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Jueves, noviembre 21, 2019
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131) ¿Cómo aprender a conducir un grupo, cómo crees que nos debiéramos formar? 

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131) Pregunta difícil. Creo que quienes quieran dedicarse a lo grupal deben tener, de entrada, una gran experiencia clínica y personal, más allá de una formación académica reglada. La primera se adquiere en los hospitales, hospitales generales con servicios de psiquiatría o Centros psiquiátricos hospitalarios. Pienso que pasar por unidades de Agudos, de Hospital de Día, por Servicios de Atención Psiquiátrica para niños y adolescentes, sería un buen recorrido. En definitiva por aquellos lugares en los que tocas, palpas, vives, sufres y respiras el sufrimiento psíquico. Evidentemente la complementariedad que deriva de permanecer durante un tiempo en unidades más especializadas, es algo que acaba enriqueciendo a quien tiene esa oportunidad. Y respecto a la experiencia personal te diría que uno no puede hacerse profesional de grupo viviendo en una burbuja, en una biblioteca. La vida, y todo lo que ello te va proporcionando, tu pareja, tus hijos, tu familia, los amigos, todo ello, forma una matriz personal con la que puedes muy bien entender lo que les pasa a las personas en el grupo.

Y luego están las formaciones específicas, complementarias. Por ejemplo, una suficientemente buena formación individual, psicoanalítica, creo que es útil; quizás no imprescindible, pero sí muy necesaria. A mi me fueron muy, pero que muy fructíferos los años de análisis personal. No se lo voy a negar a otros. Y junto a ello, una seria formación en psicoterapia de grupo. No unos cursillos de cuatro días. La formación grupoanalítica supone tener la experiencia personal en un grupo de psicoterapia durante un tiempo largo; y a ello se debe añadir muchas, muchas experiencias grupales, a ser posible, supervisadas, claro. Y un bagaje teórico que te permita ir cosiendo lo que vas a ir viviendo a lo largo de tu recorrido profesional. La teoría no es más que un marco de referencia en el que ubicar las experiencias relacionales de forma que puedas seguir aprendiendo de estas mismas experiencias.

Y junto a la experiencia personal y a la formación, escribir. Necesitamos escribir. Las aportaciones de nuestros compañeros de profesión, la de aquellos con quienes compartimos los mismos patrones culturales, idioma, puntos de referencia, son muy pero que muy necesarios. Publicar supone darnos una oportunidad de compartir —lo que es muy necesario— e ir ordenando ideas, adoptando una disciplina profesional que nos ayude a expresar todo bajo premisas comunes, citas bibliográficas, referencias… y utilizar nuestro idioma, que para algo lo tenemos. Y, finalmente, investigar. Darle a lo que hacemos diariamente un pequeño toque que nos permita seguir sentando bases de reflexión de comprobación de hipótesis con las que vamos funcionando en la vida. El que «inventen ellos» debe dar paso a «inventamos nosotros». Conozco numerosísimos profesionales que desarrollan su tarea en nuestro país, pero no lo divulgan. No lo hacen porque es difícil, porque les da reparo o porque creen que no tienen nada que decir. Y porque parece que utilizar nuestro idioma tiene menos interés que hacerlo en inglés. Y como no lo dominamos, no escribimos. Se facilita así algo de lo que no deja de ser una lenta y progresiva penetración de elementos culturales que no nos son propios, ahondando en nuestra situación de pequeñez e incluso, colonialismo cultural. Estos profesionales, a los que conozco, tienen experiencias que si pudieran ser compartidas nos ayudarían mucho a la comprensión de los fenómenos grupales desde nuestra propia manera de ver y vivir las cosas.

Uno suele considerar la forma en la que se ha formado y en cómo lo han hecho personas cercanas. Muchos se forman siendo observadores de la actividad de otro profesional durante una pequeña temporada, y hasta co-conductores de una experiencia grupal. Algo parecido a cuando uno aprende a conducir. Habitualmente se toma como referencia lo que son las intervenciones individuales. A partir de ahí, se extiende y aplica lo individual a lo grupal. No me parece el mejor sistema. Sé que se ha empleado durante mucho tiempo pero creo que no deberíamos ir por ese camino.

