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Sábado, noviembre 18, 2017
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54) ¿Quién sigue la línea de pensamiento y trabajo iniciada por Bion? 

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Bion-©SergioCanade-ecualizadaII

54) Esta línea de pensamiento y trabajo iniciada por Bion me parece novedosa y muy potente. ¿Quién la sigue?

Como hemos visto las aportaciones de W. R. Bion son fundamentales para la comprensión de toda una línea de trabajo grupal y aparecen a partir de la colaboración con Rickman de quien fue discípulo. H. Ezriel, que fue uno de los integrantes del primer grupo de Bion, no se coloca en posición muy alejada de él; sin embargo, difiere en algunas cuestiones y en el planteamiento de ciertas premisas. Propone fijarse en dos aspectos: el de la fantasía y en la transferencia, y plantea que lo que cada paciente dice o deja de decir no dejan de ser intentos por reestablecer con el conductor, en este caso, una relación que se ajuste a las estructuras internalizadas a lo largo de su vida. En este contexto resulta básica la idea de tensión grupal, es decir, la que indica que en todo grupo se desarrollan unas tensiones que tratan de articular, satisfacer y frenar las diversas presiones de deseos inconscientes de los miembros. El análisis de esa tensión en el aquí y ahora de la sesión es lo que facilitará o inhibirá el proceso terapéutico. Como puedes observar sus ideas están fuertemente ancladas en el pensamiento de M. Klein.

Como ya bien sabes, Bion estaba muy influido por M. Klein y prueba de ello es su propia conceptualización grupal en la que los elementos pre-edípicos son los sobresalientes. Pero, ¿Quién es Ezriel? Portuondo nos dice que, Ezriel, como Foulkes y Bion, proviene de la Tavistock Clinic, y se basa en dos premisas: la teoría de las relaciones inconscientes con los objetos, y el uso continuado de las interpretaciones de la transferencia. (Portuondo, J. L., 1972: 23). Y desde esta formación e influencia Kleiniana comienza con la hipótesis, derivada de la teoría de las relaciones objetales, de que las personas tratamos de reforzar la represión y evitar el contacto con temerosas fantasías inconscientes. Ello se consigue con el desarrollo de unas relaciones de objeto que ayudan a negar las fantasías inconscientes, a las que denomina relaciones requeridas (…) estas relaciones son necesarias precisamente para poder cortocircuitar las relaciones temidas; entre unas y otras se establecen las relaciones calamitosas Estos tres tipos de relaciones objetales forman el modelo tripartito asociado al trabajo de Ezriel (Rutan y Stone, 2001: 17). Cuando hablamos de relaciones estamos hablando, no tanto de las reales, sino y principalmente de las inconscientes y que no son sino formas que el sujeto tiene de vincularse con la persona real, de tal manera que secretamente tienden a satisfacer esas relaciones inconscientes plagadas de fantasías. En realidad está aludiendo a tres tipos de relaciones objetales (Roy MacKenzie, 1992: 107) que corresponderían a las luchas del individuo por la realización de tales fantasías: por un lado una relación deseada que viene cargada de una fantasía determinada y que debe ocultar, por lo que emerge una relación de oposición a ese deseo y que es en parte responsable de que aquel quede oculto. La resultante de esas dos fuerzas es una relación resultante que es la patológica y más visible.

Ezriel en su trabajo de 1952 se apoya en la noción de fantasía y realidad psíquica que creo proviene de M.Klein, y en la de la transferencia a la que considera, no como algo que gradualmente se va instalando, sino como la forma activa de establecer un encuentro con el analista. La constatación de que las personas, en nuestros relatos con el profesional (y en los que mantenemos con los demás), no estamos retratando la realidad cuánto lo que de ella ha impactado en nosotros, organizando un conjunto de fantasías que van constituyendo una realidad psíquica cuyo impacto es mayor que el de la propia realidad exterior. De esta forma, cuando establecemos una relación ésta no hace sino reproducir estructuras inconscientes activas en el presente, a pesar de derivarse de fantasías pasadas, lo mismo que de recuerdos exactos o bien distorsionados de eventos asados. (Ezriel, H., 1979:286), estructura que viene remozada de esas fantasías de antaño. En este sentido, me viene al recuerdo un dicho que ya he mencionado anteriormente y que es algo que me enseñó un paciente: “cuando Pablo habla de Pedro, habla más de Pablo que de Pedro”. Con esta idea lo que se desea transmitir es que al hablar de algo o de alguien, inevitablemente en ese relato ponemos aspectos que en, la medida que derivan de nuestras percepciones, lo dejan cargado de material personal y de nuestras propias fantasías que poco tiene que ver con el objeto del que hablamos.

Junto al poder de las fantasías hay un subrayado en la transferencia considerándola no como algo particular de la situación analítica sino que es algo con la que vamos por la vida y que se actualiza, además, en el encuentro con el profesional. Dice Ezriel, que la transferencia es un factor activo desde el primer encuentro del paciente con su terapeuta (Ezriel. H, 1979: 287). Por lo que podemos aceptar que todo lo que el paciente dice, cuenta y la forma de relacionarse con nosotros (y en realidad, con el resto de los compañeros del grupo) es una reactivación de las estructuras internas que se transfieren a la situación actual. Y lo concreta diciendo que: me parece una lógica fase ampliar la hipótesis de transferencia- y a partir de ahí, tratar todo el material como interpretaciones del aquí y ahora[1] (Roy MacKenzie, 1992: 107), por lo que dado que estamos actualizando esta estructura relacional cargada de fantasías, el trabajo debería centrarse en el aquí y ahora de la relación asistencial. Este aspecto nos proporciona una pista clave para trabajar con lo que aparece en el grupo. Desde este ángulo, se entiende bien que el trabajo de Ezriel se centre en el aquí y ahora del grupo, enfocando sus aportaciones no sólo en relación con el grupo como totalidad sino a cada uno de sus componentes y, en este sentido, hay que señalar que este autor es uno de los primeros que, contemplando el grupo como un todo, prestan atención al individuo y al grupo como globalidad[2] (MacKenzie, 1992:108), está proponiendo una verdadera revolución en el trabajo al ampliar la noción transferencial a todo el material que aporta el paciente. Se muestra así una dualidad: la totalidad del material producido por todos los miembros del grupo es tratado como si fuese producido por un solo componente en una sesión individual, y la relación de objeto que corresponde a la tensión grupal común es una abstracción del común denominador de este material[3] (Roy Mackenzie, 1992: 108), pero por otro lado, considera la importancia del individuo en el grupo en tanto que es un miembro intervinculado con los demás. De hecho, afirma que el material verbal, el lenguaje o comportamiento de un integrante está en relación con la psicodinámica de cada uno de los demás (Portuondo, J. L., 1972:23). Es decir, lo que cada cual aporta o no, lo que dice y lo que calla, la forma de hablar y de participar, lo que sucede en el contexto de la sesión, es expresión también del grupo como un todo y de las relaciones que mantenemos las personas que lo constituimos, conductor incluido.

Y así, es básico utilizar todo el material que aparezca en la relación de forma que cualquier cosa que diga o haga el paciente durante la sesión –movimientos, gestos, fantasías, sueños, recuerdos exactos o mentiras deliberadas– debe considerarse como lenguaje utilizado por él para manifestar su necesidad de establecer una relación con su terapeuta (Ezriel, H. 1979:287). Considero que esto es ampliable a todas las relaciones que todos establecen con todos, con el grupo y con el conductor del grupo, lo cual aporta una mayor riqueza informativa respecto del mundo interno del individuo. Y ¿qué es esa relación que tiene necesidad de establecer con el otro? Una relación que, como cualquier otra, está colmada de diversas fantasías: soy el preferido, el más inteligente, el más fuerte, el más atractivo… aspectos todos ellos que aluden a fantasías de relación de objeto mucho más primitivas y que ya son más difícilmente confesables. Lo que sucede es que no siempre uno es capaz de aceptar esas fantasías en toda su magnitud, por lo que de forma automática emerge una tensión entre la fantasía que deseo que se realice o actualice y el esfuerzo por ocultarla.

Aquí entronca con la idea de tensión cuya localización sería el trabajo analítico adicional (MacKenzie, 1992: 108). La tensión a la que alude Ezriel es la que procede del intento y del esfuerzo para resolver la lucha entre dos fuerzas cuya resultante es ese comportamiento alterado del que hablaba antes. Y esto es lo que sucede en el grupo: las personas, todas, en cada momento del grupo, representarían aspectos de estas fuerzas que tratan de imponerse subrepticiamente sobre los demás, a partir de las relaciones que cada uno desea establecer. La tarea del terapeuta consistiría, precisamente, en ir desvelando estas luchas y las personas que los representan con el fin de cortocircuitar la aparición de la comunicación alterada. Uno de los conceptos clave para ello es la idea de comunicación subrogada, por la que un individuo por el hecho de no intervenir activamente en el tema no significa que no participe, delegadamente, en las opiniones de algunas de las partes. O que participe de forma confusa, distorsionadora o con emociones no acordes con el momento real. Eso lo que produce es una serie compleja de reacciones que vienen a confirmarle a la persona que actúa así que, en efecto, algo anda mal. ¿Y qué anda mal? Pues en realidad lo que “anda mal” es el material vinculado con sus propias fantasías que no le permiten manifestarse con la suficiente libertad.

Esta es una visión de lo grupal que como puedes ver no queda muy alejada de la postura de Bion, sólo que mientras él habla de planteamientos de la mente grupal para poder identificar y trabajar con las ansiedades que derivan de la grupalidad y en cuyo planteamiento el sujeto parece quedar oscurecido, en el caso de Ezriel la persona queda ubicada en el debate que existe siempre en torno al deseo y su satisfacción expresados por los miembros del grupo centrándose siempre en el aquí y ahora de la sesión. Y todo ello es una dinámica inconsciente que determina unas relaciones que van más allá de lo que desde la realidad percibimos, son relaciones inconscientes. Estas relaciones, siguiendo a Portuondo, tienen por base los residuos de los conflictos infantiles no resueltos, conflictos para los cuales trata de encontrar una solución en su afán de establecer relaciones apropiadas con su actual mundo. Es a este profundo fenómeno lo que llama transferencia. (…) a su vez prescinde de las Interpretaciones genético-históricas (como Lewin) y sólo trabaja con los elementos actuales nacidos de las relaciones interpersonales del grupo (…) sostiene que cada persona trata de imponer un papel para establecer la relación objetal interna, (…) lo que genera una “tensión del grupo” (1972:24) Es un planteamiento que parece complementario al que nos ofrecía Bion.

Estos planteamientos, como irás viendo, son muy útiles ya que nos aportan una serie de instrumentos que podremos utilizar en una de nuestras tareas como conductores, la de conceptualizar lo que sucede en el grupo. Y me parece muy importante subrayar el proceso por el que poco a poco nos vamos acercando a la interrelación entre las personas en el aquí y ahora de la sesión. Ezriel, al indicar la presencia de fantasías inconfesables que luchan por actualizarse y, al mismo tiempo el temor a esa realización, de lo que habla es de las relaciones para organizar un mundo y una relación bajo mi poder, aspecto éste que está en la base de toda nuestra esencia. Es cierto que podríamos preguntarnos hasta qué punto las fantasías del individuo no son más que la expresión de fantasías que el grupo como tal no puede verbalizar. Por ejemplo, Nitsun nos hablará de cómo hay elementos antigrupales bajo la fantasía de “ser el mejor grupo”, o ser un grupo como el de “los cinco magníficos”. Por debajo de esta idea se esconden fantasías que no siempre el grupo es capaz de verbalizar generándose comportamientos un tanto alterados. Si pensamos en los lazos que unen a las personas, quizás uno de ellos esté aportando una determinada energía que se traduce en una expresión de fantasías poderosas y cuyo portavoz es la persona en cuestión. Esto se ve en numerosas situaciones familiares en las que un miembro de la familia, portavoz de la fantasía de ser la que se libera del padre más que nadie y para ello emigra por procedimientos políticamente correctos o no. La actitud de esta persona, que se acoge a un tema como “ir a ampliar estudios fuera”, será muy distinta si cree que es la la única “culpable” de haber “huido” de la familia, que si, considera este hecho como expresión de una dinámica familiar.

 

[1] Traducción del autor.

[2] Traducción del autor.

[3] Traducción del autor.

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