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Domingo, agosto 20, 2017
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4. El espejo organizativo 

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Resumen. A parte de pediros disculpas por el olvido involuntario, me propongo reflexionar un poco sobre el espejo organizativo y cómo quizás esté reflejando parte de algo que quizás tenga que ver con la estructura en la que trabajamos.

Palabras clave: Espejo, organización, contaminación, objeto de estudio

Preámbulo

Antes de nada y a modo de preámbulo pediros mil disculpas. Acabo de constatar que en el anterior escrito os prometí hablar de eso, del espejo organizativo, y cuál es mi sorpresa, desazón, vergüenza y algunas cosas más al constatar que no cumplí con lo prometido. No tengo escusa más allá de los diversos compromisos con los que ando liado. No voy a mentiros o a camuflar lo sucedido ya que el hecho real es ese: no he cumplido mi promesa. Y la única cosa que puedo hacer es, además de pediros disculpas, escribir sobre el tema. Y Santas Pascuas.

Antes de hacerlo me vais a permitir que utilice los dos raíles de la vía: uno para deambular y el otro para ir recogiendo algo de lo que eso está significando. Gracias.

Lo organizativo

Morris Nitsun es un autor sudafricano pero residente en estos momentos en Londres que es una de las figuras relevantes en estos momentos en el campo grupoanalítico. Escribió, sobre el año 1996 un par de artículos publicados en Group Analysis y publicados recientemente en mi revista Teoría y práctica grupoanalítica, en el que describía este fenómeno pensando en las organizaciones. De lo que entendí (porque hace tiempo que lo leí y, para más inri, me lo birlaron) la idea de espejo organizativo hace referencia a algo en el que nos vemos reflejados y que tiene una connotación organizativa y organizadora. De ahí el apellido organizativo.

Lo organizativo, más allá de lo que puede ser la estructura concreta, las dinámicas internas que se dan, etc., es fundamentalmente un grupo de personas. Unas personas que están organizadas con el fin de desarrollar un trabajo, conseguir unos propósitos, etc. Es decir, lo organizativo es fundamentalmente un grupo de personas con diversas responsabilidades y quehaceres. Unos, por ejemplo, pueden estar más dedicados a la relación con los clientes, mientras que otros están más en la trastienda ocupados en que esas primeras personas puedan atender bien a los clientes que acuden a aquella organización. Si es un poco grande, estos dos grupos, tienen unos responsables o jefes, que también, a su vez, se ven, se organizan… y establecen con otra persona de rango superior, una relación de forma que todas las personas, todos los grupos que organizan a estas personas, funcione de forma articulada, eficaz y eficiente. Los clientes, no forman un grupo en sí como tal, pero no deja de ser un grupo más o menos desorganizado que demandan de esa organización determinados servicios o productos. Y el lugar de contacto es ese grupo que es el encargado de establecer el vínculo con el cliente.

Si es un colegio, un centro educativo o asistencial, al cliente le llamamos alumno, o alumnos y sus padres, o pacientes (e incluso en un mal entendimiento de lo que es la palabra paciente, algunos les llaman usuarios). En cualquier caso, esos dos grupo se encuentran y ejercen determinadas presiones entre sí y dentro de las estructuras de la organización e incluso de la sociedad. Esto es así desde tiempos muy remotos.

Lo especular

Lo especular guarda relación con el espejo. Todos sabemos lo que un espejo es: ese objeto que tiene la propiedad de reflejar nuestra imagen. Lo solemos utilizar a menudo cuando queremos vernos ya que no tenemos otra forma de saber sobre nosotros mismos, sobre nuestro físico. Ante él nos vemos, nos observamos, nos ponemos guapos… y en determinadas fases, como al final de la adolescencia y entrada en la juventud, el mirarnos es algo casi omnipresente. Aprovechamos los cristales de los escaparates de las tiendas para vernos, ver como andamos…

Y en psicología se denomina fase de espejo aquel período en el que el bebé se reconoce a través de la mirada de la madre. Pero esto no significa literalmente que nos vemos reflejados en sus ojos (que también) sino que la madre, fundamentalmente ella (y no tanto el padre, aunque también), es la que a través de sus cuidados, su hablarnos, su relación lúdica, todo su comportamiento en relación a nosotros nos informa (y nos forma) sobre nosotros mismos. Por ejemplo, cuando la madre le dice a su bebé que está sonriendo: “así me gusta, que sonrías”, o “qué guapo mi niño” o “¿de quién es ese culete?… Y lo mismo en miles y miles de comunicaciones. Hacemos “palmas palmitas”, o “cinco lobitos…” para que nuestro bebé disfrute de ese momento especial, de vinculación con la madre. Incluso, fijaros bien cuando les damos de comer, sobre todo las primeras papillas o comida sólida: abrimos nosotros la boca como si a través de ese abrir le animásemos a abrirla a él también. Y como esto, miles y miles de situaciones en las que se establece un baile especial entre la madre (hay padres que también, claro; sobre todo si les gusta los niños) y el bebé (y no tan bebé) a través del que uno y otro se van viendo reflejados mutuamente.

