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Miércoles, diciembre 12, 2018
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89) Si vienen con una consulta y dejamos de hablar de ella, ¿Perdemos el tiempo? 

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89) Ya, pero aquí tengo un problema. Si vienen con un motivo de consulta y una problemática concreta y dejan de hablar de ella, ¿no estamos perdiendo el tiempo? ¿No será esto lo que facilita que aparezcan tensiones entre ellos que nos vayan alejando de nuestro objetivo psicoterapéutico?

Pues no, Lola. El grupo es un espacio que posibilita que se establezcan en él unas interdependencias vinculantes que son la expresión de lo que realmente es su malestar. En esta trama relacional van a tener que aparecer justamente esos conflictos que son los síntomas de malestares en sus matrices íntimas y con los que viven o malviven durante tanto tiempo: de ahí su malestar. Por esta razón ni pones un temario con el que ahogarías la manifestación de ese aspecto vivencial y propio de cada cual, ni deseas ceñirte a lo que sería en principio «su» problemática. Es así de complejo y sencillo a la vez.

Es curioso ver con qué frecuencia me encuentro a profesionales que devalúan la actitud de observación y estudio frente a la de actuar y dar respuestas a las situaciones. No es pasotismo sino confianza en la capacidad de las personas para resolver el problema que tienen entre manos y un gran deseo de aprender del ser humano. A tu actitud atenta, a tus aportaciones tranquilizadoras o aclaradoras, a tu interés por respetar el ritmo que el grupo va a adquirir, a la atención que pondrás para calibrar la tolerancia a los niveles de ansiedad y el esfuerzo de controlarla para que ésta no acabe siendo un obstáculo,… a todo ello, no se le puede llamar pasotismo. Recuerda a Winnicot: “madre suficientemente buena es aquella que se adapta sensible y activamente a las necesidades del bebé”; pero esta actitud conlleva suministrar, también, grados de frustración y de no satisfacción sistemática. Con ello posibilita el crecimiento de su hijo. Entonces, si hay algo de esa actitud, no estás pasota, sino trabajando activa y silenciosamente por la creación de las líneas de trabajo grupal, por facilitar las conexiones entre sus miembros a partir de cómo es cada uno. Simplemente, sin guiones previos, sin nada que estorbe el natural establecimiento de relaciones entre ellos.

 

En estos momentos tu papel tiene una función interna compleja. De un lado, te recuerdo algo que decía Winnicott: Un niño no tiene la menor posibilidad de pasar del principio del placer al de realidad, o a la identificación primaria y más allá de ella (véase Freud, 1923), si no existe una madre lo bastante buena. La “madre” lo bastante buena (que no tiene por qué ser la madre del niño) es la que lleva a cabo la adaptación activa a las necesidades de éste y que la disminuye poco a poco, según la creciente capacidad del niño para hacer frente al fracaso en materia de adaptación y para tolerar los resultados de la frustración (Winnicott, 1978: 27). Y por ahí, tu tildado pasotismo tiene también un punto importante de adaptación activa y sensible a las necesidades de estas personas, reproduciendo y representando una función materna muy importante.

Por otro lado, ¿cómo vas a ir relacionando las cosas que se dicen en el grupo con las que suceden en él? Te recuerdo que estamos en la función verbalizante que consiste en: vincular lo que se dice con lo que pasa en el aquí y ahora del grupo; aclarar lo que se dice para incrementar la comprensión de lo que se quiere expresar y de los afectos vinculados a ello; cotejar y confrontar lo que se dice con lo que se hace o se calla u omite; tratar de articular todo ello con aspectos de la vida infantil; y, finalmente, aportar aquellas interpretaciones que posibiliten una mayor comprensión de lo que le sucede a cada miembro en el contexto del grupo y lo que le sucede al grupo como totalidad en el contexto en el que se encuentra. Esa función, que primeramente reside en ti, se irá desplazando con el tiempo a los componentes del grupo a medida que la matriz de relaciones grupales así lo vaya aceptando, determinando y estimulando. Y  este proceso, desde el primer día, está bajo tu responsabilidad.

