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Lunes, noviembre 20, 2017
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Las posiciones del profesional 

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Mi cuaderno de Bitácora del 4 de noviembre de 2011
Sunyer · 04/11/2011
Fuente: Sunyer
La sesión del otro día me dio que pensar y sobre ello he escrito.

Las posiciones que adopta el profesional.

Fue una sesión curiosa. Tras el trabajo que cada grupo organizó en la primera parte de nuestra forma de trabajar, pasamos a la segunda en la que traté de concentrarme en cada una de las tres posiciones para que las entendierais. Y con esfuerzo conseguí que fueseis aportando ideas que me permitieran entender (de esto se trataba el juego: me teníais que explicar cada una de las tres posiciones) cada una de ellas. Incluso me vestí de Jacobo (o de Gerónimo, que a estas alturas uno ya tiene problemas de identidad) con el deseo de que os fuera más fácil la tarea.

Pudimos ver cómo independientemente de la corriente psicológica desde la que entendemos los fenómenos, las posiciones eran muy diferentes. Es decir, no es lo mismo aceptar que el objeto de nuestro estudio se llama Jacobo que considerar que es una entidad formada por su entorno del que es el chivo expiatorio, y menos pensar que el objeto la tenemos en la propia consulta. Y para colmo señalé un cierto paralelismo que observo entre lo que a Jacobo le pasa y lo que nos pasa. Y digo nos porque también formo parte de la ecuación, claro. Y al hilo de esto pienso en el cabreo, el enfado gordo que debemos tener entre todos nosotros y que paraliza parte del proyecto que os tracé al inicio de nuestro trabajo hace dos meses.

¿Con qué tendrá que ver ese cabreo que percibo y que en muchas ocasiones percibe el profesional? Me imagino, porque no tengo más datos como para saberlo, que guarda relación con lo complicado de la experiencia. Si me atengo a los hechos puedo pensar que si la mayoría no me habéis enviado la valoración que os pedí es porque quizás no habéis entendido lo que pido. Es decir, como que no soy capaz de explicar suficientemente bien lo que quiero y, en consecuencia, no se hace. Claro que también pienso que si no se entiende, ¿por qué no se pregunta? Quizá porque se me teme. O porque se quiere presuponer que se ha entendido y cuando os ponéis en la tarea veis que no sabéis por dónde salir y optáis por el silencio. Esto en mi casa se llama pasividad. Aunque y para que el cabreo no sea lo que más pesa en este escrito hay que resaltar una cosa: fijaros cómo en base a la posición que adopta el profesional y a sus características personales la ansiedad que emerge será de tipo depresivo (tengo la culpa) o paranoide (ellos no quieren) o confusional (no entiendo qué pasa). Y en cualquier caso, el debate que tiene el profesional (similar al profesor que en este contexto es el profesional) busca las razones por las que percibe el enfado del otro.

Observo que si pido hacer ejercicios que os movilizan, aparece mayor sensación de aprovechamiento del tiempo. Esto lo puedo entender. Pero estando en un contexto universitario en el que parece que lo ideal se situaría en poder intercambiar opiniones, experiencias, vivencias que surgen de la experiencia de cada uno, ir proponiendo ejercicios que en cierto modo os activen parece algo contradictorio ya que vuelve a situar la posición del que sabe en un lado de la balanza. En varias ocasiones me he visto diciendo algo así como “aquí no hay jueces” claro que esta frase era incompleta y quizás debiera haber dicho “aquí no hay más jueces que el juez de cada uno para consigo mismo”. Y este juez, omnipresente, parece ser quien reúne la descalificación de cualquier comentario que pueda hacer nadie. Es decir, si veo que los otros me juzgan, me callo. Y eso que no recuerdo haber censurado a nadie por lo que ha dicho; antes al contrario, me han parecido ideas geniales. Claro que seguramente diréis, “menuda tontería dice ese” o “lo dice para tranquilizarnos, pero no lo piensa”. ¿Será así? Hasta donde mi conciencia de mí mismo y mi conocimiento propio llegan es que esos pensamientos no están en mí. Pero si estos u otros semejantes me los atribuís a mí mismo o a cualquiera de los compañeros del grupo… ¿no estaremos proyectando algo de cada uno? Creo que sí. Lo malo de eso es que se paraliza la dinámica y se distorsionan las expectativas.

