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Sábado, noviembre 18, 2017
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Capítulo 3 Extracto para el curso Introductorio 

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seminario

Capítulo 3 Extracto para el curso Introductorio, Madrid 2015

Consideradas las cuestiones terminológicas, se verá el uso que históricamente se le ha dado al grupo como elemento terapéutico en sí mismo y en su utilización con personas con problemas psicológico-psiquiátricos. Se esbozará la evolución de los grupos de psicoterapia, partiendo de las propuestas que diferentes autores han ido aportando a lo largo de los años y, por último, se señalan aquellos autores y propuestas más destacables que, en su evolución histórica, ha tenido la psicoterapia de grupo en España.

  • Tras todos estos elementos generales, ¿cuándo se inician los grupos terapéuticos?

Clásicamente se considera que fue Joseph H. Pratt (1872-1956), quien pone en marcha un primer grupo terapéutico bajo la forma de “Método de clase”. Esta experiencia, con pacientes tuberculosos, fue pensada como “método de reeducación emocional y persuasión” y una vez la hubo puesto en marcha se dio cuenta de los beneficios que aportaba dicha innovación. Tras él aparecen una serie de profesionales que utilizan ese método de impregnación pedagógica, divulgativa y reforzadora de conductas, para poder ayudar a personas que presentaban problemas médicos. Y más tarde comienzan a haber profesionales que bajo la misma perspectiva psicopedagógica, lo aplican a enfermos mentales.

Podríamos pensar que la utilización de los grupos como coadyuvantes terapéuticos es vieja como la historia. Pero para concretar un poco esta idea, Moreno J. L., nos señala que “los conventos cristianos, en su intento de fundar familias “sintéticas” anticiparon en cierto grado la moderna psicoterapia de grupo. Se puede definir dos tipos de movimientos definidos en la evolución de los conventos. Uno (…) de tipo individualista de convento, que floreció en Egipto y Siria. Se trataba de un intento de curación por aislamiento de la comunidad (…) (el otro) el centrado en el grupo. El camino solitario hacia la santidad, que sólo muy pocos individuos destacados podían transitar, se mostró como un fracaso para la gran mayoría de los monjes que se desarrollaban mejor en una organización que prevé (…) un entrenamiento a través del roce con otros individuos, lo que demuestra espléndidamente la regla de San Benedicto” (1987: 181). El grupo aquí era un coadyuvante en tanto que la presencia de los otros acababa de ayudar en el objetivo que deseaban alcanzar los monjes.

Pero en realidad la utilización del grupo como instrumento terapéutico es vieja casi como la historia de la humanidad. Porque como ya te he comentado anteriormente, en tu segunda pregunta, podemos ver el uso del grupo como elemento que ayuda, como un elemento coadyuvante. Las agrupaciones de pacientes ya debían ser una práctica común y posiblemente algo de ello debía haber en la creación de los llamados Hospitales. De hecho, ya la civilización árabe agrupaba a los que eran considerados como “enfermos mentales” en espacios que podrían ser considerados como Hospitales psiquiátricos (en el S. VIII, en Bagdad; en el IX en Damasco, en el XII en Alepo, Kalahoma, el Cairo y Fez) y, al parecer, dado que eran considerados como poseídos por Dios, el cuidado era el que se le debe propiciar a alguien que es templo Divino. La cultura Judeocristiana fue transmutando esa idea en “Poseídos por el Diablo”, por lo que su tratamiento tenía una connotación contraria. A pesar de ello, en España, el trato que se les dio resultó muy variado. En los primeros hospitales Psiquiátricos de nuestro país (Granada, 1365; Barcelona, 1401; Valencia, 1409; Córdoba, 1419; Zaragoza, 1425; 1436, Toledo, 1480), se impartían todo tipo de “tratamientos”, desde los que suponían el aislamiento en “jaulas de locos”, hasta los que, por ejemplo, se habían desarrollado con una participación de los pacientes en la vida cotidiana en el Hospital de Nuestra Sra. de Gracia (Zaragoza), y que fue reconocido por Pinel como un adelanto en la atención psiquiátrica.

Ahora bien, si seguimos la minuciosa introducción de Klapman, J. W. (1959), nos dice que generalmente se considera que la psicoterapia de grupo como disciplina concreta tiene un origen muy reciente. Sin embargo, si el trabajo de Mesmer en sus charlas o grupos de sugestión e hipnosis se pudieran incluir en la noción de psicoterapia de grupo, entonces la antigüedad de esta disciplina se retrotrae al menos ciento sesenta años (…) En 1904, Camus y Poignez publicaron un texto “Aislamiento y psicoterapia” en donde se subraya una de la primeras reconocimientos del poder de las influencias del grupo (…) de forma insignificante e incidental, realizaron varios comentarios sobre el relativo éxito de los tratamientos a pacientes psiconeuróticos tratados en la sala Pines de Salpetriere, contrastando con la mejoría en el estado mental de los de aquellos pacientes tratados en las salas privadas. Sin embargo, un elemento significativo quedó sin subrayar ya que no fue suficientemente apreciado por Camus y Poignez, y que hace referencia a que en la sala Pinel, en su totalidad, los pacientes ejercían entre sí una recíproca influencia mutua (:1-2). Ahí tenemos, sorprendentemente, otro inicio de lo grupal que también nos lo traen Portuondo, J. L., (1972) y Moreno, (1987).

