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Viernes, agosto 18, 2017
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El motivo de consulta 

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Mi cuaderno de Bitácora del 14 de octubre de 2011
Sunyer · 04/10/2011
Fuente: Sunyer
Hoy planteamos varias cuestiones en torno al motivo de consulta que merecen ser tenidas en cuenta. Ahí van

El motivo de consulta.

La razón por la que acudimos a los profesionales de la salud se suele llamar “motivo de consulta”, es decir, razón por la que consulta esta persona. Y hoy dedicamos nuestro tiempo a pensar en torno a él. Os propuse que pensarais en un motivo por el que se puede ir al psicólogo. Y también que pensásemos sobre los motivos por los que atendíamos a los pacientes y, finalmente, qué elementos del contexto podrían influir en el motivo que traía el paciente. Y aportasteis dos casos. El del chico de 23, estudiante de Derecho que “no se podía concentrar en los exámenes” y que ello venía acompañado por sensación de estrés, nervios y dolores de cabeza. Y el del muchacho de 28 años que presentaba insomnio que parece estaba vinculado al hecho de estar opositando a Notarías. En este segundo caso, el muchacho había sido estudiante de Arte y su padre le señala en el lecho de muerte, su deseo de que sea Notario como él.

A bote pronto lo que vemos son dos motivos normales, frecuentes: un problema de concentración y un problema de dificultad en la conciliación del sueño. Pero si ampliamos la visión con unos pocos aumentos vemos un poco más. En el primer caso vimos que esa dificultad de concentración guardaba relación con la percepción de examen, de ser inquirido por otro, sondeado en sus propios conocimientos. Es decir, alguien que ante la mirada escrutadora del examinador se queda paralizado, no pudiéndose concentrar en lo que debe responder. Y en el segundo, lo que vimos es que era alguien que hacía algo por mandato de un tercero, su padre, y que eso le colocaba en una tesitura complicada ante sus propios deseos. Como podemos ver en el motivo ya aparecen inscritas unas pistas que nos llevan más allá de lo concreto del caso. Y verlas nos permiten entender un poco más lo que hay entre las bambalinas de la escena.

Tuve la sensación de que lo que explicaba era espeso, sensación que se confirmó cuando alguien me comenta: confusos por la regresión que has hecho. Eso me hace pensar en muchas cosas algunas de las cuales voy a intentar aclarar.

1.- somos producto de nuestra historia. Eso significa no sólo que estamos marcados por los hechos que hayan podido afectarnos a lo largo de nuestra biografía (muertes, situaciones de tensión familiar, emigraciones…), sino por todos las reacciones y vivencias que he ido constatando en mis relaciones con mis padres y mi entorno familiar, fundamentalmente. Entiendo que es difícil encontrar metáforas que sirvan para explicar este hecho, pero lo intentaré.

Cuando leo artículos sobre la historia del planeta o sobre la propia naturaleza no dejo de sorprenderme al oír, por ejemplo, que antes de la glaciación que tuvo lugar en lo que ahora es Europa hace no sé cuántos siglos, zonas actualmente heladas eran zonas de bosques y demás. Y que esto se descubrió porque se encontraron restos de árboles en la morrena de un glaciar y que cuando se les aplicó la prueba del C-14 se vio que pertenecían a no sé cuántos años antes. Cuando lo escucho o leo me quedo perplejo ya que me descoloca en relación a las ideas que tenía antes. En ocasiones me veo dudando acerca de la prueba del carbono, y en otras me veo confundido.

Si tenemos la ocasión de ver el tocón de un árbol, o su propio tronco, veremos que hay un gran número de círculos concéntricos que nos permiten conocer cuántos años tenía aquel árbol. Pero los estudiosos del tema saben más cosas: saben si un año determinado aquel árbol sufrió sequía o no, si hubo temperaturas elevadas o no, si sopló mucho viento o no. Es decir, a partir de la lectura de los círculos que aparecen en el tronco podemos saber muchas cosas. Es cierto que nos lo podemos creer o no, y eso tendrá que ver con la confianza que nos de el científico en cuestión. Pero es curiosa la información que el especialista nos aporta. Y en definitiva nos viene a decir que ese árbol de, por ejemplo, cincuenta años ha tenido una vida determinada por esa serie de sucesos.