Evidentemente no es papel exclusivo de la madre. El padre también interviene aunque lo hace desde otro lugar, otra posición, otro ángulo. Y a lo largo de nuestra vida, esos padres son sustituidos por otras personas que en su relación con nosotros nos van devolviendo aspectos que nos pertenecen. Un profesor, una maestra… Pero este fenómeno tan humano y mediante el que nos humanizamos se complementa con el anterior de manera que al hacernos como el otro, al identificarnos con él, no sólo nos hacemos sino que establecemos puntos de semejanza entre uno y el otro. De esta forma vemos que el otro hace algo de forma igual o parecida a cómo lo hacemos nosotros. O al revés. O de forma distinta.

Es decir cuando un bebé mira a su madre (sabéis que opino por activa y por pasiva que es la figura central no sólo del hogar sino del desarrollo afectivo y general del bebé) no sólo la ve, no sólo la mira sino que gesticula de forma que trata de captar la expresión de su madre para hacerla suya. Es más, trata de (es difícil expresarlo de otra forma) adaptar su manera de expresarse, sus gestos, sus formas de moverse a las de ella. Podríamos decir que a través de esa imitación trata de hacerse como ella. Esto tiene relación con lo que hablaba en mi artículo anterior sobre los procesos de identificación. Uno se va identificando con el otro de forma no consciente, no voluntaria. O al menos no necesariamente así. Eso tiene algunas ventajas para el género humano ya que es gracias a este proceso psíquico en el que se combinan aspectos de aprendizaje, aspectos afectivos, cargas simbólicas y significados, los humanos nos vamos haciendo a nosotros mismos.

En realidad es algo que sucede fundamentalmente en las primeras etapas del desarrollo pero no queda limitado ahí. Iréis descubriendo a través de los años que esos fenómenos de idealización se dan a lo largo de toda la vida. Cierto es que uno es más proclive a eso en los primeros desarrollos y en aquellos estados de confusión y regresión en el que el humano, a cualquier edad y circunstancia, puede remitir; pero en coniciones normales lo encontramos en todo el proceso vital de un sujeto cualquiera. Y es más evidente en aquellos momentos del mismo que por las circunstancias que sea estamos o más sensibles, o más frágiles. Por ejemplo en los momentos de enamoramiento. Cuando transitamos por estas fases uno trata de asemejarse al otro: adquiere algunos hábitos del otro, modula su forma de hablar, incorpora expresiones verbales que hasta entonces no le eran propias, modifica su forma de vestir… es decir, va adoptando formas que de alguna manera le hacen más igual a la persona de la que está enamorado. Pero lo mismo ocurre en momentos en los que la vida transita por zonas de mayor ansiedad, de mayor fragilidad. Uno de ellos es cuando estamos en grupo, en grandes contextos, en situaciones en las que lo que podríamos llamar el control del yo, queda más fragmentado.

Y es a través de estos procesos de identificación con el otro y de desidentificación con él, cómo los hombres nos vamos constituyendo en sujetos, en individuos. Individuos irrepetibles aunque tremendamente semejantes. Y es este fantástico proceso (junto a otros mecanismos de los que espero poder hablaros en algún momento) el que nos posibilita la famosa empatía con el otro. Empatizo con él en la medida en que soy capaz de ponerme en su piel, sentir lo que siente y entender ese mismo sentimiento. Esa empatía (de ahí el gran valor que tiene la madre y la maternidad) nace fundamentalmente de la capacidad que tuvo nuestra madre en empatizar con nosotros. Y esa propiedad hace que podamos ver en el otro, aspectos que son nuestros. Es decir, el otro como espejo de aspectos parciales de uno. Por eso el grupo es como una sala de espejos en la que cada uno se ve reflejado en los demás. Y eso es una ventaja y un problema.

Os he hablado de lo organizativo y del espejo. Y Morris lo junta y señala eso que llamamos el espejo organizativo, aunque antes me detendré en lo que denomino la contaminación del objeto de estudio.

Contaminación del objeto de estudio

Creo que, de pasada, os he hablado de este concepto. Nace de la constatación de un fenómeno que se da en todo grupo o institución humana mediante el que las personas que estamos en un determinado grupo formado por una característica más o menos común, acabamos reproduciendo las características de las personas con las que compartimos grupo. Este fenómeno se da gracias al poder que tienen las interdependencias vinculantes; de las que ya os he hablado alguna vez.