Ya más cerca en el tiempo, J. H. Pratt (1872-1956), es quien introduce lo grupal como forma de terapia. Era un internista que trabajaba en el Boston Dispensary, del Massachussets General Hospital, en donde buscaban atención médica cientos de enfermos de tuberculosis, especialmente de clases económicamente deficitarias y que no podían pagarse en la mayoría de las ocasiones, un tratamiento en otros lugares más adecuados. Ideó un sistema que le permitía atender mejor a sus pacientes, y que denominaba “método de clases” (Class Method). Las inicia el 1 de julio de 1905, y las calificó de algo así como control del pensamiento para las alteraciones nerviosas funcionales. La forma de enfocarlas era concebida como una “reeducación emocional y persuasión” y consistía en un intento educativo para enseñar a sus pacientes “cómo cuidarse mejor a sí mismos y a su enfermedad” incorporando “una serie de técnicas de conducta (toma diaria de anotaciones respecto la enfermedad, respecto el peso, etc.) que eran mostradas públicamente al grupo” lo que facilitaba el refuerzo de los progresos por parte del grupo. Y concluyó que “el proceso grupal en sí mismo parecía tener efectos terapéuticos”. Es decir, algo aportaba el hecho grupal que ayudaba a los objetivos terapéuticos.

Las reuniones se celebraban cada viernes y duraban una hora. Su experiencia aparece publicada en el “Journal of the American Medical Association”, bajo el título “The Class Method of Treating Consumption in the Homes of the Poor” (Roy MacKenzie, K. 1992: 25 y ss.). Este planteamiento de trabajo en grupo facilitaba la recuperación. “Eran grupos de hasta cien miembros, de tipo informativo y desde luego, autoritario” (Ylla, L., 1980: 1069); pero independientemente de su modus operandi el hecho que parece cierto es que dicha forma de actuar impacta en la sociedad científica y asistencial.

Curiosamente el trabajo de Pratt, un médico con una forma de pensar impregnada de la religión evangélica y una preclara comprensión de la relación entre cuerpo, espíritu y mente” (Behr, H., y Hearst, L. ,2005: 12), dispone de elementos muy cercanos a la comprensión de la psicoterapia en términos actuales. Reconoció el valor terapéutico de la socialización de los pacientes, infundiéndoles esperanza, y combatiendo la ganancia secundaria de la neurosis y poniendo en ellos la responsabilidad del cambio.” (Behr, H., y Hearst, L., 2005:13), y recogiendo sus palabras, el encuentro en la clase es un agradable paseo social para todos los miembros… compuesto por diferentes razas y diferentes sectas; tienen como común denominador la misma enfermedad. Se desarrolla un buen espíritu de camaradería. Nunca discuten sus síntomas y gozan casi invariablemente de un buen espíritu (Pratt, 1907 en Behr, H., y Hearst, L., 2005:13)

La actividad de Pratt fue pronto bien considerada por otros profesionales que siguieron aplicando el método para enfermos tuberculosos como las que se organizaron en las Suburban y Arlington Street Church Classes, Cambridge y Linn Tuberculosis Classes y otra en el Mount Sinai Dispensary of Boston; Igualmente las de Providence dirigidas por el Dr. F.T. Fulton (Boston, 1906). Poco después en Nueva York por W.L. Niles, en Filadelfia por D. Riesman, en Brockton por F.J. Ripley y la de Baltimore por C. Dencker (Roy McKenzie, K., 1992: 25). En 1908 W.R.P. Emerson comenzó a emplear el método de clases en el tratamiento de un grupo de niños desnutridos en el Boston Dispensary (…) las clases se organizaron, entre otros, para diabéticos, cardíacos, pacientes post parturientas, pacientes con vaginitis y otros pacientes necesitados de ejercicios de corrección postural. En 1937 Buck informó sobre los buenos resultados en el tratamiento de pacientes que sufrían de una hipertensión básica. Y más o menos en el mismo tiempo, Chappell, Stefano, Rogerson y Pike informaron acerca de sus favorables resultados obtenidos en grupos con úlcera peptica (Klapman, 1959:3-4) una interesante iniciativa terapéutica.

  • ¿Cuándo se inician los grupos con personas con problemas psicológico-psiquiátricos?

Aquí nos vamos a encontrar otra vez con el problema de si los grupos son de terapia o de psicoterapia. Voy a tratar de organizarte la información que tengo en dos apartados. Por un lado los que utilizan el grupo como coadyuvante y por lo tanto serían grupos terapéuticos, y por otro, los que lo utilizan como coagente, e incluso como agente. En el primer grupo se incluyen nombres como los de Lazell, Marsh, Snowden, mientras que en el segundo podríamos mencionar a Joshua Bierer, L. Wender, Paul Shilder, S.R. Slavson, F. Redl, J.W.Klapman, A. Wolf y E.K. Schwartz entre otros muchos.

De entrada, Lola, podemos decir que el trabajo de Pratt fue fundamental e inspiró a numerosos profesionales para ir organizando lo que hoy podríamos muy bien denominar grupos psicopedagógicos. Son sesiones en las que priman los aspectos pedagógicos, la información sobre la enfermedad, el apoyo que se presta a los pacientes y una cierta intencionalidad en la modificación de aspectos psicológicos. Entre los que aparecen como pioneros encontramos nombres como los de Lazell (1921), Marsh, Snowden, Low, y Klapman. El primero de ellos fue un psiquiatra y alumno primero de Freud y posteriormente de Jung, que empezó con enseñar a sus pacientes sobre el cómo funcionaba la mente según el punto de vista psicoanalítico. (Behr, H., y Hearst, L., 2005:14; Portuondo, J. L., 1972). Al leer sobre su trabajo podemos ver que se dirigía a pacientes graves con síntomas psicóticos, o con cuadros catatónicos y alucinatorios, con los que trabajaba una serie de temas que consideraba información general: la lista de temas que constituían la base de sus lecciones podría considerarse un cómodo y moderno curso introductorio al psicoanálisis para el público en general (Behr, H., y Hearst, L., 2005:14). En opinión de estos últimos autores, y puede ser considerado como el terapeuta de grupo que aportaba de forma armónica tanto la dimensión educativa como la analítica al grupo de terapia (Behr, H., y Hearst, L., 2005:15), lo que nos permite pensar en una modificación importante de la técnica de Pratt.

