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Viernes, agosto 18, 2017
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19) ¿Cuándo y cómo se inician los grupos terapéuticos? 

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19) Tras todos estos elementos generales, ¿cuándo y cómo se inician los grupos terapéuticos?

Clásicamente se considera que fue Joseph H. Pratt  (1872-1956), quien pone en marcha un primer grupo terapéutico bajo la forma de “Método de clase”. Esta experiencia, con pacientes tuberculosos, fue pensada como “método de reeducación emocional y persuasión” y una vez la hubo puesto en marcha se dio cuenta de los beneficios que aportaba dicha innovación. Tras él aparecen una serie de profesionales que utilizan ese método de impregnación pedagógica, divulgativa y reforzadora de conductas, para poder ayudar a personas que presentaban problemas médicos. Y más tarde comienzan a haber profesionales que bajo la misma perspectiva psicopedagógica, lo aplican a enfermos mentales.

Podríamos pensar que la utilización de los grupos como coadyuvantes terapéuticos es vieja como la historia[1]. Pero para concretar un poco esta idea, Moreno J. L., nos señala que “los conventos cristianos, en su intento de fundar familias “sintéticas” anticiparon en cierto grado la moderna psicoterapia de grupo. Se puede definir dos tipos de movimientos definidos en la evolución de los conventos. Uno (…) de tipo individualista de convento, que floreció en Egipto y Siria. Se trataba de un intento de curación por aislamiento de la comunidad (…) (el otro) el centrado en el grupo. El camino solitario hacia la santidad, que sólo muy pocos individuos destacados podían transitar, se mostró como un fracaso para la gran mayoría de los monjes que se desarrollaban mejor en una organización que prevé (…) un entrenamiento a través del roce con otros individuos, lo que demuestra espléndidamente la regla de San Benedicto” (1987: 181). El grupo aquí era un coadyuvante en tanto que la presencia de los otros acababa de ayudar en el objetivo que deseaban alcanzar los monjes.

Pero en realidad la utilización del grupo como instrumento terapéutico es vieja casi como la historia de la humanidad.  Porque como ya te he comentado anteriormente, en tu segunda pregunta, podemos ver el uso del grupo como elemento que ayuda, como un elemento coadyuvante. Las agrupaciones de pacientes ya debían ser una práctica común y posiblemente algo de ello debía haber en la creación de los llamados Hospitales. De hecho, ya la civilización árabe agrupaba a los que eran considerados como “enfermos mentales” en espacios que podrían ser considerados como Hospitales psiquiátricos (en el S. VIII, en Bagdad; en el IX en Damasco, en el XII en Alepo, Kalahoma, el Cairo y Fez) y, al parecer, dado que eran considerados como poseídos por Dios, el cuidado era el que se le debe propiciar a alguien que es templo Divino. La cultura Judeocristiana fue transmutando esa idea en “Poseídos por el Diablo”, por lo que su tratamiento tenía una connotación contraria. A pesar de ello, en España, el trato que se les dio resultó muy variado. En los primeros hospitales Psiquiátricos de nuestro país (Granada, 1365; Barcelona, 1401; Valencia, 1409; Córdoba, 1419; Zaragoza, 1425; 1436, Toledo, 1480), se impartían todo tipo de “tratamientos”, desde los que suponían el aislamiento en “jaulas de locos”, hasta los que, por ejemplo, se habían desarrollado con una participación de los pacientes en la vida cotidiana en el Hospital de Nuestra Sra. de  Gracia (Zaragoza), y que fue reconocido por Pinel como un adelanto en la atención psiquiátrica.

Ahora bien, si seguimos la minuciosa introducción de Klapman, J. W. (1959), nos dice que generalmente se considera que la psicoterapia de grupo como disciplina concreta tiene un origen muy reciente. Sin embargo, si el trabajo de Mesmer en sus charlas o grupos de sugestión e hipnosis se pudieran incluir en la noción de psicoterapia de grupo, entonces la antigüedad de esta disciplina se retrotrae al menos ciento sesenta años (…) En 1904, Camus y Poignez publicaron un texto “Aislamiento y psicoterapia” en donde se subraya una de la primeras reconocimientos del poder de las influencias del grupo (…) de forma insignificante e incidental, realizaron varios comentarios sobre el relativo éxito de los tratamientos a pacientes psiconeuróticos tratados en la sala Pines de Salpetriere, contrastando con la mejoría en el estado mental de los de aquellos pacientes tratados en las salas privadas. Sin embargo, un elemento significativo quedó sin subrayar ya que no fue suficientemente apreciado por Camus y Poignez, y que hace referencia a que en la sala Pinel, en su totalidad, los pacientes ejercían entre sí una recíproca influencia mutua[2] (:1-2). Ahí tenemos, sorprendentemente, otro inicio de lo grupal que también nos lo traen Portuondo, J. L., (1972) y Moreno, (1987).

