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Lunes, agosto 21, 2017
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56) ¿Todos angloamericanos? ¿No hay autores de otros lugares del mundo? 

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56) Pero, además, ¿todos los autores son angloamericanos? ¿No hay autores de otros lugares del mundo?

Bueno, no todos son angloamericanos; pero es cierto que tienen más capacidad o empeño en darse a conocer, más allá de la presión que determinadas culturas ejercen sobre otras. Pero es verdad que hay una serie de autores conocidos que han realizado aportaciones que, al menos a mí me han ayudado a pensar y, sobre todo, a abrir las posibilidades de entender eso tan complejo llamado grupo. Estoy pensando, para seguir picando tu curiosidad, Lola, en Pichón-Rivière, pero también otros como los dos Shindler, Anzieu y Kaës, etc. Vayamos primeramente a comentar otros autores europeos, cuyas aportaciones también beben del psicoanálisis, y luego pasamos, si te parece, a los países hispanohablantes.

Empecemos por Alemania en donde aparece el nombre de Shindler. Dos son los que aparecen en la bibliografía que manejo con un mismo apellido, uno alemán y el otro austríaco. Así, por un lado tenemos a Walter Schindler que es un médico psicoanalista que ha desarrollado un coherente enfoque de trabajo psicoterapéutico grupal y que, si bien no ha formado escuela propia, sí ha tenido notable influencia en los países de habla alemana a través de actividades formativas y didácticas en las semanas psicoterapéuticas de Lindau. El fue quien introdujo en Alemania en aquel entonces de comienzos de los 50 la terapia de grupo (Shindler, W., 1980: 18-9). El planteamiento es trabajar el individuo en el grupo con un método que (…) en lo fundamental está influido del psicoanálisis genético de Freud, pero también del (psicoanálisis de) Adler, Jung y Stekel (Ibídem: 49). Trata de diferenciarse de Bion y de Foulkes haciéndole a este último varias críticas a su aportación,  como por ejemplo, que trabaja más al grupo como un todo y no al individuo que está en él: hasta cierto punto mi técnica se acerca a la de Foulkes. A diferencia de este autor coloco en primer plano el análisis del individuo en el grupo y a través del grupo. Mientras que yo la interpretación al grupo como totalidad sólo la doy muy de tarde en tarde, Foulkes interpreta esencialmente la conducta de la totalidad, en la medida que él sigue la cuestionable teoría del campo de Lewin. (Ibídem: 55). En sus escritos menciona a Adler y también a W. Stekel. Plantea que cada familia es un grupo y cada grupo está formado según el modelo familiar (Shindler, W., 1980:23), es decir, que la estructura padre, madre e hijo se actualizaría en el grupo siendo el conductor el representante paterno, el grupo como globalidad, el representante materno y los miembros los representantes de la fratría. Con este esquema despliega su forma de trabajar, abordando un aspecto que puede sorprender: su vinculación social.

En efecto, para él la sociedad asume el rol de la madre. Ella presenta una imago de madre, por lo cual reemplaza la imagen de la verdadera madre (…) se puede decir que el individuo vive a través de la madre-sociedad (Ibídem: 24), siendo el director del grupo quien asume el rol de padre. Con esta premisa realiza algún acercamiento a lo social y desarrolla en varios de sus escritos el tema de la autoridad: la palabra autoridad se deriva en latín autoritas, cuya raíz es “augere”. Primitivamente significaba “dejar crecer”, posteriormente cogió el significado de aumentar el crecimiento, favorecer el crecimiento,  (…) el concepto de autoridad hasta nuestros días, no sólo ha cambiado sino que ha degenerado. En su uso actual contiene una tendencia, que se refiere al dominio de impulsos instintivos, bajo la suposición de que los impulsos puede trastornar el crecimiento del yo (ibídem: 26). En sus planteamientos uno puede percibir un enfoque muy social. Por ejemplo, al tratar la transferencia, la sitúa en algo que va más allá de lo individual señalando que la transferencia provee las formas en las cuales nosotros pensamos, y es una necesidad vital (…) en este sentido las convenciones y las tradiciones son necesarias como fenómenos de transferencia auténticos del tipo colectivo para la facilitación de la vida del ser humano (ibídem: 29), entendiéndola un poco como parte de un reflejo condicionado socialmente; y mencionando a Allport, expresa su acuerdo con la idea de que las costumbres son sistemas integrados en los reflejos condicionados, en los cuales existe la posibilidad, de modificar las reacciones en una determinada medida y también la amplitud el espectro de las condiciones estimuladoras, lo que en último término da lugar a reacciones relativamente iguales ante situaciones repetidas parecidas. Resumiendo las costumbres tienen un espectro mayor que los reflejos condicionados (ibídem: 30). Dado que la colaboración entre madre y bebé es la forma más temprana de sociedad humana con la importante cooperación del trabajo de conjunto (ibídem: 32), podemos pensar (y en eso, Lola, recuerda un poco a Burrow) que será a través de ella que el bebé se introduce en el grupo social y cómo éste es “troquelado” por él. Y de forma un tanto rotunda dice: la familia troquela la conducta cultural y social de la humanidad. (Ibídem: 38). Curiosamente esta idea de “troquelado” me hace pensar en la Matriz de Foulkes, en el sentido de cómo el individuo se va haciendo a través el grupo familiar en el que vive y mediante él.

