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Sábado, noviembre 18, 2017
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23. Y…, patología grave, ¿tiene experiencia? 

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Bueno, he trabajado durante muchos años en la Unidad de Hospital de Día del Servicio de Psiquiatría del Hospital de Basurto, y eso ya es una experiencia con patología grave, claro.

En estos momentos atiendo a algunos casos de patología obsesiva importante, y a un psicótico de larga duración. Es un hombre que tendrá sobre los 45 años y presenta en estos momentos un cuadro de Parkinson que le complica mucho la vida. Pero a lo largo de esos casi veinte años de trabajo, nada tiene que ver con aquella persona delirante que conocí tiempo atrás. Con todas sus grandes y graves dificultades, tiene una relación de pareja estable (llevan tres años juntos) y creo que es de los éxitos terapéuticos de los que me siento más satisfecho.

Es un hombre que se vino abajo a sus 14 años. A pesar de todo y de la gravedad del caso, sus padres han sido capaces de sostenerlo y nunca ha estado ingresado. Eso sí, grandes dosis de medicación desde tiempo ha. Pero a pesar de su cuadro delirante, a pesar de sus constantes alucinaciones visuales, auditivas e incluso olfativa, va haciendo lo que puede con su vida. Incluso en algún periodo pudo trabajar como acompañante de alguna persona y como repartidor en una floristería. Y es una auténtica delicia de persona. Sensible, capaz de hablar de cosas de mucho calado cuando los elementos delirantes quedan más contenidos. En ocasiones hablamos en inglés, idioma que aprendió de chico y del que conserva una buena capacidad: hasta el extremo de que nuestras conversaciones en inglés son más cuerdas que las que se realizan en español.

Pero lo más gratificante es el afecto que me tiene: es un aprecio colmado de gratitud y que, en la medida de sus posibilidades, lo materializa trayéndome videos o música clásica (sabe un montón de ella). Eso, y el sostén que le proporciona su pareja, una muchacha muy sensible (con un profundo dolor en su corazón) que es capaz de acompañarle; bueno, son capaces de acompañarse mutuamente.

En ocasiones su clarividencia es tal que permite dibujar el escenario familiar y el enorme sufrimiento que este grupo humano tiene sobre sí, y cómo este sufrimiento es tomado por este amigo mío considerándose por un lado responsable del mismo (el no tiene nada que ver con ese dolor de los padres), y planificando de forma delirante, las vías de solución y restablecimiento del orden que se perdió en su infancia.

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