Al revisar este aspecto sorprende que Slavson propusiera en 1944 un plan formativo al Comité Ejecutivo de la Asociación Norteamericana de Psicoterapia Grupal; (…) sin embargo, dice Slavson, los miembros del comité consideraron que (…) no existían suficientes personas calificadas para ejecutar dichos programas (:80). En consecuencia la Asociación decidió auspiciar un instituto de adiestramiento que atendiera a un pequeño número de psiquiatras, psicoterapeutas y trabajadores sociales que ya contaban con experiencia (…) Se planificó que los estudiantes permanecieran en Nueva York durante una o dos noches por semana, de modo que pudiesen dedicar aproximadamente dos días al entrenamiento y al estudio (…) Debido a las condiciones de guerra (…) se ofreció una mañana por semana, un seminario de terapia grupal. Tras varias vicisitudes, Slavson acaba participando en un programa auspiciado por diversas clínicas. En su experiencia llegaron a la conclusión de que sólo podían ejercer la práctica de la terapia grupal analítica personas que contasen con una sólida comprensión de la psicopatología y una buena experiencia en psicoterapia general (:81), y constataron las diferencias entre el entrenamiento individual y colectivo, llegando a decir que en un grupo, los poderes (a los que dispone quien que se formó en tratamiento individual), se ven considerablemente restringidos, y a veces, abolidos. En un grupo, el terapeuta debe estar alerta ante numerosas situaciones y ante una red de tensiones interpersonales que no se hacen patentes en la terapia individual, (…) es por esta razón que solamente terapeutas altamente cualificados y seguros de sí mismos pueden funcionar bien en una situación de tratamiento grupal. Parece que con esto se reconoce que traducir lo que se hace desde un nivel individual a un nivel grupal, siendo legítimo, no es lo más recomendable. Evidentemente que los iniciadores de la psicoterapia de grupo, Wolf, Slavson, Moreno, Schwartz y otros muchos no podían iniciarlo de otra manera, pero casi un siglo después quizás podamos hacerlo de otra manera más perfilada.

Esta idea de Slavson no es única. Entre nosotros, Martí-Tusquets, J.L. (1986) nos recuerda que ya en las décadas inmediatamente anteriores a la segunda guerra mundial, Moreno, Slavson, Lewin en EUA con marcos referenciales y metodológicos diversos, se interesan en la formación que se consigue a través de los fenómenos grupales (:13), poniendo énfasis en las experiencias que realizaron estos autores en los que la práctica ya constituía un proceso formativo. Y señala que a partir de estos núcleos iniciales de experimentación se gestan los primeros centros de formación tales como: Instituto Moreno (Bacon, Nueva York), Tavistock Institute y Institute of Group Analysis (Londres), Group Française d’Etudes de Sociometrie, Dynamique des Groups et Psychodrame (Paris), y los diversos centros de entrenamiento de la Asociación Americana de Psicoterapia de Grupo (:14). Algo similar nos dice también Pines, M. (1979), para la moderna psicoterapia de grupo, la historia es corta. Razonablemente podemos decir que se inicia a primeros de los años 1929 con las experiencias de Trigant Burrow y sus discusiones grupales desde una vertiente analítica, al mismo tiempo que Moreno empezó a desarrollar las técnicas psicodramáticas. A inicios de 1930 emergieron numerosos autores que pueden ser considerados como padres de la psicoterapia de grupo —Shilder, Foulkes, Wolf, Schwartz—, y como sucedió con Freud, numerosos aprendices se reunieron a su alrededor. (:210). Es decir, de la misma manera como muchos se han ido formando aquí en nuestro país, la manera práctica era a través del contacto con el líder.

En uno de los textos clásicos, el de Kadis de 1974, aparece un capítulo dedicado a ello. En él, tras un trabajo de investigación sobre la formación enviado a los miembros de la American Group Psychotherapy Association surge un cuadro en el que se puede percibir con claridad las características de la formación en el año 1960 (Winick, C.; Kadis, A.L., Krasner, J.D. (1961). Tras ello indican que se concede que es más difícil practicar una psicoterapia de grupo eficaz que practicar una eficaz psicoterapia individual, en consecuencia, el psicoterapeuta grupal debe ser un piscoterapeuta individual plenamente capacitado antes que comenzar a trabajar en grupos (:198). Esta es una idea que tiene mucha gente. Considerar que uno debe tener una experiencia importante en el terreno individual. En parte es cierto: en el trabajo individual uno va conociendo los vericuetos por los que transitan las personas que presentan una determinada patología. Es decir, una buena formación psicológico-psiquiátrica, parece recomendable. Y un conocimiento de lo que sucede en la relación interpersonal con un paciente, también.