Las interdependencias vinculantes, ya sabéis, esa red de relaciones que provienen de los diversos mecanismos de comunicación y defensivos mediante los que el hombre se relaciona con los demás, determinan pautas de comunicación, mecanismos de relación y de defensa que nacen, surgen y se desarrollan en el seno de un grupo y que poseen las características que tienen las personas que lo constituyen. Así nos encontramos con que aquellos que trabajamos con grupos de pacientes psicóticos, por ejemplo, acabamos asimilando formas y pautas de relación que tienen ese componente común a ellos y que en cierta manera nos psicotizan. Pero lo mismo sucede con cualquier otra característica no necesariamente psicopatológica. Cuando uno se casa, si mantiene mucha relación con la familia del cónyuge y a través de la que tiene con él, va adquiriendo características relacionales propias de esa familia. En cierto modo es algo que ya viene en aquel dicho catalán “vingui d’on vingui el vent, de la dona seràs parent”, que seguro tiene su paralelo en castellano.

Pues bien, esas interdependencias favorecen la proyección y la introyección de aspectos que tienen que ver con la problemática con la que trabajamos, es decir, esa proyección e introyección favorece eso que llamo la contaminación del objeto de estudio. De esta forma si trabajo con niños, quedo contaminado por las formas de relación que tienen. Si trabajo con personas en paro, lo mismo. Si trabajo con personas que han sido víctimas de maltrato, acabo asimilando pautas de relación en las que, de forma involuntaria me veo casi como maltratando a esas mismas personas. Es un fenómeno universal e involuntario, totalmente involuntario. Hay algo en la relación, algo que se instala en las relaciones que se establecen con esos grupos de personas que de forma involuntaria acaba reproduciendo muchas de las características de esa población que atiendo. Se establecen mediante mecanismos de identificación, identificación, introyección… mecanismos que permiten establecer determinadas pautas de interdependencia, vinculantes, que acaban condicionando muchas de las estructuras de comunicación y relación.

Y en cierto modo ese fenómeno es el responsable de lo que sucede cuando uno entra en una institución: que con el tiempo los que ahí están, andan, actúan, se comportan como si algo les hubiera contaminado. Al respecto una anécdota. Por motivos profesionales he visitado muchos psiquiátricos. Recuerdo que estaba en el de Martorell con un buen amigo mío y paseando por sus jardines le pregunté: aquel que camina por ahí, ¿es paciente, verdad? No, me dijo mi amigo, es psiquiatra. Acabamos andando como ellos. Esta anécdota es real y ocurre con mucha frecuencia. Aprendemos de los demás y esto significa que nos hacemos un poco como ellos. ¡Identificaciones al poder! Esto es un fenómeno enteramente humano.

El espejo organizativo

¡Al fin! El espejo organizativo es la reproducción en todas y cada una de las estructuras que guardan relación con un tipo determinado de problemática de las características de esa misma problemática. Es un fenómeno por el que aquellos que están en contacto directo reproducen en su propia organización. Y a su vez, las personas que están en contacto con ese equipo que ya reproduce lo que el contacto directo con los, llamémosles clientes, vuelve a reproducir tics que provienen de esa organización hasta el extremo que acaba organizándose de esta forma. Y así sucesivamente.

De tal suerte que aquellos que trabajáis con chavales reproducís en vuestra organización los mismos tics con que los chavales vienen a donde vosotros. Pero las estructuras que os contienen también los acaban reproduciendo. Pero ese camino de ida también tiene uno de vuelta: también la organización que tienen las que podríamos llamar “capas superiores”, sus características, se trasladan a la inferior adyacente, y así sucesivamente hasta llegar al punto inicial del recorrido. Es decir, las problemáticas que definen las formas relacionales de la dirección del centro, se va trasladando “capa a capa” hacia los niños; final de recorrido.

Estas ideas, la del espejo organizativo como la de la contaminación del objeto de estudio y la de las intedependencias vinculantes, nos permiten entender un poco más lo que sucede o lo que nos sucede cuando estamos en un determinado contexto. Dicho de otra forma, lo que nos sucede, por muy cargado de aspectos personales que nacen y provienen de nuestras relaciones íntimas con las personas queridas, no está exento de aquellas cargas que nacen y provienen de los aspectos organizativos, y éstos a su vez, de la propia contaminación del objeto de estudio que, a su vez, viene predeterminada por las interdependencias vinculantes que establecemos con los “usuarios”.

Dr. Sunyer

Texto sujeto a los derechos de autor. Y forman parte del material teórico.

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