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Lunes, agosto 21, 2017
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48) ¿Quien inició realmente un trabajo que pudiera llamarse psicoterapia de grupo? 

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48) ¿Podrías decirme quien inició realmente un trabajo grupal que pudiera llamarse psicoterapia de grupo?

Por supuesto. Entiendo que me he liado un poco, si bien no era esa mi intención. El autor que propuso el término fue Moreno y quien fue uno de los principales promotores de la intervención grupal; ahora bien, también lo fue Slavson. ¿Cuál es la diferencia? Como intentaré explicarte, Lola, varias son las diferencias que a mi juicio existen: por un lado la comprensión del conflicto psíquico. Moreno no estaba por la labor de Freud, en tanto que Slavson sí. Pero por la misma razón, mientras que el segundo argumenta lo que va haciendo en el marco de la teoría psicoanalítica, el primero centra su interés en la expresión del individuo. Y también en la utilización de técnicas de tipo dramático –psicodrámatico diríamos ahora– que si bien Slavson no las repudiaba, no tenían la misma filosofía. Es decir, las propuestas de trabajo de Moreno no parecen considerar tanto el análisis del conflicto psíquico cuanto el conflicto del individuo, sin más. Por esto centra sus intervenciones en un aspecto más catártico, más expresivo del conflicto y en la utilización del grupo para favorecer su desarrollo personal, pero sin el análisis psicológico de lo que ahí ocurre. Cierto que el entorno en el que lo realiza es el grupal e incluye a los miembros del grupo como auxiliares en esta intervención. En este sentido, sí me parece que la postura de Moreno, aún ubicando el problema en el sujeto y su vinculación con el cosmos y su planteamiento de psicoterapia de grupo, difiere de otros autores que consideran las aportaciones de Freud como un punto de partida y de reflexión importante. Por esto, Lola, hay algún aspecto de su aportación que queda como apartado y sólo la utilización o inclusión de aires más psicoanalíticos recuperan un poco su iniciativa. Otra cosa es que haya quienes tomando los desarrollos de Moreno y los hayan emparejado o empapado de la conceptualización psicoanalítica; lo que es ya otra cosa.  Vamos de todas formas a comenzar por él, por Moreno.

Jacob Levi Moreno (1890-1974), nace en Bucarest y creció en Viena en donde estudió medicina. Fue  alumno de Carl Gustav Jung. En un momento de su vida, cesa de utilizar su nombre de pila para llamarse simplemente Moreno (Schützenberger, 1980:47). Ya en el período de 1908 al 1913 organiza grupos de niños. Dice Moreno, mis comienzos prácticos se remontan al año 1910. En los parques de Viena comencé entre 1910 y1914 a formar grupos infantiles, para jugar con ellos, improvisadamente, al teatro y plantar así la semilla de la psicoterapia de grupo y el psicodrama. Proseguí el experimento con grupos de discusión con prostitutas, en Spittelberg, en los años 1913-14. Mis observaciones y estudios en el campo de refugiados de Mittendorf en Viena coronaron este primer período (1987:24). En el año 12 tiene, al parecer, un encuentro malogrado con Freud[1], que posiblemente tuvo una incidencia en la forma de trabajar ya que Moreno nos informa que La máxima resistencia contra el desarrollo de la psicoterapia de grupo procedió lógicamente, entre los años 1914 y 1932, del psicoanálisis de Freud. Él vio en la situación de grupo el retorno forzoso e insuperable a la horda primitiva. Freud no fue consciente de las constelaciones fluidas y en el incesante cambio de los grupos reales. (1987:25-6), lo que de alguna forma recuerda algo que ya te he dicho: Freud pensaba más en grupos grandes que en los pequeños. En este sentido Lemoine (1979) nos dice que el propio Moreno resumió del siguiente modo su descubrimiento del psicoanálisis, cuando se produjo su encuentro fallido con Freud. En 1912, cuando Freud lo interrogó al término de un curso en la Clínica Psiquiátrica de Viena acerca de sus actividades, respondió: “yo comienzo allí donde usted termina, Usted ubica a las personas en una situación artificial en su consultorio, yo las encuentro en la calle y en su casa, en su medio natural, Usted analiza sus sueños, mientras yo, por mi parte, intento infundirles coraje para seguir soñando. Les enseño a la gente a representar el papel de Dios” (1979:10). Parece que con estas palabras se desmarca claramente de los procesos psicoanalíticos. Sin embargo, esto no va a suponer, como se verá, que todos los desarrollos de la psicoterapia de grupo con influencia psicodramática no incluyan las teorías psicoanalítica. Pero en cualquier caso, sigamos un poco más en la propuesta de Moreno.