En su “técnica” sobresaldría el “psicoanálisis activo de Stekel”, quien en sus intervenciones trata de alejarse de la pasividad para introducir la “técnica del disparo” (Ibídem: 69) que consiste en la transmisión de un conocimiento que provoca una vivencia extraordinaria en el estilo de una activación de la excitabilidad y que explican frecuentemente el éxito de los análisis cortos de Stekel (…) no es un método auténtico del psicoanálisis (…) [es un método que ha] opuesto al llamado trabajo científico exacto de los psicólogos psicoanalíticos, las notas artísticas de los médicos intuitivos y conocedores del ser humano, como troquelador y pos-troquelador (Ibídem 69-70) Cuando conocí esta técnica no pude dejar de pensar en lo que en algunas situaciones he utilizado y que aprendí (aunque manejo con menor habilidad) de un compañero. Supone que, en determinadas circunstancias en las que no me entretendré ahora, se active la comunicación más inconsciente mediante intervenciones conectadas con las ansiedades más psicóticas, con los miembros del grupo, de forma que y a través de esta misma activación, se posibilite la aparición de elementos inconscientes que aún estando ahí se mantenían como paralizados. Es una técnica que tiene un cierto punto efectista y cuya utilización debe circunscribirse a muy determinadas circunstancias.

Otro autor, de idéntico apellido, y con el que podemos confundirnos es el psiquiatra vienés R. Schindler, cuyos trabajos se basan por una parte en la psicología comparada y por otra en la teoría psicoanalítica de los impulsos inhibidos de H. S. Henche (Ylla, L., (1980: 1073). Esta forma de trabajar me recuerda un poco a Bion cuando, por ejemplo, en su experiencia de Northfield les decía a los soldados ingresados que tenían que luchar contra un enemigo común llamado “neurosis de guerra”. Y me lo recuerda porque Schindler dice que todo grupo se forma frente a un enemigo, el cual es el motivo de dicha formación, siendo la meta de acción de los componentes de dicho grupo, la lucha contra este enemigo. (ibidem, 1973) En esta situación la iniciativa del grupo la toma un elemento llamado Alfa con cuyo inconsciente se identifica la mayoría del grupo, llamándose los miembros de esta mayoría Gamma. (…) otros elementos tienden a identificarse con Alfa aunque siempre con dificultades (…) estos son los Beta. (…) las formas que tienen (los Gamma) de ayudar a Alfa son tres: copiando su acción (Gamma-1), controlando su acción (Gamma-2); y complementando su acción (Gamma-3) (…) los Beta son aquellos que también inhiben el impulso pero no totalmente (…) Los Omega representan el impulso enemigo pero lleno de angustia y culpa por lo que está debilitado. (Ibidem: 1073). Como podemos ver, guarda un cierto parecido con otras posiciones que ya he comentado. Finalmente señalar que para R. Schindler teóricamente la curación consistiría en la desaparición de toda posición (ibidem:1073)

