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Miércoles, agosto 23, 2017
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La interrelación dinámica 

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Mi cuaderno de Bitácora del 25 de octubre de 2011
Sunyer · 25/10/2011
Fuente: Sunyer
Hoy quise que percibiérais lo que sucede en una relación asistencial más allá de los elementos “pato”. Y muchos de vosotros pudisteis comprobar la danza que se da entre uno y otro personaje. Mañana…¿qué haremos?

La interrelación.

Jugamos a hacer entrevistas. Los pacientes siempre repetían la misma historia en diversos formatos. Y los profesionales, que se habían adiestrado a desarrollar una actitud, trataron de mantenerse en ella. En cierto modo lo consiguieron pero lo que quedó manifiesto fue que entre unos y otros se establecía una relación particular. Cada uno de los personajes de la entrevista, psicólogo y paciente, representaban su papel, pero por debajo del mismo se establecía una corriente que venía determinada por las formas que cada uno emplea para posicionarse ante el otro y marcar su territorio, su poder.

El clima de la clase se calentó ante el comentario que hice relacionado con lo que un profesional debiera hacer si se encuentra presionado por noticias o situaciones que “secuestran” su atención. La clase se fragmentó en varios subgrupos cada uno de los cuales debatía en pequeño comité sobre lo que harían o no y a raíz de lo que comenté. En este sentido la experiencia demuestra que cuando un profesional se encuentra “secuestrado” por algo que le ha sucedido lo mejor que puede hacer es decirlo para que cese ese secuestro mental. Es decir, en numerosas situaciones nuestra atención se ve atrapada por hechos de la vida cotidiana que afectan lo suficiente como para no poder prestar atención a lo que nos dice el paciente. Un susto, una preocupación repentina, fiebre o malestar físico, ruidos procedentes del entorno de trabajo, la rotura de una cañería… situaciones todas que pueden ser lo suficientemente invasivas como para que nuestra atención quede paralizada. En estos casos lo más aconsejable es salir del atasco y una de las muchas maneras es poder compartir algo de lo que sucede con el paciente. Y hasta la fecha nunca ningún paciente se me ha enfadado o se ha sentido mal por decirle cosas como: “mire Ud., hoy tengo un dolor de cabeza importante, creo que tengo fiebre”, “me acaban de dar una mala noticia y si me ve ido es por ello y no por Ud.”, “estoy pendiente de una llamada urgente y tendré que interrumpirle si me llaman”… La experiencia siempre ha ido en la misma dirección: me he sentido cuidado por el paciente. Y yo agradecido.

Eso sitúa la relación con el paciente en otra dimensión. Ya no se trata de una relación en la que se establece una distancia emocional con él, sino de una relación en la que cada uno cuida al otro. Si le cuido, me cuida. Si me cuida, le cuido. Y ese cuidado tiene que ver con muchas cosas. Por ejemplo, cuando hablábamos de las normas de funcionamiento, del establecimiento de los límites, de las normas de educación que rigen las relaciones interpersonales y profesionales, estábamos hablando de cómo nos cuidamos. Ser puntuales, vestir con decencia y no de forma provocativa, atenderle en su idioma, prestar atención a lo que dice y a lo que calla, no apresurarme en realizar diagnósticos, sostener su ritmo, sus silencios si los hay, etc., todo eso es cuidarlo. El cacareado tema de los honorarios en la consulta privada, si le cobro en función a sus posibilidades o no, si me paga las sesiones que no viene, etc., son reglas de cuidarnos mutuamente. Porque si el paciente paga la sesión a la que no acudió, me esta cuidando. Si ajusto mis honorarios a sus posibilidades, o estos honorarios salen de un acuerdo entre los dos, le estoy cuidando.

Por otro lado, más allá de las dinámicas en las que veíamos cómo paciente y profesional se entrelazaban en esa danza en la que cada quien quería ir determinando la forma cómo se establecía la relación, pudimos ver que en el caso de Jacobo se daba otra circunstancia. Nuestra amiga C., se veía paralizada por la parálisis de Jacobo. No es que ella no tuviera arte, que lo tuvo, sino que en esa interacción se cuela otra cosa: la propia patología de Jacobo se instalaba en la relación de forma que C., quedaba atrapada por ella. A eso lo denomino “contaminación del objeto de estudio”, es decir, las características relacionales que propone el paciente y que vienen determinadas por cómo se ubica en la vida que, a su vez, es la forma que adquiere eso que llamamos patología, esas características se instalan en la relación de forma inevitable, y la condicionan siempre. Esto nos llevaría a considerar hasta qué punto eso que llamamos patología en realidad no es más que la expresión de cómo cada persona se ve abocado a establecer una relación con el mundo y consigo mismo que, desde los criterios diagnósticos denominamos psicopatología.

Desde esta perspectiva, la interrelación que se establece con el paciente viene impregnada por esa cosa llamada psicopatología: las formas cómo el otro ha ido organizando sus relaciones con los demás y consigo mismo. Cierto que dado que es una interrelación, es decir, algo que va en las dos direcciones, algo de nuestra forma de cómo hemos ido organizando nuestra relación con el mundo y con nosotros mismos también se va a colar en esa relación. ¿Cuál es o debiera ser la diferencia entre uno y otro? Creo que fundamentalmente la diferencia se encuentra en que los profesionales debemos conocer un poco más esas formas que tenemos de relacionarnos con los demás y con nosotros mismos para que, gracias a ese conocimiento, el grado de condicionamiento o de contaminación de nuestra forma de funcionar sea menor. O esté puesto al servicio del paciente.

Hasta mañana

Dr. Sunyer (25 octubre 2011)

El planteamiento es muy sencillo. La clase es un espacio en el que estamos muchas personas, como 50 o más.Uno puede considerarla desde diversas posiciones, pero personalmente prefiero pensar que estoy con un grupo. No ante un grupo sino en él. Este conjunto de personas que lo constituimos establecemos inevitablemente una serie de interdependencias, vinculantes muchas de ellas, que determinan no sólo la atmósfera grupal sino la manera de relacionarnos y los sentimientos que se derivan de todo ello. Cierto es que dado que trabajamos unos textos determinados, hay muchos elementos que se activan a través de la lectura de los mismos. Y la experiencia me indica que esos mismos elementos se activan también en las relaciones que establecemos en el grupo. Estos escritos son las reflexiones que desde mi puesto de conductor de ese grupo van aflorando en mi mente y que sirven, eso espero, de reflexión y de trabajo complementarios a la asignatura.

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