Moreno es un autor importante. González, P. (1997) señala de él que tiene una imagen optimista del hombre, lo que lo sitúa en uno de los precursores del humanismo en Psicología, aunque adopta un punto de vista extremadamente redentor y mesiánico (:47). Según esta autora, la teoría de Moreno surge a través de su sistemática oposición a Freud. Criticó el método psicoanalítico de análisis de la asociación de ideas como método adecuado del análisis grupal. En su lugar ideó el método de la asociación libre de individuos, es decir la sociometría. (1997:48) Moreno concuerda con Freud en aquello que es fundamental en el hombre: sus emociones, pero discrepa totalmente en el tratamiento de las mismas. (…) Para Moreno, las emociones dirigen positivamente al hombre, mientras que para Freud las emociones son distorsiones que lo patologizan. Para Freud el hombre es un ser pasivo y al que le determinan los condicionantes externos, mientras que para Moreno el hombre se crea y autodetermina a través de la acción. En Freud lo fundamental es el análisis, una forma más de pasividad frente al entorno, y para Moreno es a través de la actividad como el hombre puede regularse y superar sus conflictos internos, de ahí la importancia de la acción en el pensamiento de moreno (:44). Si ciertamente esta es la idea que subyace, se entiende el desencuentro con Freud. Como se aprecia, las ideas de Moreno creen más en las fuerzas que provienen del grupo de personas con las que estamos que en las que residirían en el interior del sujeto. Desde esta perspectiva está cerca de mi pensamiento al reconocer, en cierta modo, la capacidad normogénica del individuo.

En 1921 se inicia el “teatro improvisado” y en el 23 parece que tiene lugar el inicio propiamente dicho del teatro terapéutico. Ya en EEUU, en el año 31 forja el concepto de “psicoterapia de grupo” y lo utiliza en el Congreso de la Asociación Americana de Psiquiatría. Siguiendo a Schützenberger (1980) aparecerían tres vías abiertas por Moreno: la sociometría, el role playing y el psicodrama. El objeto de la sociometría abarca el estudio de las relaciones interindividuales: simpatía, agresividad, hostilidad, indiferencia, respeto, aceptación, tolerancia, modos y estilos de comunicación, el telé, estatuto social y estatuto sociométrico… (1980:53) El Role Playing forma parte de los métodos activos de la pedagogía que permiten hacer viva la enseñanza (…) tiene una función “paraterapéutica” (el entrecomillado es mío) en la medida en que permite una sensibilización a las relaciones humanas y a la dinámica de la interacción de grupo (1980:54). El psicodrama es esencialmente terapéutico (…) definido por Moreno como el hecho de representar su vida en la escena psicodramática (…) es una extensión, mediante la representación dramática de escenas reales o imaginarias, de lo que se expresa más completamente bien para intentar desbloquear una situación traumatizante pasada, bien para afrontar una situación difícil (1980:55). Es decir, la psicoterapia de grupo de Moreno tiene en el Psicodrama su expresión terapéutica.

A partir de lo expuesto y al emerger la idea de terapéutico podemos plantearnos la cuestión de qué es para él eso del conflicto y en dónde se ubica. Reconozco que no me resulta fácil contestar a esta pregunta. De hecho en el texto de Moreno que corresponde al año 1959 y con cuya edición del 1987 he trabajado, no se encuentran citas de autores que me ayuden a situarlo claramente en este punto. Para él el hombre es algo más que un ente psicológico, biológico, social y cultural; es un ente cósmico (:16). A partir de ahí subraya la voluntad de valer” ubicando al sujeto en el universo y declarando que el grupo terapéutico es no sólo una rama de la medicina y una forma de sociedad, sino también el primer paso hacia el cosmos (:16), siendo el lenguaje el instrumento principal de comunicación; pero como este lenguaje no es más que una forma logizada y sintáctica de comunicación, en realidad una gran invención social no puede acabar de tener en cuenta las primeras etapas del desarrollo de la vinculación interhumana ni la vida “preverbal” del niño (:16) y dado que el lenguaje no agota toda la psique, deja inutilizadas ciertas dimensiones, por lo que el método psicodramático intentó llenar esta laguna desarrollando una psicoterapia profunda de grupo (:17). A partir de estas consideraciones, me permito deducir que para él, el conflicto guarda relación con una dificultad comunicativa y de conexión con el grupo, con el cosmos y que no tendría ninguna conexión con la psique del sujeto. Provendría de la paralización de la capacidad de realizarse como consecuencia de inhibiciones o tensiones de tipo represivo que derivan de la presencia de otros, de los temores que asociamos a nuestras propias acciones, de la paralización de nuestros propios recursos personales. Ante ello se trataría de facilitar la emergencia del problema, la expresión del mismo, como si éste fuera tal porque ha quedado bloqueado en el individuo.