Otras utilizaciones de las técnicas de Pratt para pacientes mentales las tenemos en Marsh con pacientes neuróticos, ya a primeros de 1909 y de nuevo entre 1912 y 1914, llevó a cabo varios proyectos de desarrollo de grupos de psicoterapia para pacientes psiconeuróticos (Klapman, 1959:5), y al parecer en 1931, con pacientes psicóticos (Kadis, A, 1969: 21). De Marsh puedo decirte, Lola, que más allá de ser primo del famoso “Búfalo Bill” (¿te suena?), aplicó una mezcla de revitalización religiosa y técnicas educativas en su método (…) e incluso instituyó un programa de clases de arte y de danza. Posteriormente amplió sus lecciones a pacientes externos (…) la esencia de su tratamiento consistía en una vívida reconversión desde la posición introspectiva de la fantasía, rencor, vergüenza, inferioridad… a la posición extrovertida (sic), de la planificación constructiva, alegría, reafirmación de la seguridad, (…) y proclamó con gran gozo “lo que ha sido destruido por el grupo, el grupo lo debe sanar”(Mars, 1933) (Behr, H., y Hearst, L., 2005:15). Como se puede apreciar hay una presencia importante de una filosofía altruista, seguramente muy impregnada de aspectos religiosos y al tiempo con interés en la introducción de modificaciones en la psicología de estas personas.

Otro de los nombres que te mencioné, Lola, es el de Snowden E. L., (1940), quien utiliza el método consistente en ocho conferencias semanales: durante 20 minutos discutía varias causas de las diferentes enfermedades mentales. A continuación, los pacientes se reunían y discutían las conferencias en relación con sus propios problemas. Durante el período de discusión, el terapeuta tomaba aparte durante unos minutos a cada paciente para indicarle cómo la conferencia se relacionaba con su problema particular (Kadis, A. 1969: 21). También encontramos a Low, (1941), y Klapman, (1946), quienes complementan los aspectos del formato de lectura de textos con el uso del grupo como tal (James Anthony, E.1971:17). A decir de Foulkes, Klapman ve en la terapia de grupo predominantemente un método de “reeducación de afectiva” (…) “la transferencia [es el] trabajo de base fundamental e indispensable a partir del cual se obtienen resultados clínicos y se originan otros dinamismos terapéuticos. De entre estos menciona “la catarsis, la objetivación, el aplacamiento de superyoes rígidos y las reorientaciones intelectuales (Foulkes 2005:236-7). El enfoque y utilización del grupo sigue siendo la de un coadyuvante terapéutico.

Al seguir indagando sobre los pioneros, vemos que Moreno en su relación hace referencia a los desarrollos que se dan en Rusia tomando una alusión de C. Marx en su “El capital” (ibídem, 35); en Alemania (Simon) o en Austria (Metzl), si bien no les acaba de considerar pioneros como se sentía él.

Similares iniciativas aparecen en otros lugares de Europa, entre las que tenemos algunas iniciativas sugerentes. Las puedes encontrar, Lola, en un texto de Harrison T. (2000) quien nos habla de dos hechos que prefiguraron los famosos “Northfield Experiements” y de los que ya hablaremos cuando sea el momento. El primero fue el experiment de Peckham, un intento de desarrollar en Londres un centro de salud “auténtico” para que la gente fuese a mantener su bien estar más que a ir a tratar su enfermedad. Y el segundo lo constituyeron una serie de comunidades que acogían a niños y adolescentes. El tratamiento de August Aichhorn denominado “muchachos rebeldes” en Austria, fue modelo para muchos proyectos. El más reciente fue creado por David Wills y orientado para jóvenes delincuentes una comunidad que era llevada por ellos mismos bajo la dirección y patrocinio de su creador. (2000:27). Son propuestas en las que el grupo queda como coadyuvante del tratamiento que se propone.

Seguimos en Europa. En el terreno más psiquiátrico y con una utilización del grupo como coagente nos encontramos a J. Bierer, por ejemplo, uno de los experimentadores más activos en el Runwell Hospital for Nervous and Mental Deseases (Kadis et al, 1969 :23). En efecto, sólo se sabe de una persona que en Inglaterra y antes de la segunda Guerra mundial, organizase un grupo de psicoterapia para personas con problemas psiquiátricos. Su nombre es Joshua Bierer (…) en 1938. Inició conduciendo grupos en las salas de internamiento psiquiátrico, y posteriormente extendiendo esta intervención a otras unidades de asistencia ambulatoria (Bierer, 1948: 295-6). Organizó tanto grupos grandes de aproximadamente cincuenta personas que denominó “comunidades” y grupos más pequeños de aproximadamente diez personas a los que denominó “círculos” (Harrison, T., 2000:54). Al parecer, trabajó en el tratamiento situacional, cuya meta no era la adquisición de conocimientos acerca del subconsciente, sino al contrario, una experiencia vital que resultaría en un cambio de actitud. Bierer consideraba que el club social era el primer paso para transformar al individuo de un “objeto” en un “sujeto” (…) y vio varias ventajas en tal situación: salvaba el abismo que, en el psicoanálisis individual existe entre el insight y la curación (esto es similar a la filosofía de Burrow); los pacientes en el hospital se hacían más independientes, activos y decididos, lo que aceleraba la curación; le facilitaba al paciente la resolución de problemas sociales que le ocasionaban conflictos en el mundo exterior (Kadis et al.,1969:24). Creo que estas palabras sitúan bien los intentos de la utilización terapéutica del grupo. Foulkes añade a estos esfuerzos el trabajo realizado en el servicio de Urgencias Médicas Mill Hill por Maxwell Jones y otros (2005:232), en los que el grupo va teniendo un papel importante en el proceso terapéutico.

