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Viernes, noviembre 24, 2017
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La entrevista 

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De cómo una entrevista no programada puede sacar mucha información.
Sunyer, J.M. · 08/01/2010
Fuente: Cuadernos de Bitácora
Situados en un 14 de octubre improvisamos una experiencia. Un periodista iba a entrevistar a una persona. Fue tan inesperado que la entrevista no tenía guión. Pero sí interés por conocer al personaje. Y así, de forma sutil, pudimos ir comprendiendo muchas de las cosas que le pasaban o que le ilusionaban. Fue un buen periodista.

La entrevista psicológica.

Hoy seré breve. Fundamentalmente porque el tiempo no me da para más. Es de estos períodos del año en el que se agrupan un montón de actividades e inicios de programas formativos que no me permiten dar más de sí. Eso tiene algunas consecuencias duras: cuando uno se descubre con un montón de actos fallidos (el típico de dejar la ropa no en la lavadora sino en el cubo de la basura, por ejemplo), de olvidos (no encontrar con frecuencia cosas que las tenía en la mano), o de errores (comprar varias veces el mismo libro por no recordar si lo había comprado), entonces es momento de decirse: ¡alto! Pero claro, eso pasa cuando te das cuenta de un conjunto de cosas ya que de entrada te dices aquello de ¡qué despistado! Son de estos momentos en los que nuestro aparato psíquico, limitado él, no es capaz de procesar un montón de cosas que suceden a tu alrededor y que te suceden a ti mismo. Posiblemente en lo que sucedió el otro día también estaba este componente personal.

Hoy iniciamos con un traslado a la Facultad de Periodismo. Ahí estabais todos sentados, agrupados como de costumbre, en tanto que un periodista se aprestaba a hacerle una entrevista a ese tal Ramón. La entrevista transcurrió bastante bien. El periodista iba sin un guión, lo que le facilitó el ir transitando por los diversos territorios por los que nuestro Ramón se iba aventurando entrar. En algún momento se incorporó el hecho de la multitud de profesionales de la información que estaban observando atentamente la escena, eso facilitó que la entrevista avanzara sin contratiempos de interés.

El periodista se fue como “calentando”, es decir. Una vez superado ese momento de ansiedad que suele aparecen en los inicios de toda actividad, comenzó a indagar sobre la vida, la actividad profesional, los intereses, sus planteamientos ante el hecho del vivir, algunos aspectos de su vida familiar (lo de los cinco hijos parece que provocó en el periodista un pequeño susto), algunos de la relación que existía entre Ramón y su mujer, de algunos aspectos de su relación con sus padres, la educación… vamos, que en no más de quince minutos pudimos comenzar a hacer un pequeño boceto de la vida y milagros del bueno de don Ramón. Pero fue también un ejemplo de entrevista, una manera de permitirnos ver las posibilidades que tenemos con una entrevista abierta, sin guión. Con la única pretensión que la de conocer a quien tenemos delante. Porque este es el objetivo.

Ciertamente hay quien aducirá, y no sin razón, que con las entrevistas cerradas, siguiendo unas pautas determinadas, podemos obtener la información que precisamos de un paciente. No les quito nada de razón. Existen diversos modelos de entrevistas y con un pequeño entrenamiento a cualquiera de nosotros nos es factible desarrollarlas con el fin de ir directamente al grano. Pero… siempre me he resistido porque lo que he constatado es que con ellas busco lo que quiero, pero no escucho lo que me dan. Y porque se parte de la teoría que concreta la dolencia en un punto, en una serie de síntomas que la van describiendo pero me alejan de la persona que los lleva. Y ese es un error en el que cada día caemos más y más.

Cierto que la entrevista que realizó el periodista podría haber ido más allá. Claro. Pero en el contexto en el que nos encontrábamos, las limitaciones con las que anduvimos y la rapidez con la que sucedieron las cosas no permitió darle unas pequeñas indicaciones; o una sola: intenta averiguar quién es Ramón. Pero esto no era lo importante. Sino que pudiéramos ver cómo a poco que apurásemos en una entrevista, la información vital que podíamos obtener era fundamental.

Y es que en todo encuentro con el otro, cuando puede realizarse en un ambiente relajado y abierto, comienzan a aparecer muchas cosas. Información que posiblemente nunca alcanzaríamos a saber y que no tiene tanto que ver con cosas concretas cuando con sentimientos, opiniones, posicionamientos políticos o religiosos, gustos, antipatías y simpatías. Y es que todo eso constituye la esencia del otro. No sólo la etiqueta con la que queremos clasificarlo. Y ese otro, al ver que le escuchas y estás interesado por él, comienza a ver una pequeña luz de esperanza. Comienza a revivir la experiencia de alguien interesado por él y no por lo que hace o dice o deja de hacer. Por él a secas. Y esto, en el mundo en el que estamos, es muy, pero muy importante.

Un saludo.

Dr. Sunyer

El planteamiento es muy sencillo. La clase es un espacio en el que estamos muchas personas, como 50 o más.Uno puede considerarla desde diversas posiciones, pero personalmente prefiero pensar que estoy con un grupo. No ante un grupo sino en él. Este conjunto de personas que lo constituimos establecemos inevitablemente una serie de interdependencias, vinculantes muchas de ellas, que determinan no sólo la atmósfera grupal sino la manera de relacionarnos y los sentimientos que se derivan de todo ello. Cierto es que dado que trabajamos unos textos determinados, hay muchos elementos que se activan a través de la lectura de los mismos. Y la experiencia me indica que esos mismos elementos se activan también en las relaciones que establecemos en el grupo. Estos escritos son las reflexiones que desde mi puesto de conductor de ese grupo van aflorando en mi mente y que sirven, eso espero, de reflexión y de trabajo complementarios a la asignatura.

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