Cuando esto sucede lo apremiante será lograr que se exprese, que salga de él ese nudo que le ahoga. Para ello, será fundamental la utilización del grupo en tanto que son los compañeros que se prestan a representar el nudo que le atormenta, o para ofrecerle la posibilidad de comprender, mediante la acción, su propia problemática, Se convierten en figuras auxiliares que le permiten escenificar y representar la vivencia del conflicto incluso para proponer alternativas a su conducta. Es decir, el profesional no busca tanto el análisis psicológico del problema conceptualizándolo en un corpus teórico sobre la psique humana para que a través de ese análisis realizado en un campo transferencial pueda ser entendido, sino que busca la expresión del mismo, su visualización para que tras ella, el paciente adquiera una nueva conciencia de la situación. En eso residiría la ruptura o distanciamiento de Moreno en relación a la teoría psicoanalítica. Su propuesta trataría de oxigenar la relación terapéutica sacándola de los espacios más internos.

El conductor no aparece como tal en su descripción del grupo de psicoterapia. Podría suponer que es un catalizador, en cualquier caso un miembro especial, pero con similares responsabilidades en el proceso terapéutico que las que sustentan todos los miembros del grupo, e incluso aceptando que ocasionalmente puede utilizar el grupo para resolver conflictos personales. Utiliza o puede utilizar diversos “terapeutas auxiliares” que son los que se prestan para poder escenificar la situación conflictiva del paciente. A su cargo está la productividad terapéutica y la estabilidad del grupo (:87), pero es también un miembro más del grupo y como tal también sus problemas personales pueden en ocasiones ser objeto de una discusión terapéutica (:87). Y de hecho, cuando habla del juramento hipocrático señala que todos los miembros del grupo deben compartir la responsabilidad, tanto los pacientes como los terapeutas auxiliares (:19). Ahí podemos ver un elemento muy interesante que será incluido a su manera por Foulkes: todos formamos el grupo.

Moreno (1987) propone varios principios: Telé (relación elemental que puede existir tanto entre los individuos mismos como entre ellos y los objetos y que en el hombre se desarrolla paulatinamente desde el nacimiento y lo podríamos entender como la capacidad empática), Cohesión de grupo (función de la tele-estructura), Teleproceso; y señala que el objetivo de la psicoterapia de grupo es a) favorecer la integración del individuo frente a las fuerzas incontroladas que lo rodean (…) b) promover la integración del grupo (1987:78) El trabajo se basa en el principio de la interacción terapéutica, el de la espontaneidad, el carácter directo e inmediato de la interacción en el grupo. La visión que tiene de la persona es la de un ser en continua interacción, o mejor, en continuo encuentro (ahí incluye el lenguaje no verbal y la capacidad de unificarse con el otro). Me parece interesante lo que Moreno introduce como Telé ya que hace alusión a esa interdependencia entre las personas que posteriormente recogeremos en otros autores.

Ya se ve cómo veo las cosas y que considero que tan sólo aquellas aproximaciones a la técnica de Moreno que vayan más allá de la representación, de la Catarsis, y que conciban la idea de que aparezca un análisis de las estructuras psíquicas, podría considerarlas como Psicoterapia de grupo. En este sentido, tres serían las corrientes que, a decir de Schützenberger y Sauret (1980) emergen a partir de Moreno: el Psicodrama clásico americano “moreniano” que se funda esencialmente en la representación, directa, rápida, activa, dirigida, a menudo espectacular y eficaz (..) no nos preocupamos de la transferencia sino de la creación de un clima de grupo propicio y de la animación de la sala, del auditorio, del protagonista(:57); el Psicodrama Analítico Francés o “Psicoanálisis Dramático de Grupo” en el que encontramos nombres como S. Lebovici, D. Anzieu, D. Widlöcher y M. Soulé. Se trata esencialmente de un psicodrama terapéutico individual de niños (…) desde hace poco (1975) Anzieu integra el “Psicodrama corporal” y comienza a utilizar el cuerpo (…) Paul y Génie Lemoine intentan, desde 1970, integrar las teorías psicoanalíticas de J. Lacan con su versión del psicodrama (: 58-9); y la tercera corriente sería la del Psicodrama Triádico: Para Anne Ancelin Schützenberger, la tríada es una metabolización de los enfoques de Freud, K. Lewin y Moreno, es decir, de una extensión representada (psicodramáticamente) de la vivencia de un grupo de “grupo-análisis”, empleando a la vez la transferencia y la dinámica de grupo, como todo el arsenal clásico del psicodrama moreniano (:59). Es decir, a partir de la propuesta de Moreno, unos optan por ceñirse a lo que serían los aspectos psicodramáticos en tanto que otros los utilizan como una vía complementaria de acceso a los elementos inconscientes del sujeto.

