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Viernes, noviembre 24, 2017
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6) ¿De dónde procede el término grupo? 

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terapia en grupo 001

6) Es decir, hay una representación mental del concepto grupo. Me explicaste el significado de la palabra,  pero ¿de dónde procede el término grupo?

Si en una pregunta anterior hacíamos referencia al significado, ahora nos referimos al significante. Como veíamos, el término nace en el mundo del arte y hace alusión al conjunto de elementos que configuran una Gestalt, una disposición de personas u objetos que destaca del resto de la obra pictórica o escultórica, como consecuencia de determinados lazos que determinan esa disposición. Estos lazos actúan como lo hace la fuerza de gravedad: establecen una relación de interdependencia entre sus partes a través de la que cada una sujeta y es sujetada por las demás. Ello produce el surgimiento de una nueva entidad, el grupo.

Aunque la representación del concepto grupo está ahí, no parece que la palabra y por lo tanto el concepto de grupo como tal, sea muy antigua. El término es relativamente reciente. Sbandi P., (1977), nos dice, “La palabra Gruppe (grupo) se deriva, según Hofstätter (1971:192) del alto alemán antiguo Kropf, que no solamente significa la hinchazón de la glándula tiroidea, sino también Knoten (nudo; ital., groppo). El punto en que se entrecruzan de forma más o menos consistente y duradera las líneas de la vida y de la experiencia de varios seres constituye un grupo” (1971:177)” (1977: 92). En efecto, proviene de un vocablo alemán “Kropf” que es tomado por el italiano bajo la forma de “groppo”, con el que los artistas italianos hacían referencia al conjunto de figuras que constituían una unidad en una producción artística. De ahí pasa al francés, al castellano, al catalán y a otras lenguas románicas. Corominas (1973, 1986) nos dice que la palabra grupo proviene (y de forma similar aparece en su diccionario de la lengua catalana), del “italiano gruppo, Siglo XV, especialmente ‘grupo escultórico’, antiguamente ‘nudo’ ‘bulto’, y éste muy probablemente del gótico Krupps “objeto abultado”, comp. el alem. Kropf”, buche, bocio ( pap, goll) . Needer. Modern: grop, “sina”, “cap de quilla”. Angl.: cropp “buche””espiga, racimo” (“collita”) Escand. antic: Kroppr “cuerpo” (“animal trossejat, esgalabrat”).

Pero si el término es relativamente reciente, no lo es su utilización. El ser humano, desde la noche de los tiempos, ha actuado y ha vivido bajo la realidad del grupo. Y no sólo con fines defensivos o de supervivencia, u ofensivos cuando se trataba de aumentar la seguridad tanto alimenticia como territorial, sino también con una finalidad sanadora. Creo que podemos señalar claramente que el hombre se agrupa para asegurar la supervivencia de la especie. Y en esta supervivencia, la curación era uno de los objetivos por los que se utilizaba el grupo. Por ejemplo, Guimón nos recuerda que en la Grecia antigua, los enfermos mentales debían dormir en el Laberinto de Aesklepion, para que esa divinidad les concediera la curación. Estas manifestaciones, muy cargadas en el plano emocional, siempre se daban en situación grupal. Además, la meditación individual o en grupo siempre ha sido propuesta por numerosas religiones. La historia de la educación y las prácticas penales nos han aportando una buena muestra de las tentativas realizadas por el hombre para modificar las pulsiones infantiles o el comportamiento asocial[1]. (Guimón, J., 2001: 5). Igualmente Mora, G., (1982), nos habla, por un lado, de Asclepíades (siglo I a C) quien prescribía “El tratamiento en habitaciones iluminadas para los pacientes afectos de alucinaciones debido a su característico miedo a la oscuridad.  El tratamiento subrayaba también el uso correcto de la comida, del vino, de la fisioterapia y de otras actividades que imponían restricciones físicas mínimas, e incluía asimismo técnicas psicoterapéuticas, como la estimulación musical e intelectual; a los pacientes se les animaba a formar relaciones emocionales con otros.” (1982:20), y por otro, de Celso (siglo I) autor de De Re Médica, para quien “La originalidad del enfoque de Celso radica en el énfasis que pone sobre el valor de la relación individual entre el médico y el paciente. Celso anticipó la moderna psicoterapia en el hecho de que él proponía que tal relación podía surgir del uso de técnicas específicas para animar a los pacientes deprimidos y para calmar a aquellos que estaban más maníacos; más aún, él pedía el uso correcto del lenguaje y de la música, posiblemente, algunas actividades de grupo, tales como los grupos de lectura.”(1982:20). Y también de Soranus (siglo I a C) para quien el tratamiento explicaba que “El personal responsable del cuidado de los pacientes era instruido para actuar de forma simpática; durante los períodos lúcidos, los pacientes mentales eran animados a leer y discutir después lo que habían leído, a participar en actuaciones dramáticas y a hablar en las reuniones de grupo.” (1982:22). Aquí lo que sorprende es que su utilización ya apareciera hace veinte siglos.