En este sentido, Portuondo de la misma forma que lo hacen Rutan, J. S; Stone, W. N. (2001), nos menciona a A. Adler quien en 1920 introdujo el método de los grupos en su clínica de conducta de Viena (1972: 11). En efecto, parece que este antiguo seguidor de Freud y uno de sus primeros disidentes, no sólo utilizaba el grupo como método de intervención terapéutica sino que en sus clínicas de orientación a la infancia, se considera por sus discípulos como el primer psiquiatra que usó el grupo como método sistemático y formal (Klapman, 1959:5). En opinion de MacKenzie (1992), Adler organizó y estableció a partir de 1920 un sistema extensivo de orientación a la infancia para atender a los problemas derivados de la disrupción social como consecuencia de la primera guerra mundial. Adler mantuvo que la influencia de la presión social y política había sudo subestimada por la posición psicoanalítica (…). Se observó que la atmósfera de igualdad del grupo de terapia era el entorno natural para la psicoterapia. En el grupo se podían atender aspectos tales como los sentimientos de inferioridad derivados del estatus social, la discriminación y el aislamiento. (1992: 95). Aunque según Foulkes que parecía no tenerle mucho aprecio señala que ponía el acento en la comunidad y veía las relaciones del individuo con la sociedad desde esta perspectiva. Pudo haber mantenido grupos ocasionales de discusión o incluso encuentros terapéuticos con grupos de madres en las clínicas de orientación infantil, como se ha dicho en varias ocasiones. Pero proclamarse de forma póstuma como psicoterapeuta grupal no está justificado. (Foulkes, 1984: 15). Fue uno de los discípulos de Freud, pero no siguió su senda (fue uno de los primeros discípulos que se apartó de sus teorías por estar excesivamente centradas en los aspectos libidinales), y realizó sus desarrollos grupales no tanto en el terreno terapéutico cuanto en el educacional y el del trabajo social. (Behr, H., y Hearst, L, 2005).

Como puedes ver, Lola, hay movimientos tanto en Europa como en América que exploran la utilización del grupo con miras terapéuticas y psicoterapéuticas. En este sentido no quiero dejar de mencionar a un psiquiatra que rompe el planteamiento que está siendo habitual: el de aplicar las técnicas individuales a un grupo de pacientes. Estoy pensando en Trigant Burrow quien en 1925 él mismo y sus colaboradores iniciaron su método de psicoanálisis grupal (Klapman, 1959:6). Dicho autor, del que apenas se habla y que creo que tiene una gran importancia, aplica al grupo muchas de las ideas de Freud, organizando grupos de neuróticos. Pero no pretende trasladar las teorías psicoanalíticas sino que desea desarrollar un método de análisis del grupo, de sus componentes, que esté más centrado en el propio grupo y no en el individuo. En este sentido, y a modo de avance porque posteriormente tendremos ocasión de hablar más de él se hizo eco de Trotter y otros reiterando la interdependencia de las personas en los grupos. Consideró que no podía realizarse un análisis individual sin un estudio real del grupo en el que forma parte. Es más, creyó que los desórdenes mentales eran problemas de relaciones sociales y en consecuencia este estudio e investigación sólo podía llevarse a cabo en el marco de un grupo (Burrow, 1928)(Harrison, 2000: 59). Como puedes ver propone en 1928 una auténtica revolución al considerar que es el grupo social el que fundamenta las particularidades psicológicas de las personas. Es a T. Burrow a quien le debemos el término de Grupoanálisis, entendido como la vertiente grupal de lo que podría ser el psicoanálisis aplicado al grupo y a sus componentes, pero sin hacer una traslación desde esa teoría a lo grupal sino deseando abrir el pensamiento a otros aspectos no contemplados por el Psicoanálisis. De hecho, Burrow se fijó en el aspecto social de nuestro padecer y argumentó la importancia de considerar al grupo social como el responsable de los trastornos que se personifican en los individuos, con su tesis de que el ser humano es una parte del grupo y que el individuo nunca puede llegar a ser bien comprendido sin un auténtico estudio del grupo del cual él es una parte esencial (Schindler, 1980: XX). Posteriormente, Burrow modificó el nombre de Grupoanálisis por el de Filoanálisis. Pero de esto quizás tengamos ocasión de hablarlo más adelante.

Otros autores también aportaron esfuerzos para la utilización del grupo como instrumento psicoterapéutico. Estoy pensando en Schwartz, Wolf, Schilder y básicamente Slavson, quienes, siguiendo las directrices del psicoanálisis, se decidieron a reunir a varios pacientes y realizar lo que ellos denominaban “Psicoanálisis en grupo”. Aquí, la preposición en resulta crucial. Se abren, como puedes ver, varias líneas de trabajo: la que aboga por una aplicación de las teorías psicoanalíticas a las personas que han sido agrupadas para recibir tratamiento y la que considera el grupo como un instrumento que puede ser utilizado para que las personas que lo constituyen comprendan su problemática personal desde el hecho de ser componentes de un grupo; grupo que sería como una representación de la sociedad.

El fruto de este esfuerzo viene bien resumido por Moreno quien señala que el acontecimiento organizador más importante para la evolución de la psicoterapia de grupo fue el congreso de terapeutas de grupo celebrado en el Hotel Bellevue – Stratford de Filadelfia el 31 de mayo de 1932” (Moreno, 1987: 32) y cita una serie de asistentes a dicho congreso: “W. Allanson White, Fraz Alexander, Sandor Loran, Frederic Werham, Paul Schröder, V.C. Branham y Helen Jennings” (Moreno, 1987:32). Y nos recuerda que “(…) al movimiento de la psicoterapia de grupo se van añadiendo otros: Jennings, Wender, Shilder y Solby; (…) en Gran Bretaña a partir de 1941, Bion, Bierer, Foulkes, y Shutherland; en Francia a partir de 1947, Monod, Lebovici y Diatkine ( …) y se ha extendido por Europa Central desde 1950 F. Baumeyer, (Berlín) A. Friedmann (Biel-Bienne), A. Guggenbühl (Zuric), E, Höhn (Tubinga), Kühnel (Tiefenbrunn) D. Langen (Tubinga), R. Schindler (Viena) W., Schwidder (Tiefenbrunn) y H. Teirich (Friburgo) (Moreno, 1987: 34). Finalmente, y de forma un tanto eufórica quizás, enfatiza la supuesta unidad de los asistentes al segundo congreso internacional de psicoterapia de grupo “Recordemos las escuelas individuales de psicoterapia (…) Cada una de estas direcciones solía tener sus propios congresos internacionales, incapaces o resistentes a mantener sesiones conjuntas. Los terapeutas de grupo mostraron en este punto tener una mayor capacidad de adaptación (Moreno, 1987: 33). Este aspecto lo retomará de alguna manera Foulkes con la idea del Plexus Profesional.