También en esta clasificación que nos aportan Schützenberger y Sauret, situándonos en una posición más moreniana podríamos incluir a Rojas Bermúdez (1984) quien tras trabajar con él nos recuerda que Moreno desecha la teoría del “trauma de nacimiento” de Rank y Freud y considera el nacer como una de las situaciones naturales por las que debe pasar el individuo durante su desarrollo (:49) Para Rojas habría un proceso evolutivo desde la gástrula al embrión para llegar al feto y, tras haber superado los niveles evolutivos propios, el ser humano debe nacer. Este nacer es un acto compartido en el que los diferentes esfuerzos del feto se integran con los de la madre, y cuyo resultado final es la individuación y la conquista del espacio por un nuevo ser, que a continuación se implanta en una nueva matriz, la matriz de Identidad (:49) El nuevo ser se implanta en el grupo social.

Hay otras propuestas como la de Pavlosky, E., Martínez Bouquet, C., y Moccio (1979), quienes abordan y conciben el conflicto desde una línea psicoanalítica (A.Freud): el psicoanálisis es el esquema teórico necesario desde donde encaramamos el desarrollo de estas nuevas técnicas y la comprensión de distintos fenómenos que se nos presentaban como resueltos de un modo incompleto en la práctica diaria del hospital o del consultorio (:15) Esta posición no está muy alejada de la que plantean Gennie y Paul Lemoine (1979) para quienes al encontrarse ante un debilitamiento de la teoría Psicodramática indican que les (…)  incitó a elaborar una teoría precisa y a determinar con mayor rigor los conceptos que Moreno fundamentó sólo en su práctica. En el plano teórico, nuestro trabajo se caracteriza, en primer lugar, por el retorno a Freud y por una referencia a Lacan. Consideramos que el “juego del carretel” o del “fort-da” descrito por Freud constituye la matriz de todo el psicodrama (1979:11). Y desde el planteamiento Lacaniano tenemos las interesantísimas reflexiones de Moustapha Safouan (1979) con quien nos introduciríamos plenamente en el Psicodrama Galo.

No quisiera dejar de mencionar una técnica que, si bien no es propiamente psicodramática, tiene fuertes conexiones con ella. Se trata de la Escenoterapia, una forma de Psicoterapia grupal de orientación psicoanalítica desarrollada por un grupo de profesionales del Centro Médico Psicológico de la Fundación Vidal y Barraquer de Barcelona en el año 1972 (Cabré. V. 2002:11). Una técnica con la que pretendemos ayudar al desarrollo de la persona, utilizando la actividad lúdica y los recursos escénicos (“técnicas dramáticas de improvisación”) con finalidades terapéuticas y madurativas, al tiempo que diagnósticas y preventivas (…) el marco teórico en el cual se sustenta la escenoterápia es el psicoanálisis (:18). Según Cabré, esta forma de ayuda se contempla con dos elementos básicos: 1) la situación de grupo y 2) la utilización de recursos escénicos. Estas técnicas que han ido apareciendo son variaciones de una línea que inició Moreno y en tanto que unas ponen más el acento en la representación y en la catarsis, estableciendo un modelo menos impregnado por las teorías de Freud, otras le toman como un referente necesario para el trabajo grupal que realizan.

En cualquier caso considero que, si bien es cierto que la visualización de las situaciones que ha vivido una persona conlleva un importante componente terapéutico ello no ha de significar que se dejen de lado no sólo la verbalización sino la comprensión de los procesos inconscientes que condicionan el funcionamiento humano, y sobre todo, la comprensión emocional de los mismos, es decir, el insight y por supuesto la transferencia. Estos procesos inconscientes podemos considerarlos como “recluidos” en un espacio mental que ha quedado reprimido, o que simple y llanamente se refieren a todas aquellas circunstancias, vivencias, hechos que han sucedido en nuestro entorno, que nos han afectado y que hemos apartado de la memoria. La comprensión de todos estos aspectos así como de las fantasías que se organizan para cubrir estos espacios que han quedado bajo el efecto tippex de nuestra actividad represora, son muy importantes para una buena resolución los procesos psicoterapéuticos.

 

[1] Hay una reseña bastante completa de las etapas de la vida en este mismo libro de Schützenberger. A él remito al lector para la consulta de aspectos más concretos.

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