Los mismo sucede en psicología. Todo lo que hacemos hoy, todas nuestras maneras de comportarnos, de reaccionar, de paralizarnos, todo esto guarda una relación directa con toda nuestra historia. En el primer caso, jugué con la edad, pasé de 23 a 2,3 y uno de vosotros lo relacionó con los procesos de apredizaje en el control de esfínteres. No es un período fácil para nadie, ni para los padres ni para el chaval. No siempre se hace de forma suave y armónica con el entorno. Pero este período nos encontramos con que “debo hacer una cosa en un sitio concreto y de una forma determinada”, y de cómo lo haga tendré un aplauso o no. Y de la reacción de mis padres ante eso que hago deduciré si este producto que me pertenece y que exhibo con alegría activa el visto bueno y el aplauso de mis padres o no. Y qué pasa si no lo hago como ellos piden. Y qué pasa si no lo hago a la velocidad que se desea. Ante eso una pregunta, ¿no suena muy parecido a una situación de exámenes?

2.- ¿En qué se basa esa forma de pensar? Alguien me preguntó si era psicoanalista y le dije que sí, pero que en realidad me sentía más grupoanalista. Y me dijo que le parecía que seguía muy estrictamente el pensamiento psicoanalítico, a lo que le dije que en cierto modo sí, aunque no excesivamente de forma ortodoxa.

Evidentemente tenemos muchos modelos de pensamiento siendo todos ellos absolutamente legítimos. Eso nos brinda una amplitud de posicionamientos y cada uno de ellos nos lleva a una comprensión de los hechos que no siempre es compatible con otras; aunque lo intento. En el caso del muchacho de 23 no había conseguido desarrollar unos hábitos adecuados para hacer frente a la situación de estrés que supone el examen. Eso le lleva a que aparezca una tensión nerviosa que se expresa mediante la ansiedad, el agobio, la sudoración… Es decir, nos colocamos ante el síntoma y no su significación tanto personal como histórica. La terapia (recordad la diferenciación que hacía) puede muy bien suponer que si consigue desarrollar “estrategias” para hacer frente a la situación de examen, la cosa se acaba y punto. Quitada la fiebre, no hay enfermedad.

Pero este pensamiento que es legítimo queda, a mi modo de ver, limitado a la sintomatología que presenta y no lo vehiculamos con su historia, su significación y todo lo que ello conlleva. Y esto que sólo estamos hablando de la interpretación de algo que aparece en el motivo de consulta, es decir, no estamos hablando de la intervención.

En el caso del opositor podríamos muy bien centrarnos en el insomnio. Aplicar o proponer técnicas de relajación o técnicas que le ayuden a apartar de su mente esas ideas que no le dejan dormir. Podemos muy bien valorar sus hábitos nocturnos y diurnos de forma que las tensiones no emerjan a las tantas de la mañana. Y esto es absolutamente legítimo y no sé si sería el primero en proponérselos. Pero al centrarme en una lectura sintomática abandono el proceso histórico y de significación que este síntoma tiene para el sujeto.

3.- la mente no es individual. Entiendo que eso suena duro ya que todos nosotros estamos archihabituados a considerarla como algo individual. Si nos fijamos un poco, las diversas aportaciones que fueron apareciendo y las risas y comentarios quedos, “por lo bajín”, que aparecían todo ello se correspondía al esfuerzo de nuestras mentes por sacar agua clara. Y lo que hice fue unir lo que decíais de forma que apareciera un pensamiento más cohesionado, más cocinado. En realidad el grupo es como la ampliación de una mente individual (aunque podríamos decirlo al revés) y en él aparecían: las resistencias a pensar (risitas), la sorpresa ante los diversos pensamientos (comentarios quedos, calladitos), las devaluaciones (no aceptar el pensamiento de alguien), las aportaciones creativas (que sorprendían a más de uno), las aportaciones más realistas… nada de lo que dijisteis era digno del cubo de la basura. Y ese pensamiento final es el resultado de estas aportaciones (también las risitas que hablan de la sorpresa y hasta el desconcierto) de todos vosotros.

Bueno, y lo dejo por hoy que ya es bastante.

Dr. Sunyer (4 de octubre de 2011)

El planteamiento es muy sencillo. La clase es un espacio en el que estamos muchas personas, como 50 o más.Uno puede considerarla desde diversas posiciones, pero personalmente prefiero pensar que estoy con un grupo. No ante un grupo sino en él. Este conjunto de personas que lo constituimos establecemos inevitablemente una serie de interdependencias, vinculantes muchas de ellas, que determinan no sólo la atmósfera grupal sino la manera de relacionarnos y los sentimientos que se derivan de todo ello. Cierto es que dado que trabajamos unos textos determinados, hay muchos elementos que se activan a través de la lectura de los mismos. Y la experiencia me indica que esos mismos elementos se activan también en las relaciones que establecemos en el grupo. Estos escritos son las reflexiones que desde mi puesto de conductor de ese grupo van aflorando en mi mente y que sirven, eso espero, de reflexión y de trabajo complementarios a la asignatura.

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