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Lunes, agosto 21, 2017
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La unicidad de la mente 

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Mi cuaderno de Bitácora del 30 de noviembre de 2010
30/11/2010
Fuente: Sunyer
La sesión de hoy se sitúa a pocas semanas de la finalización de la experiencia y está preñada de elementos que hablan de algo que tiene que ver con nosotros.

La unicidad de los procesos mentales.

La relación asistencial es el establecimiento de una serie de vínculos entre los que participan en ella que tienen como objetivo la mejoría de todos los que la constituyen. Esto significa que el objetivo que tiene el profesional es trabajar para que esos lazos que establecemos las personas entre nosotros, entre los que estamos implicados en torno a este objetivo, contribuyan al desarrollo de todos, incluido el propio profesional. Podríamos pensar que eso es algo que se da sólo en los espacios específicamente asistenciales, pero esta afirmación no se ajusta a la realidad. En efecto, aunque es cierto que en tales espacios se busca específicamente este objetivo, la realidad de otro tipo de encuentros permite pensar que ese crecimiento se da en muchas otras circunstancias. Eso creo que ocurre por ejemplo en los espacios de esta asignatura: que aunque el objetivo no es el desarrollo de las personas que estamos implicadas en ella, el resultado final sí parece acercársele. Y esto me parece que está muy presente en la dinámica de la clase.

Por otro lado, en tanto que el profesor de la asignatura no es un mero aportador de información sino que toda la que aporta y no aporta, y todo lo que percibe tanto en él mismo como en los alumnos queda automáticamente incluido en el esquema asistencial, las consecuencias son que todas sus intervenciones tienen un marcado acento asistencial enmarcado en el contexto universitario. Y cuando subrayo esta característica no quiero significar que considere que todo estudiante es considerado como paciente, sino que no puedo dejar de lado las ansiedades y los temores que permanentemente determinan el funcionamiento de cada sesión, de cada clase. Tanto las que percibo en el conjunto de estudiantes como las que detecto en mí mismo.

La consideración de la globalidad del ser que ya venía tenuemente anunciada por Lewin pero que lo fue de forma clara y concisa a partir de las aportaciones de Goldstein, es algo que tengo presente de forma constante. Es decir, aunque podemos fragmentar la experiencia vital y considerar, por lo tanto, que cada uno de los fragmentos tiene una entidad que puede ser analizada, estudiada y comprendida, tal unicidad significa que todos estos fragmentos en realidad corresponden a una entidad superior que funciona como un todo. Y ese todo va adquiriendo dimensiones mayores en la medida que vamos ampliando los límites con los que trabajamos: así este todo puede ser el cerebro, el individuo, el grupo, la institución, la sociedad, el país… entendiéndolos no como sistemas cerrados que van disponiendo de niveles superiores o más complejos de estructura, sino como sistemas semiabiertos que establecen entre sí líneas de fuerza, de relación, de interdependencia cada vez más complejos.

Esta introducción es a la idea de la sesión de hoy: hace días que ando preocupado por las dinámicas que se perciben en el grupo que apuntan a un alto nivel de cansancio, de carga, de hartazgo ante una demanda de participación que parece no acabar de darse. Y en este contexto aparece un ejemplo clínico en el capítulo que tocaba hoy y que en cierto modo alude o recuerda aspectos que provienen de la dinámica del aula. Cierto que se podría pensar que ese ejemplo ha sido buscado a posta, como elemento provocador o elemento que me viene al pelo para hablar de lo que me gustaría hablar; pero no, fue por casualidad. Casualidad en lo que atañe a que está en el capítulo que toca, casualidad que estuviera ahí; aunque… aunque es difícil asegurar que en el mundo de lo inconsciente algo me llevaba a considerar este ejemplo como el más adecuado para hoy. ¿Y de qué iba?

JP fue una persona a la que atendí hace bastantes años. Con formación universitaria y profesional de éxito y con grandes capacidades personales que acudió por ansiedades varias y por un gran dolor al dejar una relación con una novia tras varios años de andar juntos. Es decir, tras una ruptura. El tratamiento fue desarrollándose a lo largo de mucho tiempo y en él hay que situar la sesión que transcribí en su momento y que hemos podido trabajar hoy. Y a través de las aportaciones que hacíais ¿qué hemos visto?

1. Un JP que tiene una cierta pereza en llegar puntual.

2. Un JP que desconfía en el método de trabajo.

3. Un JP que tiene sufrimientos varios pero que no los pasa a zona de pensamiento.

4. Un JP que busca alternativas al sistema de trabajo.

5. Un JP que precisa del contacto personal.

6. Un JP que teoriza, racionaliza todo lo que puede.

7. Un JP que pide que le digan el diagnóstico que tiene.

8. Un JP que se siente cargado de muchas cosas.

9. Un JP que se descarga en otros espacios y no en el de la terapia.

10. Un JP que elabora teorías y razonamientos varios frente a las ansiedades que nacen del contacto personal.

11. Un JP que en cuanto percibe que algo se mueve, se va por peteneras.

12. Un JP que acepta lo que le pasa pero que le cuesta reconocerlo y abordarlo.

Ahora bien, transcurrida la sesión comienzo a percibir aspectos que me llaman la atención. Es como si de la misma forma que sucede con los tests proyectivos, me pareciera detectar en el caso aspectos que me parece que también están presentes en nuestra clase. La cuestión en todo caso es pensar en qué paralelismos aparecen entre JP y los momentos actuales que estamos pasando. Posiblemente ello nos ayudaría a profundizar un poco más en nuestra relación.

Todo un reto para todos nosotros.

Dr. Sunyer (30 de noviembre de 2010)

El planteamiento es muy sencillo. La clase es un espacio en el que estamos muchas personas, como 50 o más.Uno puede considerarla desde diversas posiciones, pero personalmente prefiero pensar que estoy con un grupo. No ante un grupo sino en él. Este conjunto de personas que lo constituimos establecemos inevitablemente una serie de interdependencias, vinculantes muchas de ellas, que determinan no sólo la atmósfera grupal sino la manera de relacionarnos y los sentimientos que se derivan de todo ello. Cierto es que dado que trabajamos unos textos determinados, hay muchos elementos que se activan a través de la lectura de los mismos. Y la experiencia me indica que esos mismos elementos se activan también en las relaciones que establecemos en el grupo. Estos escritos son las reflexiones que desde mi puesto de conductor de ese grupo van aflorando en mi mente y que sirven, eso espero, de reflexión y de trabajo complementarios a la asignatura.

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