Estos autores de los que he hablado y a los que W. Shindler considera influyentes, se enmarcarían en la cultura germánica junto a Teris y Heigl-Evers y Battegay. Si nos desplazamos hacia la zona francesa tenemos a otros autores, entre ellos a Lebovici que es uno de los que W. Schindler también menciona. En efecto Guimón nos enseña que fue en Francia, a principios de los años cincuenta, que Diatkine, Lebovici y Kerstenberg iniciaron la práctica de la psicoterapia de grupo a partir de sus experiencias en psicodrama infantil. Durante aquellos años en Suiza, Schneider en Lausanne (Schneider, 1965) y Battegay en Bâle (Battegay, 1976) también desarrollaron terapias analíticas de grupo en ambulatorios y hospitales respectivamente. A partir de los años sesenta, Schneider organizó en Lausanne unos seminarios internacionales sobre la psicoterapia grupal y en 1970, Anzieu, Kaës y sus colaboradores comenzaron a ofrecer en Paris, seminarios de formación psicoanalítica de grupo en el seno de su institución, la CEFFRAP[1] (Guimón, 2001:14-5)

Y puesto que Guimón nos ha introducido en la escuela francesa, ¿qué tal si nos metemos un poco en ella? Mira, esta tradición francesa quedaría representada por Anzieu, Kaës y sus colaboradores. Claude Pigott define a Anzieu como el “jefe de fila de esta forma “la idea de una Escuela Francesa de psicoanálisis aplicado al grupo” tuvo como Jefe de fila a Didier Anzieu que fue durante un tiempo importante quien acometió la elaboración de un “psicoanálisis grupal”. A partir del psicodrama, con su texto “el psicodrama analítico en el niño” que fue editado en 1956, y estimulado por los artículos de S. Lebovici, R. Diatkine y E. Kestenberg, “la aplicación del psicoanálisis a la psicoterapia de grupo y a la psicoterapia dramática en Francia” de 1952 y el “Balance de diez años de práctica psicodramática con niños y adolescentes” de 1958, Anzieu se lanza en el desarrollo de una investigación psicoanalítica de grupos de diagnósticos con la fundación CEFFRAP en 1962, investigación que trata de estudiar la articulación entre la psique individual y la grupal. Así pudo determinar la evidencia de las formaciones grupales que nacen en el inconsciente del individuo. El articulo de J.-B. Pontalis “Le petit groupe comme objet” (1968) derivó de ello. En 1972, Anzieu fundaba en compañía de René Kaës, Angélo Béjarano, André Missenard et Jean-Bertrand Pontalis la colección “Inconsciente y cultura” en donde, además de los autores citados, hace justicia a otros precursores franceses como, Simone Decobert et Michel Soulé”[2].

D. Anzieu desarrolla en su libro de 1978 una visión del grupo como globalidad y desde una perspectiva estrictamente psicoanalítica. No es lugar ni dispongo de espacio para comentar toda la teoría de Anzieu a través de la que aborda los aspectos del imaginario grupal, es decir, la vida inconsciente del grupo y las imágenes fantaseadas. El texto del 78 se compone de tres partes: una primera de tipo metodológica, una segunda que trata sobre la vida fantasmática del grupo y una tercera en la que se trabaja el grupo como defensa contra el inconsciente. La posición desde la que ejerce y teoriza es la de considerar al grupo como una unidad con la que el analista se relaciona, siendo su función la de ir desentrañando los elementos inconscientes derivados de la vida del grupo y que paralizan a éste y a sus miembros

Junto a Anzieu podemos situar fácilmente a R. Kaës. Su propuesta es que en cuanto varios individuos se reúnen para constituir un grupo se genera una nueva estructura dotada de su aparato psíquico correspondiente a partir de los aparatos psíquicos individuales: es un aparato que ha madurado debido a una tensión dialéctica entre una tendencia al isomorfismo (que apunta a reducir el psiquismo grupal al psiquismo individual, de lo que es ejemplo la familia de psicóticos) y una tendencia al homomorfismo (que diferencia ambos psiquismos por derivación del primero a partir del segundo). Mientras que el aparato individual busca apoyo en el cuerpo biológico, el aparato grupal lo hace en el tejido social, pero no se resigna a prescindir de un “cuerpo” y multiplica gustosamente sus metáforas, sus sustitutos, sus apariencias (D. Anzieu, en Kaes 1977:18). Hablar de aparato psíquico grupal, significa una ficción eficaz y transicional, esto es, la ficción de un grupo psíquico, sostenido por un grupo mítico, que procura actualizarse en la construcción real de un grupo concreto (Kaës 1977: 29). Fíjate cómo aquí también aparece una apertura del aparato psíquico individualizado al aparato psíquico del grupo, social. Apertura que resulta grata por cuanto comienza a desaparecer la idea del Homo Clausus que ya Elias denunciara.

 

[1] Traducción del autor

[2] Traducción del autor.

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