querer complementar cosas que se os ocurrían al tiempo que realizabais el ejercicio, buen humor y mucho trabajo. ¿Qué más se puede pedir a primera hora de la mañana? En realidad creo que se puede decir que la representación de la transferencia en el aula queda bien patente en la representación de la representación. ¿Y qué indica?

Que cuando las personas nos sacudimos esas pulgas que siempre llevamos encima y que en forma de vergüenza, bajo la piel de qué es lo que dirá el otro, no hacen sino que constituir las bases de lo patogénico, salta lo normogénico. Dicho de otra forma, cuando desaprendemos parte de lo aprendido que se había colocado como una costra o caparazón que imposibilita el desarrollo de las capacidades creativas, cuando somos capaces de integrar lo que hemos ido hablando a lo largo de un montón de sesiones pasándolo desde la zona de los raciocinios e intelectualismos (que no son sino maneras de defenderse de la relación), cuando dejamos de lado las defensas que bajo el epígrafe de la racionalización e intelectualización, y comenzamos a perder el miedo a mostrarnos tal cual somos, entonces puede emerger la persona que se va a dedicar a trabajar en un oficio duro, complejo pero altamente compensador: ayudar para poder ser ayudado.

La rotura de las defensas que paralizan al grupo, a las personas del grupo, ha ido posibilitando (ayer y hoy) a que emerjan aspectos que teníais medio dormidos pero que no podíais sacar en el sacrosanto templo académico. Pero no como forma maniforme de hacer ruido o cháchara, sino en forma de crear unas estructuras que hablaban permanentemente de todos nosotros, profesor incluido. De hecho, verme bajo las diversas versiones, las diversas caras y combinaciones de aspectos, fue un placer.

Un saludo,

Dr. Sunyer (15 de diciembre de 2010)

El planteamiento es muy sencillo. La clase es un espacio en el que estamos muchas personas, como 50 o más.Uno puede considerarla desde diversas posiciones, pero personalmente prefiero pensar que estoy con un grupo. No ante un grupo sino en él. Este conjunto de personas que lo constituimos establecemos inevitablemente una serie de interdependencias, vinculantes muchas de ellas, que determinan no sólo la atmósfera grupal sino la manera de relacionarnos y los sentimientos que se derivan de todo ello. Cierto es que dado que trabajamos unos textos determinados, hay muchos elementos que se activan a través de la lectura de los mismos. Y la experiencia me indica que esos mismos elementos se activan también en las relaciones que establecemos en el grupo. Estos escritos son las reflexiones que desde mi puesto de conductor de ese grupo van aflorando en mi mente y que sirven, eso espero, de reflexión y de trabajo complementarios a la asignatura.

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