Como puedes ver, los componentes del grupo están ahí y hablan de cosas. Nuestra tarea es ir poniendo todo esto al servicio de los miembros del grupo para que todos vayan haciendo la tarea psicoterapéutica que les es propia. Para ello, las herramientas y constructos de trabajo del análisis grupal guían al conductor en su tarea de observación y recepción de comunicaciones a muchos niveles diferentes, y a traducir y organizar estos datos de manera comunicable. Folies (1990) definió las traslación como la esencia del proceso terapéutico[1] (Pines, Hutchinson, 1995:34). En este sentido, tu trabajo consiste en ir señalando, explicando, haciendo paralelismos entre las cosas que se dicen y las que pasan en el grupo en el aquí y ahora. También enlazar o buscar elementos comunes entre lo que sucede o se cuenta, con escenas infantiles actualizadas. Con ello trabajas los patrones de interacción que se dan en el grupo y al mismo tiempo, estableces paralelismos entre esta interacción con aspectos de sus vidas en el allá y entonces.

Y ahora, dicho esto, ¿no te suena a conocido eso que cuenta? Al menos a mí me parece que «esa vendedora» hace alusión a la persona que lo está pasando mal y que frente a ese dolor hay a quienes «les importa poco» porque no les interesa. Podría ser que tras esa narración que te «hacía estar un poco cansada», se estuviera hablando también de algo del grupo que «no interesa» y que «aburre» o que genera «pasotismo» o que «cabrea». Creo que sí. Por esto, además de escuchar lo que dice y de profundizar un poco en sus motivaciones, es decir, en lo que sentía, también hay que lanzar una idea que establezca el paralelismo entre lo que cuenta y lo que pasa en el grupo. Y en otros momentos hay que subrayar que en este juego de establecer paralelismos debemos incluir también los que se corresponden a las vivencias infantiles que estas personas también tuvieron. La vida psíquica es una unidad, no es algo en lo que el tic tac del reloj está activo. Es una unidad en la que el pasado y el presente forma una misma cosa, como si todo estuviera en el aquí y ahora. Lo que sucede es que como andamos en la vida racional y no las conocemos, debemos preguntárselas o lanzar hipótesis que provienen de tu conexión con los elementos inconscientes del otro. Por ejemplo, ¿es el caso de un niño ante algo que cuenta a sus padres y que no le hacen caso porque no les interesa nada? ¿o es el padre a quien no le interesa nada de lo que le cuenta la madre o viceversa? O ¿será que cuenta cosas en el grupo y percibe o teme que no le hagan caso? De esta forma, estableces una línea directa entre el pasado y el presente, entre el ahí y entonces, y el aquí y ahora, entre lo biológico y lo social, entre lo fisiológico y lo psicológico, entre tus elementos inconscientes y los de los demás. Esta es tu tarea; nada pasota, por cierto.

Guillem, P., Loren, J. A. (1985), aunque no pueden considerarse situados dentro del ámbito del Grupoanálisis sino en el del Psicoanálisis del grupo, nos indican algo que es muy adecuado en estos momentos. Dicen que en cualquier grupo pueden darse tres niveles distintos de lectura: un nivel literal (que trata el nivel manifiesto); un nivel interpersonal (que se interesa fundamentalmente por elementos tales como el estatus, la posición de los participantes, el sistema de fuerzas…); y una lectura más profunda que tiene en cuenta la significación inconsciente que las palabras, las fantasías, o los actos llevan consigo, ya sea a través de lo imaginario o de lo simbólico (: 86). Fíjate qué rico, interesante y apasionante. El primer nivel, el literal, es fácil que pueda ser asumido por todos los miembros del grupo. Todos entendemos lo que el otro dice. En realidad, el primer nivel de atención se centra en la comunicación que establecen los miembros del grupo y creo que corresponde a lo que Foulkes denomina nivel presente (1979:304). En este nivel de lectura rápidamente podemos percibir que aquello literal que se dice, tiene además una lectura interrelacional: qué se dice a quién, cuándo se le dice, qué se dice cuando se dice lo que se dice, etc., este aspecto tiene que ver con las interdependencias vinculantes de las que te he hablado sobradamente y que sería el segundo nivel. Y el tercero, que  deriva de los dos primeros, es el contenido manifiesto de la comunicación que se relaciona, en términos generales, con su significado latente, de una manera similar a la forma de que el sueño manifiesto se relaciona con los pensamientos oníricos latentes (:308). Ello permite una ampliación de la escucha. Recuerda a Ezriel. Este nivel de significados latentes no sólo abarca lo simbólico en el mundo fantaseado, sino sus correspondientes situaciones en el pasado biográfico de cada uno. E incluso te posibilita considerar al conjunto de sucesos del grupo como si de un sueño se tratara: sólo faltaría traducirlo.

