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Lunes, noviembre 20, 2017
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La dimensión de las palabras 

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Cómo la deformación de los hechos alivia valorar su dimensión.
03/02/2010
Fuente: Cuadernos de Bitácora
Hay muchas ocasiones en las que las palabras nos asustan. Y entonces tratamos de restarles valor o se lo incrementamos justamente para evitar hacernos cargo de la dimensión real de los hechos que marcan nuestra vida. Esto es lo que sucedió en el último día de nuestro año académico.

La dimensión de las palabras.

Bueno, se acabó. Sólo nos falta el tema de los Cuadernos de Bitácora, su lectura y lógica evaluación. Pero me ha quedado algo que desearía comentarles. Surgió hoy. Una persona, apreciada por mí y creo que por muchos, introdujo la palabra “norma” y señalaba que le parecía que su presencia, la de la norma, era excesiva. Eso nos permitió hablar de las normas que ha habido y también otra persona querida también, señaló algo en relación con el lenguaje. A partir de esta situación, en el pasillo que es el lugar en el que también se cuecen cosas y se elaboran procesos, acabé hablando de la dimensión de las palabras.

Tuve la sensación que la palabra duelo no les gusta, o no les acaba de gustar. Encontré que a muchas personas les costaba pensar lo que hoy sucedía en términos de duelo. Como si algo de esta palabra guardase una significación excesivamente grande como para poderla utilizar. Aparecía una cierta presión para que diluyésemos el significado del final de la experiencia que hemos tenido. Y si bien es cierto que hay muchas personas que señalan que el tipo de relaciones interpersonales que se ha podido desarrollar en esta asignatura no es parejo al que se pueda dar en otras, para otras muchas personas parece que existía una tendencia a banalizar, a no dar importancia a lo que se ha experimentado.

Si hay algo evidente es que la asignatura ha acabado; y con ella la experiencia de reunirnos en grupos pequeños para discutir, hablar, reflexionar con mayor o menor intensidad (depende de los grupos y de las personas que lo integran), una serie de temas que surgían a partir del texto del día. También acabó la experiencia de reunirnos los 120 y hablar entre nosotros de cualquier cosa que, al final, siempre estaba relacionada con el tema del día; o surgía a partir de él. Se acabaron mis conversaciones con Uds. y las de Uds., entre Uds. en el contexto particular de acercar la experiencia lectiva a cada uno. Se acabó también el ponerse ante el ordenador y escribir unas cuantas líneas a partir de lo que se había trabajado en clase. Y se acaban también mis escritos diarios. Todo esto se acabó.

Y en psicología hablamos de duelo cuando las personas finalizan algo en el que han estado implicadas personalmente y se separan. Duelo en una de las acepciones del diccionario. Duelo en el sentido de tristeza, pena, sentimientos que van parejos a la finalización de cualquier cosa. Cierto que lo podríamos considerar como pendencia, desafío, reto, contienda, luto, combate, padecimiento, quebranto… pero ninguna de estos sinónimos parece que lo podamos vincular a la idea de duelo en el contexto en el que hablamos. Sin embargo creo que sí existe una cierta tendencia a magnificar la palabra. Como sucedía con la palabra norma.

En psicología, la magnificación de un sentimiento, de un hecho, de un pensamiento, lo entendemos como un fenómeno psíquico determinado. Es una reacción absolutamente normal que nos informa de algo. Muchas veces, cuando un niño pequeño se hace daño, aunque el daño sea pequeño (un pequeño corte), la reacción es desmesurada. Y si lo es, posiblemente sea porque se ha asustado en demasía. Y los padres tranquilizamos a nuestro hijo cuando nos viene asustado porque “me he hecho daño en el dedo”. Y dándole una cierta importancia, pero no excesiva, lo que hacemos es recoger su dolor para que se vea y se sienta comprendido. Y así, poco a poco, irá aprendiendo a tolerar más y mejor los dolores que vaya sintiendo; evaluándolos de forma que pueda tener una reacción más ajustada a la realidad. Pero en principio se asustó. Y si se asustó posiblemente sea también porque se imaginó un daño mucho mayor al que realmente era. Es decir: lo magnificó.

En otras ocasiones, los humanos magnificamos las cosas, no tanto porque nos parecen grandes sino porque al hacerlas grandes, nos asustamos tanto que ya no nos permitimos ver más allá de lo que nos hemos imaginado. Es decir, en este caso, la magnificación iría asociada a la dificultad de valorar en su justo término lo que sucede; y al ser tan grande lo que nos sucedió ya no vemos lo que realmente nos ha sucedido. Esto suele pasar en muchas relaciones afectivas. En ocasiones, la sola idea de “separación matrimonial” es tan “fuerte” (dicen algunos) que ya no podemos ni pensarla. O por ejemplo: la idea de que un hijo sea “cantante” puede resultar tan impactante para algunos padres que ni pueden pensar que puede ser una forma muy correcta y legítima de ganarse la vida y vivir. Es decir, la magnificación está al servicio de la resistencia.

En otras ocasiones sucede lo contrario: se niega el valor de las cosas. Se devalúa. ¿No recuerdan la típica respuesta de un chaval ante el bofetón de su padre: “No me has hecho daño”? Esta respuesta busca devaluar lo que sucedió para no hacerse cargo de la dimensión del hecho. Es decir: no lo voy a reconocer, sobre todo, porque tú me dices que esto es lo que hay. Es otra reacción muy típica. Como ven, estas son reacciones frecuentes frente a hechos que pueden ser relevantes. Modificamos la dimensión de las palabras para eludir aspectos de la relación que están presentes o para evitar aquilatar las cosas que suceden desde una perspectiva más adecuada.

En cualquier caso sí les quiero decir que me ha resultado muy grato el trabajo realizado con Uds.; pero no sólo el trabajo sino la relación que hemos mantenido.

Muchas gracias.

Dr. Sunyer

El planteamiento es muy sencillo. La clase es un espacio en el que estamos muchas personas, como 50 o más.Uno puede considerarla desde diversas posiciones, pero personalmente prefiero pensar que estoy con un grupo. No ante un grupo sino en él. Este conjunto de personas que lo constituimos establecemos inevitablemente una serie de interdependencias, vinculantes muchas de ellas, que determinan no sólo la atmósfera grupal sino la manera de relacionarnos y los sentimientos que se derivan de todo ello. Cierto es que dado que trabajamos unos textos determinados, hay muchos elementos que se activan a través de la lectura de los mismos. Y la experiencia me indica que esos mismos elementos se activan también en las relaciones que establecemos en el grupo. Estos escritos son las reflexiones que desde mi puesto de conductor de ese grupo van aflorando en mi mente y que sirven, eso espero, de reflexión y de trabajo complementarios a la asignatura.

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