Es decir, como podemos ir viendo, desde principios del siglo pasado, la idea de utilizar el grupo como recurso terapéutico comienza a echar raíces. Un siglo después, los profesionales de la salud tenemos un cierto deseo de seguir manteniendo el trabajo grupal, pero al tiempo se nos generan numerosas dudas respecto el mismo. Dudas que tienen, como poco, dos direcciones: el grupo como recurso técnico, y el grupo como conceptualización del ser humano y de lo que denominamos enfermedad mental.

Creo, Lola, que antes de continuar debemos hacer un pequeño alto. Hasta ahora hemos hablado de grupos de terapia y grupos de psicoterapia. Los primeros eran más generales y los segundos más específicos. Y no quisiera dejar de lado estos dos puntos de referencia ya que en los centros de Salud Mental, no todos los grupos que pueden realizarse deben ser de psicoterapia. Y para tratar de reunirlos, te propongo una lectura doble.

  • ¿Con quién, cuándo y por qué se inician los propiamente psicoterapéuticos?

Se inician prácticamente al mismo tiempo, es decir, en el primer cuarto del siglo XX y en varios puntos a la vez, tanto Europa como en América. De un lado Moreno acuñó el término, pero Slavson se atribuye el primer grupo de psicoterapia como tal. Sin embargo, también podríamos considerar otros esfuerzos como los de Wender y de Shilder y otros muchos, por no citar las importantes y rupturistas aportaciones de Burrow y posteriormente las de Foulkes. El hecho es que nos encontramos en un momento del proceso evolutivo de occidente, en el que la revolución industrial y las tensiones internas con diversas aspiraciones nacionalistas en los diversos países europeos y grandes tensiones ideológicas, nos llevaron a graves conflictos bélicos en los que fallecieron ingentes cantidades de hombres. Esto, paradójicamente, estimuló el desarrollo de la Psicoterapia psicoanalítica Grupal, y la Psicoterapia Grupoanalítica.

Del inicio de la utilización de las técnicas grupales para atender a pacientes con problemas psíquicos y físicos ya hemos hablado antes, aunque no se les llamó psicoterapia. Hay varios factores que parecen incidir en el inicio de esta forma de abordaje asistencial. Por un lado el deseo de poder atender a más personas en el mismo período de tiempo la idea de tratar pacientes en grupo se debió en gran parte a la carencia de personal y a la demanda de tratamiento de mayor número de personas (…) las ventajas estructurales de tratar pacientes en un grupo resultó de la posibilidad de abarcar mayor número de personas con menos profesionales competentes y de la posibilidad adicional de ofrecer tratamiento a un costo más bajo” (Wolf y Schwartz, 1967:IX-X). Es decir, había un interés por ofrecer asistencia a mayor número de personas y a costos más asequibles.

Hay también un elemento socializador propio de los cambios políticos que se estaban dando. En este sentido podemos leer en Moreno que la psicoterapia de grupo procede de tres fuentes: es una rama de la medicina (…) es una rama de la sociología (…) es una rama de la religión. Y a partir de ahí hace una serie de consideraciones como que el hombre es algo más que un ente psicológico, biológico, social y cultural; es un ente cósmico, para señalar, con una cierta tonalidad religiosa, que el grupo terapéutico (…) es el primer paso hacia el cosmos, y concluir en su introducción que la nueva solución es un orden universal servicial, terapéutico (1987: 13-22). Estas palabras no parecen muy alejadas de la idea que ya nos ofreciera Slavson del “grupismo” como una fase progresiva de la humanidad.

Y también hay una urgencia asistencial: las dos guerras mundiales han producido tal número de necesitados de atención psicológica que es preciso “inventar” un sistema que posibilite la atención a grupos numerosos de, en este caso, soldados. El ejemplo más evidente lo tenemos en las experiencias de Northfield. En este hospital militar la leyenda del Nordfield es uno de los mitos de la creación. Todo aquel que trabaja en grupos de psicoterapia, comunidad terapéutica, arte terapia, clubes terapéuticos y incontable número de propuestas similares, conoce cuál es su origen. En el Hospital de Nordfield, a primeros de los años cuarenta del siglo pasado, había un elenco de psiquiatras y psicólogos (Harrison, 2000: 7). Ahí se iniciaran una serie de intervenciones en las que estarán implicados algunos de los más señalados pioneros de la psicoterapia de grupo. De un lado, la que Rickman y Bion protagonizan y que dará pie al desarrollo de una de las más influyentes formas de entender el grupo, el grupo como un todo y que duró seis semanas. De otro, la presencia de Foulkes, Tom Main, L. Bradbury y H. Bridger, a partir de la cual se aportará una fuerza importante al desarrollo posterior del Grupoanálisis.

Quisiera también incluir en esta lista de pioneros a P. Shilder quien a decir de Campos J. (1989) fue junto a T.Burrow y L.Wender uno de los tres seguidores de Freud que se atrevieron a afrontar el grupo de una manera analítica (:115). También consideran a Wender como uno de los iniciadores de la psicoterapia grupal, Behr, H., y Hearst, L., para quienes sus ideas fueron conocidas una década antes de estallar la segunda Guerra Mundial, fundamentalmente pos sus técnicas grupales con pacientes borderline en el marco hospitalario. Fue diseñado para diferenciar el enfoque psicoanalítico del que en aquel momentos estaba más en boga que eran técnicas educativas y orientativas (…) presentó su método de tratamiento como el más apropiado para ciertos tipos de “enfermedad mental ligera” en el que estaban presentes muchos afectos y en los que no había incapacidad intelectual. Utilizo la transferencia como padre simbólico en tanto que los pacientes representaban las relaciones entre hermanos(Behr, H., y Hearst, L., 2005:18). Vemos que el desarrollo de una técnica grupal, desmarcada de lo pedagógico y con acento psicoanalítico y dirigido a pacientes graves, estaba siendo ya un hecho.