Es curioso, Lola, que habiendo sido un elemento crucial en el desarrollo del ser humano, la idea de grupo como tal no aparezca en el lenguaje hasta tan tarde. Es verdad que los humanos, en nuestro proceso evolutivo tanto individual como colectivo, precisamos alcanzar un determinado grado de maduración y cultura para asumir un nuevo concepto o idea. Ha sucedido tanto en la evolución social y cultural del hombre (aspecto éste que veremos cuando hablemos de Elias) como en el desarrollo de las técnicas de intervención individual y grupal. Recuerda, por ejemplo, cuando Slavson hablaba del “grupismo” como elemento evolutivo. Posiblemente esta idea sea la que ilumina a Anzieu cuando señala que “La aparición tardía del vocablo sería una muestra de los prejuicios que encontramos a varios niveles hacia el funcionamiento grupal y hacia un progreso en su conocimiento objetivo.” (Guillem, P., Loren, J. A., 1985:14). De hecho, estos prejuicios mucho deben tener que ver con las fantasías que lo grupal es capaz de activar en el ser humano, que no sólo estarían en el supuesto mundo “interior” del individuo sino en la propia “conciencia colectiva”, ya que como dichos autores nos indican “el grupo aparece para cada uno de sus miembros como un obstáculo para la consecución de una relación privilegiada dual con el líder, o con otro de los miembros; es como un obstáculo para la consecución de los deseos edípicos” en este sentido, añadiríamos que el grupo actúa como tercer personaje de la triangulación”. (ibidem: 14). Este aspecto lo veremos no sólo cuando queremos organizar un grupo de psicoterapia sino expresado por algunos teóricos. Por ejemplo, lo encontraremos también cuando profundicemos un poco más en Bion, es decir, la constatación de que el individuo por un lado necesita a los demás pero al tiempo, cuando está con ellos, no puede satisfacer plenamente lo que desea. Desde la perspectiva de Guillem y Loren, el grupo se constituye como un tercer elemento que posibilita la aparición de “la Ley”, elemento básico para que la triangulación pueda darse.

La idea de “resistencia al grupo” que nos trajo Anzieu, parece interesante, ya que hablaría de resistencia colectiva a algo que es visto como “opuesto al desarrollo del sujeto” y por lo tanto el grupo personificaría, en ocasiones, esa figura castradora que impide la satisfacción de la fantasía omnipotente infantil en la que no hay límites. No habría que descartar que esa cierta preeminencia de lo individual respecto de lo grupal, fuese una manera de escapar de una idea alienante de lo grupal, en lugar de ver el grupo como el espacio en el que el individuo puede alcanzar su desarrollo pleno como persona. Aunque posiblemente la razón sea más sencilla: si siempre estamos en un determinado medio, sólo cuando salimos de él podemos considerar la existencia del mismo. Si los hombres siempre estábamos en el medio grupal sólo a partir del momento en el que se valora otra posibilidad (en el Renacimiento es cuando toma cuerpo la idea de individuo) es cuando podemos comenzar a pensar en el grupo como entidad propia. De hecho los términos aparecen cuando hay necesidad de ellos, cuando la dialéctica entre la realidad y las necesidades de las personas los generan.

Sería necesario desarrollar un estudio más específico de lo grupal o, mejor, de las diversas formas de grupos que el desarrollo humano ha ido alumbrando a lo largo de su historia. Esto también lo añoran Anzieu, D. y Martin, (1971), quienes, cuando comentan que “si tal empresa fuera realizable, contribuiría a distinguir variedades del grupo típicas por su funcionamiento: la secta religiosa, el salón mundano, el club primero político y después deportivo, el comité de expertos, el cenáculo literario, la academia erudita, la patrulla militar, etc.” (1971:28), apuntan a las diversas formas funcionales que existen. En el esbozo que realizan de estas formas, aparecen desde los relatos legendarios griegos a la fraternidad de los jefes de la guerra alistados en la misma expedición, hasta el cuadro de Rembrandt “Los síndicos de la corporación de pañeros” (1661-1662) que perpetuó un fenómeno nuevo: la aparición de los consejos de dirección.