Hablando de Jacobo apunté la idea de la envidia como uno de los motores que posiblemente le atenazan. Mirad, la envidia es la berza. Es un sentimiento muy humano, muy extendido y especialmente en nuestra cultura (“si la envidia fuera tiña, cuántos tiñosos habría” decía mi madre). Es un sentimiento destructivo que devalúa, critica, desprecia, infravalora y trata de destruir aquello que el otro tiene o aporta. Es destructivo porque anclados en ella paralizamos nuestro desarrollo. No nos permite sumar con el otro, sino que buscamos la manera de restar. Y es destructivo en varias direcciones: no sólo para quien la tiene hacia los demás sino para aquel que la teme. Y os lo digo con conocimiento de causa. Si uno teme la envidia que genera o puede generar, o se paraliza o trata de disminuir el valor que tiene todo lo que hace con el fin de evitar el temido ataque del envidioso.

En nuestra cultura estamos más por la labor de destruir que la de construir. Desde hace siglos. No nos alegramos del éxito del otro sino que lo decapitamos “algo le habrán dado”, “no es para tanto”, “menuda tontería acaba de decir”, “será un enchufado”, “va de listo o de pelota”… y como éstas, muchas otras frases que se quedan ahí. Como mucho algunos sacan de la manga aquello de “envidia sana” como si hubiera asesinatos sanos e insanos. Cuesta pensar en la admiración, en el estímulo que supone el desarrollo del otro, la emulación como algo creativo. Como cuesta sentirse satisfecho y compartir esa satisfacción ya que la envidia puede aparecer en cualquier rincón.

Creo que a Jacobo le pasa mucho de eso. No hay ningún dato que permita pensar que realmente lo que hace está mal ni que su pene no tenga las propiedades que “debiera” tener. Pero es mejor pensar que “lo tengo pequeño” que considerar todas las emociones que se le activarían descubriendo que el tamaño no importa y sí la vinculación con una mujer. Y de la misma manera que le sucede a Jacobo nos sucede a los Jacobos de cada uno, es decir, a los aspectos que nos resultan similares a Jacobo.

Estando en esta tesitura recuperé las actuaciones de dos de nuestros compañeros, X., y C., escenificando algo sobre lo que tendremos que pensar: el desdoblamiento del profesional. AL desdoblarme una parte mía estaba sentada frente a Jacobo y le iba diciendo cosas que perfectamente hubieran podido salir de la boca de nuestros compañeros. Ese que hablaba es ese Yo auxiliar que precisa Jacobo y que sale del desdoblamiento del profesional. Pero ese desdoblamiento no anula la parte que sigue siendo él y con quien se establece un debate complejo. Es a este fenómeno al que nos dedicaremos los próximos días.

Un abrazo

Dr. Sunyer (4 noviembre 2011)

El planteamiento es muy sencillo. La clase es un espacio en el que estamos muchas personas, como 50 o más.Uno puede considerarla desde diversas posiciones, pero personalmente prefiero pensar que estoy con un grupo. No ante un grupo sino en él. Este conjunto de personas que lo constituimos establecemos inevitablemente una serie de interdependencias, vinculantes muchas de ellas, que determinan no sólo la atmósfera grupal sino la manera de relacionarnos y los sentimientos que se derivan de todo ello. Cierto es que dado que trabajamos unos textos determinados, hay muchos elementos que se activan a través de la lectura de los mismos. Y la experiencia me indica que esos mismos elementos se activan también en las relaciones que establecemos en el grupo. Estos escritos son las reflexiones que desde mi puesto de conductor de ese grupo van aflorando en mi mente y que sirven, eso espero, de reflexión y de trabajo complementarios a la asignatura.

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