Las aportaciones de Wender, psiquiatra y profesor de historia de la neurología tienen lugar en el terreno de la construcción mental de la imagen corporal: su trabajo de la construcción de la imagen corporal en la mente y el desarrollo dentro de un sistema de ideologías que afectan la forma cómo guiamos nuestras vidas, posibilitó el inicio de una serie de investigaciones respecto los desórdenes en la imagen corporal que todavía se mantiene activa(Behr, H., y Hearst, L., 2005:16). Sus aportaciones son interesantes aunque poco se oye hablar de él. A decir de estos autores, amplió la visión de las intervenciones terapéuticas animando a los miembros del grupo a realizar interpretaciones de sus compañeros, como una técnica vista actualmente como un elemento intrínseco de la psicoterapia de grupo. Incluso rompe la con la tradición al mostrarse muy abierto justificando sus propios puntos de vista y creencias en el grupo, participando en este sentido como un miembro más del grupo de forma que nadie hasta entonces había hecho (Behr, H., y Hearst, L., 2005:16). Fácilmente podremos encontrar otros autores que constituyen esta larga lista de iniciadores y que dibuja un abanico de posibilidades muy amplio.

Otro de los pioneros según Rutan y Stone es J. Metzl (1927) a pionero en técnicas grupales para alcohólicos y que inició su actividad grupal en 1927 (Rutan y Stone, 2001: 12), aunque de dicho autor no he encontrado más referencias que me ayuden a ampliar la información; también Rutan y Stoner mencionan a “R. Deikurs quien en 1930 condujo el primer grupos de psicoterapia privado” (ibídem: 12); Dreikurs trabajó con Adler en Viena y se trasladó a Chicago en 1937 siendo en cierto modo el representante de aquél en América. Colaboró en el Rogers’ Counselling Centre y llegó a ser Presidente de la American Society of Group Pshychotherapy and Psychodrama. Por su parte, Kauff, P.F (1995:5) propone como pioneros a Henriette Glatzer, Helen Durkin además de los ya citados Alexander Wolf y Wilfred Bion.

En España tenemos algunas referencias. Por un lado la que nos aporta Guimón (2001) fue a principios de los años treinta, cuando el psiquiatra catalán Mira y López comenzó a organizar grupos, consiguiendo que 1300 pacientes del Hospital de Sant Boi, se organizaran de forma autogestionada, lo que le convirtió en el precursor de las comunidades terapéuticas. Sus experiencias sobre las neurosis de guerra, que pudo exponer en una conferencia en Londres, destilaban mucha influencia de Rickman” (Guimón 2002:9). Posteriormente “la primera institución que empezó a hacer psicoterapia de grupo analítica, fue hacia 1963 el instituto Peña Retama (Madrid), fundado por J. Molina Núñez. En Barcelona fueron Otaola, Grañén y Tusquets los pioneros” (Yllá, L. 1980: 1069). De hecho, a parte de la cita que acabo de mostrarte, Martí Tusquets expone en su texto de 1976, la experiencia grupal en el Instituto Frenopático de Barcelona (1976: 335-53); así mismo, Rueda, J .L. y De Pablos, P. (1978), y García de la Hoz, A. (1978) presentaron trabajos sobre grupos de psicoterapia en el congreso de psiquiatría social de ese año.

Ahora bien, la figura que posiblemente sea el referente más importante y quien se ha vinculado desde tiempo ha con el movimiento grupoanalítico es sin duda el Dr. J. Campos, desde Barcelona. (Guimón 2001). En un interesante trabajo publicado en 1981, Campos señala que si no estoy equivocado, el primer momento en el que oigo algo en relación al Grupoanálisis en España fue durante el congreso de Psicoterapia de Grupo celebrado en Barcelona en 1958.(1981:76) En este pequeño trabajo menciona parte de su formación como psicoanalista en los EEUU, su participación a lo largo de un año en el Moudsley Hospital y la experiencia posterior de organizar un grupo que se reunión semanalmente y durante un año y que desafortunadamente no tuvo más continuidad. Incluye también en relación al estado de la cuestión en España, la presencia de F. Arroyabe en Santander, así como las de Ana María Patalán y Mario Marrone en León, en tanto que su mujer, Hanne, volaba hacia Londres para realizar su entrenamiento como grupoanalista.

A mediados de 1980 y junto a M. Pines, F. Arroyabe, A. Mª Patalán, su mujer y él mismo organizaron en el Hotel Jaime I de Aragón (Castelldefels) el primer WorkShop residencial en Grupoanálisis. Posteriormente menciona la Sociedad Española de Psicoterapia y Técnicas Grupales (SEPTG), como una de las que promueven el desarrollo de la psicoterapia grupal. Más tarde, y esto ya lo sé por conocimiento directo, Lola, se organizó un primer taller de trabajo en Cestona (Navarra) en el que asistieron muchos de mis compañeros del País Vasco y creo que fue el inicio de una interesantísima trayectoria formativa que llega hasta hoy.

