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Domingo, agosto 20, 2017
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Cómo funciona la psicoterapia 

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Desearía seguir hablando de la psicoterapia. En el número pasado hablábamos del concepto, de lo que es. Y aplazábamos para otra ocasión el hablar de en qué consiste esto. Habíamos diferenciado la labor del psicólogo del de otras profesiones de ayuda y señalábamos que la psicoterapia era una actividad profesional, realizada por profesionales entrenados a tal efecto, y cuya meta era la ayuda a las personas que, por alguna razón habían llegado a una situación de sufrimiento personal o de desconexión con el entorno. Hoy vamos a introducir la idea de proceso terapéutico.

Cuando se habla de psicoterapia hablamos de ayuda; pero esta ayuda no se limita a un apoyo puntual. Es decir, cuando alguien solicita una ayuda puntual como puede ser la de resolver una cuestión concreta, la ayuda del psicólogo no podría ser considerada como una psicoterapia. Sin embargo, cuando lo que se pretende es conocer el por qué uno funciona como funciona, o por qué me pasan las cosas que me pasan, o cómo superar los problemas que me genera el trabajo, la familia, mi propio proyecto personal de vida, etc., entonces sí podemos hablar de psicoterapia.

Ahora bien, se comprenderá que tales cuestiones no pueden ser resueltas en un santiamén. Ya nos gustaría a todos los que nos dedicamos a ello, disponer de una varita mágica o de poderes misteriosos que nos permitieran ayudar a una persona en un tiempo breve o brevísimo. Pero ello no es posible. Veamos por qué.

El ser humano nace con unas características personales que provienen de la carga genética derivada de sus padres. Esta condición otorga unas características que afectan no sólo al color de los cabellos, sino a cómo uno procesa la información que recibe, a cómo organiza sus tensiones y qué aspectos de su organismo son más sensibles o más proclives a expresar una dolencia o un padecimiento; tanto físico como psíquico.

Sobre esta condición básica, se van colocando no sólo un conjunto de aprendizajes desde los más diminutos hasta los más complejos; sino que se colocan también las relaciones que enlazan unos aprendizajes con otros. Esta cadena de aprendizajes conectados entre sí, no es propiamente una cadena; es algo más similar a una red, una compleja red de conexiones por las que un aprendizaje concreto se vincula con muchos otros tanto posteriores como anteriores. Dicho de otra forma, si bien al aprendizaje inicial de cerrar la mano se le añade, por ejemplo, el de coger un objeto, este enlace no es único. Ya que al hecho de cerrar la mano también se le puede conectar el de saludar (a los niños pequeños se les enseña, por ejemplo a decir adiós, con el ademán de abrir y cerrar la mano). Y de la misma manera en que se vinculan dos aspectos diferentes (coger y saludar), también van ligados otros muchos. Y todos ellos a gran número de aprendizajes.

Pero no sólo aprendemos movimientos, sino comportamientos, conductas, actitudes y registramos sentimientos y significados. Aprendemos relaciones y de todas ellas, tomamos aquellas que, por nuestras características, suponen una mayor facilidad de adquisición. Por esta razón, dos hermanos no son iguales. Incluso conteniendo una parecida carga genética, las diferencias se van acentuando como consecuencia de que cada uno va incorporando aspectos diferentes de lo mismo.

Cuando una persona, en un momento dado de su vida comprueba que hay una serie de aspectos de su vida que le generan problema, lo que ha sucedido es que ha comprobado que están sucediendo una serie de cosas ante las que, lo que uno ha adquirido no le es útil, no le facilita el hallazgo de la solución. Y por lo tanto, es bueno que se incluya en un proceso a través del cual, uno pueda reaprender, establecer nuevas conexiones que le posibiliten el encontrar nuevas formas de resolver los problemas. A este proceso lo denominamos psicoterapia.

Y tiene características de proceso; es decir, del establecimiento de una sucesión de hechos que vayan posibilitando, a través del tiempo el encontrar las razones por las que uno funciona como funciona, incremente la comprensión de su forma de ser y de actuar y, en consecuencia, descubre nuevas formas de hacer las cosas.

Este proceso requiere, al menos, dos condiciones. La primera el establecimiento de una relación con el profesional. Esta relación, que se enmarca en el ámbito de las sesiones de la psicoterapia, va a ir posibilitando la aparición de aquellos elementos que generaron problemas en otras relaciones o en otros ámbitos. Es justamente el conjunto de estos elementos los que configuran el punto central del tratamiento psicoterapéutico.

El segundo elemento es el tiempo. Si no hay un ritmo y una duración no es posible que aparezcan esos elementos de la relación de los que hablábamos. Es decir, la presencia de un determinado ritmo de encuentros posibilita el nacimiento de la relación; su duración en el tiempo facilita que la relación arraigue y se establezca de tal forma que sea posible la aparición de aquellos elementos de la relación que son el núcleo sustancial de todo tratamiento psicoterapéutico.

Dr. J.M. Sunyer

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