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Sábado, noviembre 18, 2017
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La coconstruicción del pensamiento grupal 

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Mi cuaderno de Bitácora del 27 de octubre de 2010
Sunyer, J.M. · 27/10/2010
Fuente: Sunyer
Jornada apasionante porque comenzamos a dar un paso al frente, un paso hacia algo tan complejo y delicado como es el pensamiento compartido.

La co-construcción del pensamiento.

Hoy fue un día impresionante. El grupo dio un paso hacia esto que es tan difícil como el pensar con el otro. Lo que no significa que hayamos conseguido la meta; pero la posibilidad de pensar junto al otro supone un enriquecimiento importante para todos. Y, entendiendo que la idea de “debate” se presenta con frecuencia en los diversos foros en los que nos encontramos, pasar de esa a la de construir algo junto al otro supone un esfuerzo innegable. Porque la idea de debate va asociada a la de contender, discutir, disputar sobre algo, combatir, guerrear… mientras que la idea de coconstruir supone abandonar estas posiciones más duras y entregarse a un ejercicio bastante más creativo y difícil cual es el de organizar pensamientos complejos. Y esto es todo un aprendizaje que, espero, podamos ir organizando.

Y todo porque a partir de las diversas situaciones que os propuse os encontrasteis sumidos en un debatir activamente posiciones complicadas y que cuestionaban lo que podríamos llamar pensamiento políticamente correcto. Y esto es complicado de resolver.

Todos, absolutamente todos, estamos inmersos en contextos sociales desde que somos concebidos. Esto significa que no existe la posibilidad de pensar de forma totalmente autónoma o genuina ya que dicha alternativa supondría lo mismo que a los peces salir del agua para saber que viven en ella. Ahora bien, los humanos parece que podemos intentar salir un poco de este medio ambiente y, con grandes limitaciones, salir del contexto para poder pensar un poco sobre él.

Que el contexto social decida que tal comportamiento o tales actitudes son legales, no perseguibles o punibles, incluso que puedan ser aceptadas no significa que sean lo más adecuadas para el desarrollo y equilibrio del ser humano. Basta trasladarse en el tiempo a otros momentos de la historia de la humanidad reciente para constatar que cuando un colectivo consigue arrastrar a todo un país bajo la hipótesis, por ejemplo, de que nuestra raza es superior, todas las actividades que se realicen bajo este prisma son bendecidas por todos sus ciudadanos (o la mayoría de ellos); lo que no significa que sean provechosas para esos mismos ciudadanos, ni para el colectivo social. Y ejemplos tenemos y seguiremos teniendo (desgraciadamente) a lo largo de la historia de las sociedades y en los diarios de cada día.

Y precisamente como son temas delicados, complejos, la tendencia que tenemos los humanos es a colocarnos en posiciones únicas cargadas de pasión, es decir, cargadas de aspectos que (identificación proyectiva mediante) son tomados como verdades absolutas y que, en último término, podrían llevarnos a enfrentamientos personales. Por ejemplo (y soy consciente que puedo levantar ampollas), ¿alguien podría cuestionar si muchas o la mayoría de las actitudes y comportamientos feministas van realmente a favor de la mujer sin correr serios riesgos de ser apartado o rechazado socialmente? ¿Alguien puede poner en duda la aceptación o no de la homosexualidad, de las paternidades monoparentales, las cuestiones relativas al aborto, etc., si correr el riesgo de ser tachado de fascista o cosas similares? Y a partir de ahí un largo listado de temas y situaciones. NO es nada fácil el cuestionamiento de lo que se considera políticamente correcto. Y ello porque si bien en lugares más íntimos y con mayores niveles de fiabilidad podrían ser aceptados pensamientos que vayan en contra de lo estipulado política o socialmente como correctos, cuando estos aspectos son llevados a terrenos más complejos, saltan las lanzas.

Sabemos todos que uno de los mecanismos que se nos activan fácilmente a los humanos todos es el de la identificación proyectiva. Este mecanismo se activa cuando el otro muestra un aspecto que no podemos soportar en nosotros mismos y que, al verlo, al identificarlo (proyección mediante) en el otro, la única forma de destruirlo (en la fantasía, claro) es atacarlo, atacar a quien portavocea esta idea. Pero la cuestión, si pienso desde la psicología es ¿por qué no puedo pensar y en su lugar activo toda una batería de ideas que tratan de combatir, debatir, tumbar la idea del otro? ¿Qué me pasa que no puedo pensar eso que se me muestra como pensamiento complementario al mío?

Creo que la razón hay que buscarla en los temas de identidad. Construir una identidad e ir aceptando que esa identidad no es tan idéntica sino que es modificable paulatinamente a lo largo de la existencia (y eso pasa también con las sociedades y los grupos humanos), y que dicha modificación no atenta contra la identidad de uno, no es fácil. Nos resulta más fácil parapetarnos en ideas más o menos fijas que acabamos tomando como verdades absolutas para evitar cuestionarnos estas propias ideas y ver qué hay detrás de todo ello que nos puede impedir, en muchas ocasiones, una más completa y compleja visión de la realidad en la que vivimos.

Cuando con tanta facilidad se acepta que una persona tiene “derecho” a ser padre o madre y no nos cuestionamos sobre las consecuencias que puede haber que mi hijo no tenga madre o padre, entonces me parece que tenemos un problema serio. Y siendo cierto que la vida ya le proporcionará esas figuras que no le proporcioné, siendo igual de cierto que la vida siempre tiende a desarrollarse por muy negativas que sean las condiciones en las que se desarrolla, la duda sigue en mi mente ya que creo que tenemos la obligación de preservar al más débil o de propiciar que tenga una vida algo menos dura de la que voy a proporcionarle. Pero entiendo que seguir por esta senda es complicado y puedo levantar ampollas; sin embargo, creo que los psicólogos y demás profesionales del terreno de la psi (y posiblemente de muchos otros terrenos) debiéramos poder preguntarnos muchas cosas antes.

Y esta dificultad de pensar es la que aparece con frecuencia en las relaciones interpersonales. No es nada difícil ver cómo las parejas, los grupos, se instalan con enorme facilidad en terrenos de disputa, de pelea y discusión. Entiendo que son ambientes en los que el odio y la rabia comienzan a campear, a señorear, dañando más que cuidando al otro y a uno mismo. Sin embargo la experiencia también muestra que cuando ese odio lo podemos transformar en otra cosa, todos ganamos. La pareja, el grupo, y la propia sociedad.

Un saludo.

Dr. Sunyer (27/10/10)

El planteamiento es muy sencillo. La clase es un espacio en el que estamos muchas personas, como 50 o más.Uno puede considerarla desde diversas posiciones, pero personalmente prefiero pensar que estoy con un grupo. No ante un grupo sino en él. Este conjunto de personas que lo constituimos establecemos inevitablemente una serie de interdependencias, vinculantes muchas de ellas, que determinan no sólo la atmósfera grupal sino la manera de relacionarnos y los sentimientos que se derivan de todo ello. Cierto es que dado que trabajamos unos textos determinados, hay muchos elementos que se activan a través de la lectura de los mismos. Y la experiencia me indica que esos mismos elementos se activan también en las relaciones que establecemos en el grupo. Estos escritos son las reflexiones que desde mi puesto de conductor de ese grupo van aflorando en mi mente y que sirven, eso espero, de reflexión y de trabajo complementarios a la asignatura.

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