En efecto, el grupo, el resto de las personas y el contexto en el que nos encontramos, tiene para cada miembro del grupo el mismo significado que para un individuo tienen las manchas del Test de Rorschach. Desde lo inconsciente, se visualizan una serie de cosas que provocan que aquello que decimos, venga ya condicionado por estas «visualizaciones» que percibimos. Ello nos provoca de forma tal que se nos reactivan conflictos que tenemos ahí escondidos, agazapados, y que están esperando la oportunidad para aparecer. Esto, en algunos casos, aporta argumentos suficientes como para no seguir en el grupo; y creo que algunos abandonos vienen activados por este hecho. Pero al mismo tiempo hay una necesidad de establecer una relación con el otro, y en esta relación entran también las representaciones del grupo familiar que se actualizan en el aquí y ahora del grupo. De la lucha entre los dos vectores, emerge la resultante que es la conversación que tenemos. Tu tarea es ir aclarando aquellos aspectos que se cuelan en la conversación, o que la colorean, y que guardan relación con las relaciones en el aquí y ahora grupal.

Para ello es bueno seguir los tres principios que nos señalan Foulkes y Anthony (1964):

a) Consideramos igualmente pertinentes a todas las comunicaciones, a las reales y completas como a los intentos de comunicación; a las latentes e inconscientes como las verbales y las no verbales,

b) Que tomemos en cuenta todas las reacciones y respuestas, promoviéndolas al rango de comunicaciones; y

c) Que se considere a cada acontecimiento en el grupo como que tiene su significado dentro de la trama total de la comunicación del grupo (Foulkes y Anthony, 1964: 225-6)

Por esta razón conviene recordar aquel dicho: «Cuando Pablo habla de Pedro, habla más de Pablo que de Pedro». Dicho de otra forma, cuando los miembros del grupo inicial, siempre y a lo largo de todo el proceso hablan de lo que hablan, siempre, siempre, hay un componente que guarda relación con su situación en el grupo y con la reproducción de su situación en el entramado familiar. En este sentido tu traducción, tu aportación se podría centrar en recoger lo que se dice e irlo conectando con la situación actual. Esto tiene una doble intención: por un lado pretendemos que las personas se sientan lo más recogidas posible por nosotros, los conductores, y por otro, en esta aceptación incondicional, hay un mensaje latente: que lo que dicen también tiene relación con lo que estamos viviendo en el aquí y ahora. Si vas introduciendo en la cultura grupal esta traducción de lo que se dice a lo que está pasando, lo que conseguirás es que con el tiempo sean los propios miembros quienes vayan realizando este paralelismo. Que sea el propio grupo el que vaya asumiendo la función interpretante, analítica, que en principio recae básicamente en ti.

En un breve pero interesante trabajo Köning, K. (1991) señala que el analista utiliza la confrontación, la clarificación y la interpretación. Los tres aspectos de la intervención deben ser dirigidos al grupo como globalidad, hacia los subgrupos o a los individuos en el grupo [2](1991:111), y propone que, al igual que señalara Ezriel, busquemos la fantasía compartida por los miembros del grupo interviniendo en el sentido de ir aclarando qué parte de la misma se corresponde a cada miembro. En el mismo trabajo habla de cómo hay que utilizar el nivel descriptivo y el metafórico que eslo que te vengo aconsejando habitualmente.

En el marco de la Función Verbalizante, hablar de lo que nos cuesta entender y aceptar del otro, salir de nuestra propia realidad para interesarnos en la de los demás, supone introducir en nuestro pensamiento grupal, y por lo tanto en la cultura de este grupo, que todo es pertinente, que todo es rico y aprovechable. Incluso los sentimientos que nos producen estas comunicaciones y aportaciones de los demás. Con ello también siguen estando presentes la función higienizante y las funciones convocante y presencial que aquí aluden a que todo pensamiento, afecto, emoción y conducta son invitados a participar en el encuentro grupal.

 

[1] Traducción del autor.

[2] Traducción del autor.

 

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