Pero el desarrollo de los grupos en España ha sido amplio y no se ciñe sólo a lo señalado por Campos. Cuando uno va recorriendo los diversos lugares de este país, no le resulta difícil encontrarse con profesionales que han recurrido a la psicoterapia de grupo desde sus diversas orientaciones. Como ejemplo los trabajos desarrollados por D. Valiente, A. Gállego, P. Guillem, J. A. Loren (1985), J. Guimón, L. Yllá, V. Barenblitt, C. Ruiz Ogara, L. Guzmán, J. J. Melendo, J. Ingelmo, J. L. Rubio, entre otros muchos que participaron en la creación de la Asociación de Psicoterapia Analítica Grupal, (APAG). En mi recuerdo, ya en el Servicio de Psiquiatría del Hospital Civil de Basurto (Bilbao) se desarrollaban grupos de psicoterapia conducidos por D. Luna, P. Puertas, K. Totorika, A. Villasana, al menos, a partir de 1975 así como en el Instituto de Psicoterapia de Bilbao, nacido por aquellas fechas y al que algunas de las personas mencionadas estaban vinculadas. Sin duda experiencias terapéuticas similares se desarrollaban en otros centros asistenciales españoles.

Paralelamente a estas experiencias asistenciales surgieron los cursos de Formación en Psicoterapia de Grupo que la Fundación OMIE organiza con el reconocimiento académico de la Universidad de Deusto. En efecto, es a partir de 1974 cuando se inicia en el Departamento de Psiquiatría de la Universidad del País Vasco un programa de formación en Psicoterapia de Grupo orientado a analizar el individuo en el grupo y desarrollado con la ayuda del Dr. L. Ylla y después por C. González (Guimón, 2004). Posteriormente el Dr. Campos ayudó a establecer contactos con el Instituto de Grupoanálisis en Londres y, tras una experiencia de WorkShop residencial de tres días en Zaldívar, en 1982, fue organizado el primer Curso de Introducción al Trabajo Grupal. En dicha experiencia estuvieron implicados F. Arroyabe (en 1989 el Instituto de Group Analysis de Londres, decidió honrar el recuerdo de uno de los más activos y emprendedores miembros del Instituto) (Kenard, D., 1991:6)) y M. Pines. Desde entonces, y anualmente, se han venido organizando los cursos formativos tanto en el formato de “Experto en Trabajo Grupal” como en el de “Máster en Psicoterapia Analítica Grupal”, ambos cursos con el reconocimiento académico de la Universidad de Deusto. En la actualidad, 2008, estos cursos siguen estando en plena vigencia siendo, probablemente, los únicos cursos que existen en España con el reconocimiento universitario correspondiente y el aval de los numerosísimos profesionales que se han formado y el de un cuerpo de profesores, clínicos todos ellos, que trasladan dicha experiencia al campo docente de la psicoterapia grupal y con marcado acento en la visión grupoanalítica. (González, C. et al, 1978; Guimon, J.1986; Sunyer, J.M., 2004).

  • ¿Se podría trazar, a grandes rasgos, un esbozo del desarrollo histórico de la psicoterapia de grupo en España?

Mira, creo que es algo que está por hacer. En mis esfuerzos por realizarla me he encontrado con dificultades para ahondar en las publicaciones que, en definitiva, son las que actúan como notarios de la realidad asistencial. No he podido alcanzar mis objetivos por lo que sólo te voy a dar algunos datos que, por supuesto, no pueden considerarse ni mucho menos como definitivos.

En España no me resulta fácil ubicar los inicios. Tengo algunas referencias. Por ejemplo, en el año 1986 aparece un texto que se inicia con un diálogo entre Martí-Tusquets y L. Satne. Lo inicia el Dr. Martí-Tusquets, quien señala que en España “las técnicas de psicoterapia de grupo y psicodrama empiezan a utilizarse en el año 1953 en la clínica universitaria de Barcelona, donde bajo el impulso del Prof. R. Sarró, el que relata, junto con otros colegas, inicia su implantación siguiendo una metodología personal progresivamente desarrollada en años sucesivos y enriquecida por las enseñanzas directas de J. L. Moreno, S. H. Foulkes, A. A. Schutzenberger y otros pioneros de la psicoterapia de grupo. Un aula de anatomía de la Facultad de Medicina de Barcelona es transformada en el primer teatro terapéutico aparecido en un centro universitario español. Esta situación anecdótica, similar a otras que he conocido en el Hospital de Basurto, nos indica el esfuerzo que muchos profesionales han realizado para propagar y divulgar esta modalidad de tratamiento. El mismo Martí-Tusquets señala que entre los divulgadores se encuentran, Entre otros, E. González-Monclús, L. Montserrat-Valle, E. Grañén, J. R. Otaola (…) la fundación de la Sociedad Española de Psicoterapia y Técnicas de Grupo, en el año 1970 significa un importante avance en el proceso de evolución y desarrollo científico.” (1986:14). Este comentario nos permite ubicar el inicio. El esfuerzo debió ser grande y en él colaboró una persona cercana a Foulkes de quien ya te he hablado, el Dr. J. Campos al que en una ocasión le oí comentar que había participado activamente en la creación de un grupo de profesionales de lo grupal entre los que se encontraba, entre otros, el Dr. Martí-Tusquets, si bien desconozco el año, aunque bien pudiera ser allá por los años sesenta. También hay que señalar la existencia de otras Asociaciones de grupo entre las que quiero mencionar la Asociación de Psicoterapia Analítica Grupal que con sede en Bilbao inicia su singladura en el año 1989.

Otra referencia aparece en un libro de Psiquiatría editado en el año 1980 y en el que en el capítulo de “La psicoterapia de grupo”, su autor, el Prof. L. Ylla escribe: “(…) en España la primera institución que empezó a hacer psicoterapia de grupo analítica, fue hacia 1963 el Instituto de Psicoterapia Peña Retama, fundado por J. Molina Núñez. En Barcelona fueron Otaola, Grañén y Tusquets los pioneros” (1980:1069). Desde dicho Instituto, que impartía su programa formativo, acudía el Dr. L. Yllá a Bilbao, invitado por el Prof. Guimón, para poder ir sentando las bases de un programa formativo de más calado.