Kadis señala que el adiestramiento en la psicoterapia individual debiera incluir cursos apropiados, así como una supervisión adecuada como parte de un psicoterapeuta más experimentado (…) Idealmente el adiestramiento para la psicoterapia de grupo debiera iniciarse una vez finalizado el adiestramiento en el tratamiento individual —es decir, vuelve a incidir en la formación individual—. Debiera comenzar por cursos apropiados, un seminario de casos continuos ha comprobado ser muy útil. En tal seminario presentan y discuten uno o más casos durante un período prolongado. Otro formato útil de adiestramiento es el taller, los adiestrados en el primer nivel ser reúnen regularmente con un psicoterapeuta de grupo experimentado para discutir problemas que se han encontrado al dirigir el tratamiento de grupo (:199) En este párrafo la idea es organizar una serie de espacios complementarios para la correcta formación. Otro tema interesante.

Y sigue señalando: Particularmente deseable es la experiencia como observador o anotador de un grupo conducido por un psicoterapeuta de grupo experimentado. (…) el mínimo probable para este tipo de experiencia es de un año (:199). O sea que reconoce la importancia de ser observador en un grupo de psicoterapia. Posteriormente, Kadis concreta: Parte del adiestramiento adecuado sobre la práctica debiera ser la experiencia como paciente en un grupo de psicoterapia. Se torna así más sensible a la forma real en que los pacientes experimentan la psicoterapia de grupo (:199). Este es otro de los temas a debate. La participación en un grupo debe ser con pacientes o con profesionales. Tengo las dos experiencias, y puedo decir que son diferentes y en cierto punto complementarias. Pero en estos momentos tengo dudas de si es preferible estar con pacientes. Más adelante profundizaré un poco más en ello.

Y finalmente Kadis nos dice que La dirección de un grupo bajo supervisión durante un mínimo de dos años es un renglón casi indispensable en el adiestramiento de los psicoterapeutas de grupo (:200). Parece altamente aconsejable y es otro tema que deberemos abordar.

Campos (1986), recoge varias citas que evidencian que los criterios que tenía Foulkes respecto a la formación fueron evolucionando a lo largo de los treinta y tres años que corresponden a la vida activa profesional de S. H. Foulkes. Sus ideas evolucionan en la medida que reflexiona y, en diálogo creativo con otros colegas, discute las experiencias en las que se ve implicado en distintas situaciones terapéuticas y didácticas (…) en 1975, la obra de Foulkes está prácticamente culminada: el Institute of Group Analysis ha sido ya fundado; el curso de Introducción al trabajo con grupos ya es un programa establecido; y el Qualifying Course de tres años formando grupoanalistas de acuerdo con el modelo ideal diseñado por Foulkes ya ha pasado su fase experimental (:30) Siguiendo a Campos, los cuatro elementos fundamentales en los que se basa el modelo de entrenamiento grupoanalítico, son:

  • El análisis personal en grupo grupoanalítico de un mínimo de tres años, que puede ser complementado a posteriori con una experiencia analítica individual.
  • Supervisión en grupo pequeño basada en la práctica de la conducción de grupos psicoterapéuticos y la observación participativa activa.
  • Seminarios teórico-prácticos y de lectura en grupo pequeño o grande, pero conducidos didácticamente en líneas grupoanaliticas.
  • Sesiones científicas conjuntamente con todos los miembros y adheridos al Instituto, tanto alumnos como docentes y miembros activos (1986:32-3)

 

Esta formación pretende dar la oportunidad no sólo de un pasaje personal por la experiencia grupal sino la de enmarcar el desarrollo y la adquisición de elementos teóricos también en el mismo marco conceptual, el grupoanálisis en este caso. Cierto es que desde otras perspectivas, en especial aquellas que beben de forma más exclusiva del psicoanálisis, el énfasis se pone en el análisis personal individual, siendo el grupo un añadido conveniente. Creo que se debe seguir la línea señalada anteriormente: la experiencia de análisis en el contexto grupal permite comprenderse no tanto como individuo aislado —cosa que hace el psicoanálisis—, sino en tanto que miembro de un colectivo vivo y dinámico. Si la formación se realiza en un grupo con otros pacientes se pretende alcanzar un aspecto enriquecedor que resulta del ser un igual entre iguales, pero esto no acaba de ser del todo cierto: solo si el profesional acude ahí realmente a partir de las dificultades que tiene, puede alcanzarse, parcialmente creo, esta situación. Digo parcialmente. Porque en el fondo, el ropaje profesional nos mantiene en una posición ligeramente distante de la realidad del resto de los compañeros del grupo. Y en una cierta relación de complicidad con el propio profesional; y aunque esto es abordable, no creo que sea suficiente como para superar este tipo de barreras que se erigen por parte de quien se entrena y del resto de los pacientes. Por eso creo que es más adecuado el trabajo analítico en el contexto de un grupo con otros profesionales que están ahí para vivir la experiencia grupal. