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Lunes, agosto 21, 2017
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53) ¿Qué otros planteamientos hay que se diferencien de esta forma de trabajar? 

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53) O sea, que todos estos autores siguen los planteamientos más individuales de la psicoterapia y utilizan los mecanismos que emergen en la situación grupal y la relación con el conductor, como instrumentos psicoterapéuticos. ¿Qué otros planteamientos hay que se diferencien de esta forma de trabajar?

Te decía que una de las posiciones consideraba el grupo como coadyuvante y es lo que hemos visto anteriormente. Pero había voces que apuntaban, tímidamente quizás, a que el grupo podía ser algo más. Este es el caso de W. Bion. Este psicoanalista comenzó a considerar al grupo como coagente del tratamiento lo que no deja de ser en sí una revolución. Esa consideración hace que el grupo adquiera un papel más relevante en el trabajo psicoterapéutico.

W.R. Bion, que fue discípulo y amigo de Rickman, ha tenido y tiene una notable influencia en el pensamiento grupal. Sus teorías surgen de los pequeños grupos a los que dirigió en la Clínica Tavistock (Rioch, 1979), y en el Hospital de Northfield en donde desarrolló una intervención dirigida a los que estaban internados en este Hospital Militar para ayudarles en su recuperación. Esta experiencia no pudo prolongarse más de seis semanas. Su propuesta teórica plantea la existencia de dos grupos simultáneos en cada situación grupal: el que denominó grupo de trabajo y el de supuestos básicos. Este segundo representa el elemento inconsciente de todo grupo y que se articula en torno lo que denomina supuestos básicos. Estos supuestos no son sino la expresión de una serie de fantasías colectivas que condicionan el funcionar de estas personas en el seno del grupo; y es extensible a otros grupos como equipos, grupos familiares o incluso a la misma pareja a la que considero, también, grupo. Además  articula en su teoría el concepto de Valencia y el de Estructura protomental. Ésta trata de enlazar los posteriores funcionamientos psíquicos a una matriz básica, arcaica, de la que derivan. Su pensamiento es  relevante hasta  tal punto que se le considera como el inspirador de una línea definida de intervención grupal: el psicoanálisis del grupo, y cuando se habla de la metodología de Tavistock se hace alusión al lugar en el que Bion desarrolló su técnica. En este sentido vamos a tener que utilizar un cierto tiempo en la comprensión de su propuesta.

Será difícil de explicar en breves palabras, limitadas además por la necesidad expositiva, la complejidad del pensamiento de Bion (y la de muchos otros). Bion, nacido en la India (Mutra) estudió Historia moderna en Oxford y posteriormente Medicina obteniendo la licenciatura a los 33 años. Incorporado al ejército, tuvo experiencias personales suficientemente duras, sobre todo siendo brigada a sus 19 años en el discurrir la primera guerra mundial. Y también en la segunda, si bien en esa ocasión ya estaba como psiquiatra y proviniendo de la Tavistock Clinic (Trist, E., 1985). De entrada señalar que no se consideraba psicoterapeuta de grupo. Siguiendo a Hopper, Wilfred Bion fue el primero en aportar un estudio psicoanalítico coherente del proceso grupal en su libro Experiencias en Grupo, publicado en 1961. Sin embargo, no se convirtió en grupoanalísta, y finalmente se abstuvo de utilizar los grupos con fines psicoterapéuticos.[1] (Hopper, E., 1997:443). Bion considera que el hombre está contra el hecho grupal más que a favor de él, aunque esta idea en realidad pretende subrayar las dificultades que tiene el individuo frente al grupo y no tanto una posición contraria a él. Y me atrevería a decir que posiblemente lo que expresa es esa dualidad que se constata entre los deseos de pertenecer al grupo y al tiempo los de abandonarlo por los temores a perder algo personal, algo muy del individuo. Posiblemente esta sea una de las causas que hacen que cuando estemos en grupo emerjan tales ansiedades. En su libro básico de referencia grupal,  publicado en nuestro idioma en el 1980, aparecen dos trabajos, un primero que alude a lo que fue la primera experiencia en Northfield[2] y que duró un total de seis semanas, y un segundo que recoge una completa elaboración de lo que sucedía en los grupos a partir de un encargo que le hace el Comité Profesional de la Tavistock Clinic de tomar a su cargo grupos terapéuticos. Al respecto dice, era evidente que para ellos yo había trabajado anteriormente con grupos terapéuticos. En verdad, sólo había experimentado tratando de persuadir a grupos de pacientes que la tarea del grupo fuera el estudio de sus tensiones  (Bion, 1980:31). En este texto cuenta lo que sucedió, y en el relato podemos ir comprendiendo cómo va elaborando una teoría del funcionamiento del grupo; teoría que por otro lado ha sido y es fundamental en el momento de comprender esta faceta del funcionamiento grupal.

En el estudio que realiza se posiciona frente al grupo, o dicho de otra forma, no se considera parte del grupo con la finalidad de estar en condiciones de poder trabajar desprovisto de cualquier influencia que modifique la vivencia del grupo. Algo así como un poder estar en blanco, sin deseos ni expectativas, sin distorsiones que provengan de otro lugar que no sea del propio grupo; sin embargo no niega cierta pertenencia y la posible repercusión que ello pudiera tener. Esta posición me parece paralela a la que el psicoanalista tiene ante su paciente: establece una distancia (el hecho de que no haya cruce de miradas ya marca una distancia importante), que es la que le permite disponer de una cierta objetividad en sus aportaciones. Si sigues atentamente el texto, comprobarás que hay un profesional que va trabajando a partir de aquello que le ofrecen las personas del grupo que tiene delante entendiéndolo como parte de un diálogo entre ellas y él. Para aumentar la comprensión de lo que le sucede al grupo (los individuos como tales no serian tan relevantes), utiliza lo que el grupo deposita en él ahondando en lo que percibe a partir de lo que va sucediendo. Es decir, trabaja los elementos transferidos por el grupo sobre él, y expone ese pensamiento al grupo para que siga trabajando. Es un maravilloso ejercicio y una demostración de lo que realiza un profesional de grupos. Aparecen algunas reflexiones que no quiero dejar de señalar. Por ejemplo: diría que el individuo en un grupo aprovecha su experiencia, al mismo tiempo se hace más exacto en la apreciación de su posición dentro del campo emocional, y más capaz de aceptar como un hecho el que aun su creciente comprensión es insuficiente para sus necesidades (Bion, 1980: 43), una idea que me parece resume bien el final del proceso terapéutico; y siguiendo esta línea de pensamiento, indica más tarde el grupo es esencial para que un hombre pueda llevar una vida plena (…) tan esencial como lo es para las actividades más obvias de la economía y la guerra (ibídem: 49). Y la necesidad grupal para la existencia del individuo: considero que la vida mental del grupo es esencial para la realización del individuo (…) y que la satisfacción de esta necesidad tiene que buscarse a través de la pertenencia a un grupo (si bien…) está en la naturaleza del grupo negar ciertos deseos y satisfacer otros (ibídem, 49). Creo que es en esa misma naturaleza que atribuye al grupo de donde parte la idea de que el hombre está en contra de lo grupal. Pero si hasta ahora las ideas son muy sugerentes, la noción de lo que es un grupo es aún más interesante. Considera como ya te he comentado, que el grupo no deja de ser un conjunto de operaciones mentales (acuérdate de cuando te hablaba de la idea de “función”) que no pertenece a nadie y al tiempo es de todos es como una función o una serie de funciones, o también como un conjunto de individuos. El grupo no es función de ninguna de sus partes en particular, ni tampoco es un conjunto sin función. (Rioch, M., (1970) en Kissen, M. 1979) Este aspecto es fundamental para comprender su posición: estudia aquello que surge de la relación entre los integrantes del grupo. Esta idea me parece no estar lejos de la que ya he comentado en algún lugar: el grupo es el conjunto de las interdependencias vinculantes entre los miembros que lo constituyen…

En otro lugar apunta la posibilidad de pensar en la idea de mente grupal como recipiente. Dice, arriesgaré la idea de la existencia de una mentalidad grupal que actúa como recipiente de todas las contribuciones anónimas que se hacen, y a través de lo cual se gratifican los impulsos y deseos implícitos en dichas contribuciones (Bion, 1980: 46) Fijémonos que recupera una idea que ya había aparecido en Le Bon, pero le añade una cualidad que será básica para continuar el desarrollo de su teoría: la idea de recipiente, es decir, la de que eso que denomina “mentalidad grupal” tiene como función primera la de contener el conjunto de aspectos que provienen de los integrantes del grupo, y secundariamente la de facilitar la gratificación de deseos que han sido expresados implícitamente. Posteriormente va pudiendo elaborar más esta idea y acaba señalando que la mentalidad grupal es la expresión unánime de la voluntad del grupo, a cuya formación el individuo contribuye de manera inconsciente, y que tiene sobre él una influencia enojosa cuando piensa o actúa en desacuerdo con los supuestos básicos. En consecuencia, constituye un mecanismo de intercomunicación diseñado para asegurar que la vida del grupo marche de acuerdo con los supuestos básicos. (ibídem: 58). Guillem, P., Loren, J. A. (1985) nos indican que Bion define como mentalidad grupal a la hipótesis de una actividad mental colectiva que se produce cuando varias personas se reúnen en un grupo. Está formada por deseos, impulsos o voluntades unánimes del grupo en un momento dado. Los miembros del grupo contribuyen a ella de manera anónima o inconsciente; pero al mismo tiempo constituye el mayor obstáculo para la realización de los objetivos que se desean obtener a través de su pertenencia al grupo  (:20). Es decir, que no existe tal mente grupal como entidad cuanto como derivado de lo que el grupo genera. Y que dicho producto colectivo desarrolla la función de contener (recipiente) y generar un espacio mental posibilitador del pensamiento.

En otro lugar introduce también la idea de cultura de grupo. Dice, incluyo en ella la estructura que el grupo logra en un momento dado, las tareas que se propone y la organización que adopta (ibídem. 50). Y señala que la cultura del grupo es una función del conflicto entre los deseos del individuo y la mentalidad grupal. (ibídem: 58). Esta idea me resulta muy sugerente porque en realidad, el conjunto de elementos que constituyen eso que se viene a decir “cultura”, es como la resultante que deriva de la realización de lo que unas personas son capaces de hacer dentro de una serie de determinantes que provienen del marco grupal en el que se encuentran. Los determinantes hablan de los elementos que contienen (recipiente) a los individuos, y lo que ellos desarrollan está animado, alimentado por una compleja necesidad de expresión de deseos. Es entonces, cuando, identificados los tres componentes, define el grupo: (que) puede ser considerado como un interjuego entre las necesidades individuales, la mentalidad de grupo y la cultura (ibídem: 50) Como ves, el grupo como tal no es algo tangible, palpable, algo cosificado u objetivado.

En esta continua reflexión nos plantea la existencia de dos grupos simultáneos, en realidad dos niveles o planos de funcionamiento: uno, el grupo de trabajo o sofisticado que es el que vemos todos cuando observamos un grupo. Es el grupo ceñido a la tarea que tiene que resolver y en el que se observarán determinadas dinámicas que pueden muy bien ser descritas por cualquiera. Es el grupo real y que queda impregnado por la actividad del segundo grupo: el grupo de supuestos básicos. Este segundo es un grupo inconsciente que se rige por la fuerza de tres posicionamientos fundamentales, premisas básicas (por  eso se les llama supuestos) que articulan todo el funcionamiento del grupo; o, para decirlo de manera más exacta, es una premisa que trata de combatir, controlar, la emergencia de ansiedades muy primitivas, ansiedades de categoría psicótica.

La idea de “supuesto básico” se me hizo más clara cuando leí a Rioch, quien nos dice que Suposición básica significa exactamente lo que dice, es decir, la suposición que sirve de base a la conducta. Es una expresión condicional. Uno se comporta como si esto fuera de una manera o de otra. (…) Bion utiliza esta expresión para designar a las suposiciones tácitas que prevalecen en los grupos (…), y no las que son manifiestamente expresas. Las suposiciones básicas de los grupos del mismo nombre suelen estar fuera de la conciencia. Sin embargo forman la base de su conducta. (Rioch, M., (1970) en Kissen, M. 1979: 150-151). Para decirlo de otra manera lo explicaré utilizando un paralelismo cultural que no me pertenece y del que perdí la referencia: antes de Copérnico se entendían las cosas que sucedían en la tierra bajo la idea de que ésta era plana. Esto era un supuesto desde el que se trabajaba. Cuando Copérnico modificó este supuesto se tuvieron que cambiar muchas cosas. Ese pensar hacía que la idea de llegarse hasta el horizonte que vemos cuando estamos en la playa mirando el mar, fuese terrorífica: ahí debiera haber una enorme cascada y el peligro de acercarse ahí, inimaginable. Esta explicación, en realidad, hace referencia a una forma de procesar la información que nos aportan las vivencias y representa una modalidad de pensamiento inconsciente.

Hay, pues, tres premisas o supuestos básicos. La primera de las premisas o supuestos es el de Dependencia: Los miembros del grupo, el grupo en su totalidad, considera que las ansiedades que están viviendo van a poder ser resueltas si se establece una relación de dependencia con el líder del grupo, en este caso su conductor. Todo dependerá de él, y los miembros del grupo actuaremos en función de lo que esta persona o personaje dictamine. Es un supuesto que cuando cristaliza da pie a este tipo de organizaciones en las que todo depende de una o unas únicas personas. O una o unas ideas (porque uno puede depender de las personas o de ideas, ideales, ideologías o banderas; cosa que saben bien los políticos y con ello juegan). Lo importante aquí es que esta estructura, esta forma de funcionamiento se articula frente a ansiedades muy primitivas en las que la idea de pequeñez, desvalimiento, incapacidad para hacer nada, impotencia, nulidad, e ideas similares adquieren la intensidad suficiente como para buscar desesperadamente que alguien externo nos salve. Es un grupo en el que lo que llamamos egoísmo (Rioch, 1979) campa por sus fueros. Aspecto éste que sin duda proviene de los movimientos regresivos a los que la propia ansiedad nos conduce y que en una vuelta a los comportamientos asociados a fantasías infantiles, el sujeto vela por su seguridad a través de primar todo lo que en cierta forma sostiene la seguridad de supervivencia por encima de todos los demás. La fuerza de esta angustia de supervivencia se convierte en una tendencia a depender de algo o alguien que le va a proporcionar la seguridad de sobrevivir. El individuo piensa sólo en sí mismo de la misma forma que sucede cuando uno es pequeño. Y esto sucede en la situación grupal porque las ansiedades que se le activan le fuerzan a realizar una regresión a etapas anteriores del desarrollo psíquico en las que primaba la supervivencia individual a la colectiva.

El segundo supuesto es el de Ataque y fuga. Los niveles de ansiedad aquí son también muy elevados. La idea de fragmentación, disolución de uno, de confusión, pérdida de la identidad, va poseyendo al funcionamiento del grupo y frente a esto debe protegerse. Para ello se impone la idea de que las ansiedades sólo pueden ser resueltas a partir de la discusión, del enfrentamiento, del atacar a algo o a alguien; y de desmembrarse, sub-agruparse, dividirse (en lo que sería una actuación de las ansiedades vividas) para que a través de esta, llamémosle operación, aquellos elementos que generan esa tensión desaparezcan. Sólo así se calmarán estas ansiedades que nos inundan y que tiñen todo el funcionamiento grupal de una idea paranoide. Si este tipo de creencia o supuesto cristaliza, es decir, toma cuerpo y se hace rígido, se estarán dando las circunstancias propicias para la aparición de las instituciones u organizaciones cuya forma de resolver los conflictos siempre sea a partir del enfrentamiento con el otro. Es  la creencia de que el establecimiento de la tensión es la única vía que existe para resolver los conflictos (es decir, las ansiedades grupales). Como en el caso anterior, la política y los políticos nos ofrecen numerosos ejemplos, cuando al encontrarse con las lógicas dificultades derivadas de posicionamientos e intereses diversos, apelan al contrario como “enemigo”, o presentan propuestas de “romper la baraja”. Y si antes era el egoísmo lo que podría figurar como eje de funcionamiento, en esta posición lo será el orgullo, la vanagloria o sus contrarios como la humildad y el desvalimiento, que se ofrecen como formas de asegurar y combatir la ansiedad que se está viviendo, como correlato a una nueva forma de supervivencia. En realidad es otra forma de regresión, una manera de deshacerse de aquellos aspectos que no son tolerados por uno y se le adjudican al contrario; y cuando se los autoadjudica, se humilla y autocastiga. Un grupo articulado en estos presupuestos es anti-intelectual y hostil a la idea de autoestudiarse (…) el grupo podrá charlar, hacer bromas, llegar tarde, ausentarse o dedicarse a innumerables actividades que lo desvíen de su propósito (Rioch, 1979:153). Fijémonos cómo en esta ocasión el elemento regresivo lleva a la escisión del mundo, por un lado en agradable y aceptado, y por otro en desagradable y por lo tanto rechazable. Es una posición más esquizoide, en la que resulta imposible o muy difícil aunar en una misma visión ambos aspectos de la realidad.

El tercer supuesto es el de Emparejamiento. Aquí la creencia establecida es que las ansiedades que emergen sólo tienen una salida: la creación de un objetivo que nos motive lo suficiente. Como fácilmente podemos comprender, la idea de finitud, de limitación temporal, de muerte por inanición o fin de proyecto, de falta de vida parece que deben ser compensadas por lo que en la vida cotidiana denominamos una fuga hacia delante. En este caso, el grupo considera que la única solución frente al conflicto con el que se encuentran es la de creer en la creación de algo que les una y aúne. Entonces el grupo cree que de las relaciones entre las personas que lo forman va a poder nacer una entidad nueva, una situación nueva que nos dará la felicidad a todos. Nuestra salida, pues, será la de tratar de crear algo nuevo entre todos, algo que facilitará e incluso aportará este elemento que nos falta aún y del que provendrá nuestro bienestar. El grupo potenciará las relaciones entre aquellas dos personas que satisfagan tal fin, colocándose como espectadores apasionados de las actividades de estas dos personas; o buscará una unión con el conductor que lo diferencie de otros grupos o una unión entre ellos, dejando aparte al conductor, de cuya cópula salga algo nuevo y definitivo. Cuando cristaliza este pensamiento en el grupo, éste busca siempre un objetivo cuya consecución será el producto ansiado con el que todos nos sentiremos bien y calmará nuestras ansiedades. Como antes, tanto en la política como en otros ámbitos de la cultura, prodigan ejemplos. En muchas ocasiones vemos proclamas de tipo nacionalista que no buscan sino organizar el mundo social, económico y cultural bajo la idea de que “nuestro país” es algo diferente al “otro” y, por supuesto, superior en todos los sentidos, facilitando la vinculación de las personas en torno a la idea de que “nuestro país” sí va a alcanzar las glorias que de forma mágica o represiva nos “fueron arrebatadas en un momento histórico”. En este terreno priman los ideales, la creencia mágica de arreglar el mundo, o el grupo como entidad perfecta; pero siempre condicionado a que no se llegue a alcanzar dado que si así fuera, el grupo perdería la esperanza que había depositado en la expectativa. La ansiedad y la respuesta regresiva lleva a la activación de fantasías de pérdida de la identidad, de vaciamiento de las propias vivencias afectivas, de ningunearse a sí mismos, activa reacciones desesperadas en búsqueda de algo que rellene, de contenido, aporte identidad. La ansiedad se calmaría a través de la fantasía de tener algo que de sentido a su propia existencia y le asegure la supervivencia tanto física como psíquica a través de quedar proyectado en ese proyecto o empresa.

Estos tres supuestos van juntos, es decir, no aparece uno sin el otro; forman como un triplete, en el que uno de ellos es el prevaleciente sobre los demás; y no significa que todos y cada uno de los componentes del grupo perciban el mismo supuesto, pero sí el conjunto. El análisis del supuesto en torno al que nos estamos articulando posibilita que el grupo acceda a otro de los supuestos, cualesquiera de los otros dos restantes. Y así sucesivamente, de forma que el pasaje por todos y cada uno de ellos posibilita que los miembros del grupo vayan depurando más y mejor sus relaciones grupales profundizando en ellas y, por ende, vayan resolviendo los conflictos que les han llevado al grupo.

Este concepto clarifica el funcionamiento de los grupos de trabajo. En efecto, dado que los supuestos básicos permanecen en la sombra del grupo de trabajo, el tipo de supuesto que predomina en el grupo condiciona y da forma a las relaciones que se perciben en él. Por ejemplo: la estructura educativa se articula, normalmente, bajo el supuesto de dependencia. El saber proviene del profesor. La autoridad, las decisiones, lo que hay que hacer o no derivan de su figura y de lo que ella representa. Pero si el propio profesor pretende renunciar a este supuesto (sin las elaboraciones que ello representa para el grupo), o si éste se ve desposeído de lo que este supuesto representa (numerosas familias no delegan su autoridad y saber en el profesor que es visto y concebido sólo como un trabajador casi en una cadena de montaje), lo que sucede es que la ansiedad del grupo busca una forma alternativa de resolver los lógicos conflictos de un grupo, bien pasando a una posición de ataque y fuga, bien a una de emparejamiento. En cualquier caso, lo básico y fundamental es que el funcionamiento del grupo sofisticado o grupo de trabajo viene condicionado por el supuesto básico dominante.

Ahora bien, estos aspectos aún teniendo el componente negativo que parecen destilar fácilmente, tienen otro aspecto más positivo (…) que es el uso complejo de la debida suposición básica por el grupo de trabajo (Rioch, 1979:155), con lo que cuando el grupo puede comprender que parte de su tarea viene condicionada por vivencias y fantasías inconscientes, la posición relativa de cada miembro respecto al compañero y a la tarea se puede modificar.

Junto la idea clarificadora de los supuestos básicos introduce el concepto de Valencia. Con ella describe la forma, la fuerza, con la que cada miembro se vincula con el grupo y con los demás. Es una fuerza personal, individual. Y viene a ser el potencial de identificación proyectiva, con el que cada miembro del grupo entra en él: Propone el término de valencia para hablar de la capacidad de un sujeto de entrar en una combinación o reacción instantánea e involuntaria con otro sujeto para compartir un supuesto básico (Portuondo, J. L., 1972: 33; Guillem, P., Loren, J. A., 1985: 20) o quizás mejor,  se utiliza para designar la disposición en que se encuentra un individuo para entrar en combinación con el grupo, en definir y llevar a cabo las suposiciones básicas. (Rioch, 1979:156). En realidad es uno de los aspectos que tratarás de valorar cuando quieras organizar un grupo: ver si la capacidad de relación y combinación con otros miembros del grupo va a ser facilitadora de la tarea o no.

Para Bion la valencia es algo biológico y la describe como análoga al tropismo en las plantas en lugar de equipararla a un comportamiento más intencional. Por el hecho de utilizar un término físico en lugar de psicológico o sociológico, subraya los aspectos instantáneos e involuntarios del tipo de conducta que describe, y al cual llama instinto, por lo que es algo que va más allá de las capacidades o las voluntades personales. Ahora bien, ese tropismo viene “coloreado” por la tendencia a uno de los tres supuestos básicos. Y así, un grupo maduro que aprovecha sutilmente las suposiciones básicas apropiadas del líder, el líder del grupo de dependencia es responsable, el del grupo de huida o ataque, es valiente, y el del grupo de apareamiento, creativo (ibídem:156) Este elemento de anclaje dispone de una cualidad que  facilita a cada individuo una mayor vinculación cuando el grupo está en el supuesto equivalente a esa cualidad personal; se entiende desde ahí que cuando en el proceso grupal, el grupo va pasando varias veces por los diversos supuestos, en cada una de ellas, cada  miembro del grupo se ve replanteado en su propio supuesto y ante la presencia menor de los otros supuestos en sí mismo, lo cual le beneficia. Por lo tanto, el progresivo pasaje por los diversos supuestos va incrementando los niveles de conexión entre los miembros del grupo.

Finalmente, otro de los conceptos en los que sustenta su planteamiento es el de la estructura protomental[3], que lo define como un sistema donde lo físico y lo psicológico o mental se hallan indiferenciados, es una matriz de la que surgen los fenómenos que en un principio parecer ser sentimientos discontinuos sólo muy ligeramente asociados entre sí, es de esta matriz de donde parten las emociones propias del supuesto básico que refuerzan, invaden y en ocasiones dominan la vida del grupo (…) estos niveles protomentales son los que dan origen a las enfermedades de grupo. Estas enfermedades se manifiestan en el individuo pero sus características demuestran con claridad que es el grupo el que está atacado, más que el individuo (Bion, 1980: 84). Hay que reconocer que este concepto no es sencillo, pero gracias a él nos aporta una explicación de la estructura con la que el ser humano se articula a partir de un momento en el que la diferenciación biológica y psicológica todavía no se ha alcanzado, ofreciendo una forma de interrelacionarse con los demás a partir del supuesto básico que queda oculto, sin desarrollarse, dentro de la llamada estructura protomental. Es una propuesta que arraiga al individuo con su propia evolución y la del género humano en tanto que sus raíces lo anclan a los ancestros a los que pertenece y que se articularían en un estado protomental originario. Recordemos que ya Klein hablaba de ello aludiendo a una intuición biológica que lleva al sujeto a algo. En realidad este aspecto es más detectable en situación de grupo grande, percibiéndose con más claridad las fuerzas que determinan el funcionamiento de cada individuo en este contexto. Y a mi modo de ver no nos aleja, sino que nos ilumina sobre la idea que aparecerá más tarde de la mano de Burrow de filogenia, o lo que denomino como genética psicológica.

Desde esta perspectiva, comprenderemos que el terapeuta se llame así: se ubica en la frontera entre el grupo y el exterior, y casi diría que más fuera que dentro, estableciéndose una relación que básicamente va del grupo al terapeuta y de éste al grupo. Los integrantes del mismo quedan relegados a un segundo o tercer plano.

Reconozco que hay aspectos que me gustan mucho del planteamiento de Bion. No lo voy a negar. Y entre otras cosas por lo claro que es (por mucho que su lectura resulte espesa producto, quizás, de lo complicado que es una traducción). Y creo que todos los que nos dedicamos a esta función conductora deberíamos saber acogerla con una cierta admiración. Sin embargo, difiero en algunas cuestiones, como es el caso de la posición que adopta el conductor en el grupo y, sobre todo, la comprensión que ofrece de las interrelaciones vinculantes ya que parecen quedar bajo la égida de unas fuerzas ajenas al sujeto individual. Para mí, el conductor está dentro y fuera del grupo. Su lugar es ubicuo. Ello significa que en ocasiones me debo poder poner fuera del grupo, ver cómo éste actúa “como una unidad” ante mí y cómo respondo ante él; lo que no quiere decir que sólo ocupe este lugar. Formo y formamos parte de la constelación de personas que trabajan en un tiempo y en un espacio determinados por el marco de trabajo. Pero simultáneamente este formar parte conlleva que también pueda situarme fuera del grupo, para pensar desde fuera, para plantearme diversas hipótesis. Y entre éstas, la consideración de los supuestos me parece una buena forma de entender algo más de lo que ahí se está cociendo. Y eso es la contemplación de una entidad diferente a la individual, la grupal, sin tener que renunciar por ello a la individualidad de cada uno.

 

[1] Traducción del autor.

[2] En realidad dicho experimento proviene de otro anterior, el realizado junto con J. Rickman y denominado “Experimento Warncliffe” (Bion, 1980: 70. Nota a pie de página)

[3] D. Luna  señala que  La estructura protomental significa la realidad última o realidad psíquica incognoscible (en el sentido Kantiano) que, por lo tanto, sólo puede ser conocida a través de sus transformaciones. Bion lo representa con el símbolo 0. Parece asimilable estas conceptualizaciones de la Estructura protomental al concepto de “el co-símismo” de A. Abraham (1994) con el que este autor describe “las emergencias inmediatas y masivas de un estado caótico, de un estadio pre-objetal donde aún no existe clara distinción entre sujeto y objeto, igual a las nociones de “sí-mismo-originario-ilimitado” o de “psiquismo primario”. Son conceptos homologados que describen un estadio psíquico primero que la situación de grupo movilizaría y que sería necesario para todas las organizaciones posteriores. Nota manuscrita

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