Ya más cerca en el tiempo, J. H. Pratt  (1872-1956), es quien introduce lo grupal como forma de terapia. Era un internista que trabajaba en el Boston Dispensary, del Massachussets General Hospital, en donde buscaban atención médica cientos de enfermos de tuberculosis, especialmente de clases económicamente deficitarias y que no podían pagarse en la mayoría de las ocasiones, un tratamiento en otros lugares más adecuados. Ideó un sistema que le permitía atender mejor a sus pacientes, y que denominaba “método de clases” (Class Method). Las inicia el 1 de julio de 1905, y las calificó de algo así como control del pensamiento para las alteraciones nerviosas funcionales. La forma de enfocarlas era concebida como una “reeducación emocional y persuasión”  y consistía en un intento educativo para enseñar a sus pacientes “cómo cuidarse mejor a sí mismos y a su enfermedad” incorporando “una serie de técnicas de conducta (toma diaria de anotaciones respecto la enfermedad, respecto el peso, etc.) que eran mostradas públicamente al grupo” lo que facilitaba el refuerzo de los progresos por parte del grupo. Y concluyó que “el proceso grupal en sí mismo parecía tener efectos terapéuticos”. Es decir, algo aportaba el hecho grupal que ayudaba a los objetivos terapéuticos.

Las reuniones se celebraban cada viernes y duraban una hora. Su experiencia aparece publicada en el “Journal of the American Medical Association”, bajo el título “The Class Method of Treating Consumption in the Homes of the Poor” (Roy MacKenzie, K. 1992: 25 y ss.). Este planteamiento de trabajo en grupo facilitaba la recuperación. “Eran grupos de hasta cien miembros, de tipo informativo y desde luego, autoritario” (Ylla, L., 1980: 1069); pero independientemente de su modus operandi el hecho que parece cierto es que dicha forma de actuar impacta en la sociedad científica y asistencial. Curiosamente el trabajo de Pratt, un médico con una forma de pensar impregnada de la religión evangélica y una preclara comprensión de la relación entre cuerpo, espíritu y mente[3] (Behr, H., y Hearst, L., 2005: 12), dispone de elementos muy cercanos a la comprensión de la psicoterapia en términos actuales. Reconoció el valor terapéutico de la socialización de los pacientes, infundiéndoles esperanza, y combatiendo la ganancia secundaria de la neurosis y poniendo en ellos la responsabilidad del cambio[4].” (Behr, H., y Hearst, L., 2005:13), y recogiendo sus palabras, el encuentro en la clase es un agradable paseo social para todos los miembros… compuesto por diferentes razas y diferentes sectas; tienen como común denominador la misma enfermedad.  Se desarrolla un buen espíritu de camaradería. Nunca discuten sus síntomas y gozan casi invariablemente de un buen espíritu[5]  (Pratt, 1907 en Behr, H., y Hearst, L., 2005:13)

La actividad de Pratt fue pronto bien considerada por otros profesionales que siguieron aplicando el  método para enfermos tuberculosos como las que se organizaron en las Suburban y Arlington Street Church Classes, Cambridge y Linn Tuberculosis Classes y otra en el Mount Sinai Dispensary of Boston; Igualmente las de Providence dirigidas por el Dr. F.T. Fulton (Boston, 1906). Poco después en Nueva York por W.L. Niles,  en Filadelfia por D. Riesman, en Brockton por F.J. Ripley y la de Baltimore por C. Dencker (Roy McKenzie, K., 1992: 25). En 1908 W.R.P. Emerson comenzó a emplear el método de clases en el tratamiento de un grupo de niños desnutridos en el Boston Dispensary (…) las clases se organizaron, entre otros, para diabéticos, cardíacos, pacientes post parturientas, pacientes con vaginitis y otros pacientes necesitados de ejercicios de corrección postural. En 1937 Buck informó sobre los buenos resultados en el tratamiento de pacientes que sufrían de una hipertensión básica. Y más o menos en el mismo tiempo, Chappell, Stefano, Rogerson y Pike informaron acerca de sus favorables resultados obtenidos en grupos con úlcera peptica[6] (Klapman, 1959:3-4) una interesante iniciativa terapéutica.

 

 

[1] Hay un texto muy interesante en relación con el uso de la palabra con fines terapéuticos que te recomiendo: Laín Entralgo, P (2005). La curación por la palabra en la antigüedad clásica  2ª Edición. Barcelona, Anthropos.

[2] Traducción del autor.

[3] Traducción del autor.

[4] Traducción del autor.

[5] Traducción del autor.

[6] Traducción del autor.
 
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