Por otro lado tenemos la revista Clínica y Análisis Grupal, fundada por Alejandro Ávila, Nicolás Caparrós, Hernán Kesselman, Susana López y el “Equipo Quipu de Psicoterapia”, desde 1976 aproximadamente, que sigue publicándose, permitiéndonos hacer un seguimiento de algunos de los profesionales que se han ido dedicando a este campo y en la que aparecen trabajos y entrevistas muy sugerentes. Otra de las revistas que están en nuestro mercado es la Revista de Psicoterapia Grupal, que proviene de la antigua “Boletín” y que es editada por la Asociación de Psicoterapia Analítica Grupal (A.P.A.G) y que, en cierto modo guarda en su evolución, un parecido con la actual revista inglesa Group Analysis.

Y, finalmente, Lola, por experiencia personal, sé que en el Servicio de Psiquiatría del Hospital de Basurto se inició no solamente el trabajo de grupo con pacientes de consultas externas sino, y sobre todo, en el que fue el primer Hospital de Día para pacientes psicóticos de España. En dicho Servicio (que lo era de un Hospital Univesitario) el Departamento de Psicología y Psiquiatría de la Facultad de Medicina Universidad del País Vasco (Prof. Guimón), en el año 1974 inicia un programa con la ayuda del Dr. L. Ylla (Instituto Peña Retama, Madrid), y que contó con la colaboración del Dr. C. González y posteriormente con la del Dr. P. O’Donell, y en el que participaban profesionales como K. Totorika, D. Luna, E. Marquínez, P. Puertas y A. Villasana, entre otros. Aquel programa, que en sus orígenes estaba vinculado al de formación de postgraduados de dicho departamento, es en la actualidad el de mayor duración en el terreno formativo y con el reconocimiento académico de la Universidad de Deusto. Se desarrolla, con formatos un tanto diferenciados, en Bilbao, Madrid y en Barcelona. En esta ciudad, la filosofía que nos impregna es la de Comunidad terapéutico-educativa y se complementa con cursos de formación continuada, y ya fuera del propio marco formativo, con la oferta de supervisiones y espacios teóricos de profundización en la teoría grupoanalítica. Igualmente, y con el deseo de seguir formando a profesionales interesados en el campo grupal, la Fundación Vidal y Barraquer, adscrita a la Universidad Ramón Llull, viene desarrollando en Barcelona un programa formativo en psicoterapia de grupo. Igualmente, la Universidad Pompeu Fabra, a través del departamento de Psicología social, ha comenzado a organizar un Máster en el que se incluyen conocimientos de Grupoanálisis. Y la Universidad de Barcelona y desde hace bastantes años, ofrece también un curso de dinámica grupal muy arraigado en la Ciudad Condal.

Ahora bien, estos datos históricos van describiendo un variado panorama de la realidad de la psicoterapia de grupo ya que los recorridos que cada profesional ha ido realizando son diversos. En efecto, si tenemos en cuenta los textos que aparecen en nuestro idioma y que han sido escritos por profesionales españoles, la línea que sigue el Dr. Valiente la denomina “Psicoterapia Psicoanalítica de Grupo”, y es diferente a la que proponen los doctores Guillem y Loren bajo el título “Del diván al círculo”, y distinta de lo que proponen, cada uno por su parte, los coautores de un texto aparecido en el año 1980 y firmado por Campos, J., Caparrós, N., Kesselman, H., O’Donnell, P., Pavlosvsky, E., Peñarrubia, F. y Población, P. En este texto, Campos señala que la fiebre por profesionalizarse está tan generalizada que incluso la Sociedad Española de Psicoterapia y Técnicas de Grupo en su última reunión en Valladolid empezaba ya a preocuparse por ello (1980:36), y en el que se aprecian muy diversas tendencias y sensibilidades. Ello nos lleva más a un concepto de co-construcción (Nitsun, 1996) de líneas de trabajo que pueden entrecruzarse en algunos momentos y que en otros se manifiestan totalmente divergentes. Posiblemente considerar la evolución en este campo como algo lineal es erróneo; es más, quien así lo espera ver se encuentra con una fuerte decepción, similar seguramente, a la que menciona Nitsun, a través de una cita: “Es esclarecedor comparar los comentarios realizados por profesionales líderes en el campo en los últimos quince años. El primero es de Skynner (1983), hablando en el contexto británico al final de los años setenta. Comparando psicoterapia de grupo con otras aproximaciones, la describe como la: “que se encuentra todavía en un estado más primitivo, confuso, conflictivo y difuso, a pesar de los intentos realizados para definir la totalidad del campo implicado, y presentando, sin embargo, mucho desacuerdos y tensiones entre los diferentes profesionales” (Skynner, 1983: 328); La segunda observación proviene de Dies. En una importante revisión del estado de la cuestión basado en la publicación del American Journal of Group Psychotherapy de los diez modelos contemporáneos de psicoterapia de grupo, Dies subraya la: “confusión en el ámbito de la conceptualización teórica de las intervenciones grupales, las limitaciones en la comprensión empírica del proceso grupal y de los resultados y una inadecuada relación ente investigación y práctica” (Dies, 1992: 265).

Los comentarios de Dies sugieren que poco ha cambiado en los años que han pasado desde la frase de Skynner- una triste conclusión derivada de la proliferación de literatura en este campo, en la que existen contenidos brillantes y originales aportaciones, acompañados por una amplia práctica de los métodos en terapia grupal. Además, creo yo, hay una curiosa ambigüedad del estatus de la psicoterapia de grupo en el conjunto del medio psicoterapéutico.” (Nitsun, M, 1996:3).

En cualquier caso es importante considerar, Lola, que la construcción o mejor, co-construcción de lo que pudiera ser la “Teoría de la Psicoterapia de Grupo” es una tarea en la que todos estamos comprometidos. En este sentido es interesante ver cómo la Asociación Española de Neuropsiquiatría publicó en 1997 un texto que agrupa a una diversidad de autores y de profesionales que se dedican a la psicoterapia de grupo de orientación psicoanalítica. Textos como este contribuyen de forma explícita a la construcción de ese complejo terreno de la Teoría de la Psicoterapia de Grupo de orientación, de inspiración, psicoanalítica.

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