Por otro lado, Lola, Anzieu y Martin muestran interés en señalar los intentos que nuestra civilización ha realizado para comprender más el fenómeno grupal, explicándonos la obra de Charles Fourier (1772-1837) en la que “encontramos enunciados, parece que por primera vez, algunos de los principios esenciales para fundamentar una ciencia de los grupos” (1971:30) y que ya te comentaré mas adelante. Te aconsejo que consultes dicha referencia de la que no puedo añadir más para no exceder la longitud del texto; pero me parece interesante esta aportación, como lo es la alusión a los trabajos de Durkheim fundador de la escuela sociológica francesa, a finales del siglo XIX (y que pone) las bases de una teoría de grupo (1971:33), o a las aportaciones de Sartre. También nos informan de los trabajos del alemán Töennies, a principios del siglo XX. Si consultamos textos más de índole social, encontraremos más referencias al estudio de los grupos como tales, es decir, sin su impregnación terapéutica.

Ahora bien, en el término y en su nacimiento hay algo que quisiera resaltar: la idea gestáltica, la noción de globalidad y de las relaciones que en ella aparecen, la idea de figura que sobresale de un fondo. Esta figura,  o quizás mejor configuración, a la que llamamos grupo, no deja de aludir a unas particulares relaciones entre los elementos que lo constituyen; es decir, no es un mero agrupamiento de objetos o personas. Estos mismos objetos y personas establecen entre ellos una relación que es la que le da el carácter específico y diferencial del grupo, según el contexto en el que ese grupo se da. Por otro lado esas relaciones que unen, en realidad hacen algo más: vinculan, ligan, atan a los miembros entre sí lo que nos lleva a la noción de “nudo”, idea ésta que conlleva una determinada “representación mental” de la que ya te he comentado algo y que hace alusión al menos a varios aspectos: por un lado el de una cierta unidad, completud, juntamiento y agrupamiento de elementos que pueden o no establecer una relación entre ellos o partes de ellos; el de realización de una tarea que los aúna o que pertenecen a una formación que conlleva el mismo resultado. Y, contrariamente a lo que constatamos en la vida de los grupos, el conflicto no aparece representado. Ello nos hace pensar en qué medida hay una tendencia a negar algo que existe en toda relación, el conflicto. Y posiblemente tal negación se deba a que precisamente por la complejidad que supone la vida en los grupos se tiende a potenciar su imagen positiva, agradable, de “buen rollo”, como indica alguno de los dibujos del trabajo que te he comentado anteriormente.

En efecto, si tenemos presente que la idea circular alude fácilmente a lo femenino, a lo embarazoso, a lo que contiene, a lo que es capaz de generar vida y desarrollo y que, al tiempo, asusta, despierta angustia por las fantasías de agujero engullidor, agujero negro, entonces podremos comprender un poco más las razones inconscientes que asisten a las personas para despertarnos un cierto temor y respeto. De hecho, en el trabajo aludido aparecen dibujos en los que se evidencia una cierta ruptura de las “membranas psíquicas” que representan a los componentes del grupo y, en otras ocasiones, un apelotonamiento que bien pueden representar esos aspectos fantaseados. Estas fantasías las puedes constatar, Lola, en un trabajo muy recomendable de Anzieu (1978), en el que se recogen las imágenes que surgen del hecho grupal. En las experiencias grupales grandes no es raro que emerjan ideas como las que aporta este autor (el grupo como boca) u otras (el grupo devorador, la plaza de toros, el albero, la piscina que engulle…), que nos confirman el poder de las representaciones mentales y los miedos anclados en ellas. En este tipo de ideas subyace el temor a lo desconocido, a lo que puede haber ahí.

Y posiblemente ese temor esté en las dificultades no sólo del estudio del objeto en cuestión, sino en las que encontramos para la utilización de lo grupal como abordaje terapéutico. De hecho se constata que en todo trabajo grupal las fantasías de disolución de la personalidad así como el incremento de los niveles de angustia son evidentes, tanto en los grupos pequeños como en los de mediano y gran tamaño. Main, T. (1975) señala que se observa con frecuencia (…) que ciertos individuos se ven forzados inconscientemente por el grupo para sentir determinadas cosas o para asumir roles prefijados por el grupo (…) siendo uno el que mantiene el saber hacer, otros los saboteadores, otros el ser el bufón, el inválido, etc., con varios niveles de incomodidad personal[2] (1975:59). Como puedes constatar, Lola, hay un conjunto de fantasías y pensamientos que parecen anunciar o querer conjurar un peligro que guarda relación con temores de pérdida o modificación de la individualidad (Litmus lo recogerá como elementos antigrupales), y al mismo tiempo son portavoces de un hecho real y es que estamos hechos por el grupo al que también constituimos. De hecho, recuerda lo que te mencionaba al inicio de la pregunta y que eran palabras de Hostäter: El punto en que se entrecruzan de forma más o menos consistente y duradera las líneas de la vida y de la experiencia de varios seres. Ese entrecruzamiento marca las características que nos constituyen y constituyen al grupo.

 

[1] Traducción del autor.

[2] Traducción del autor.

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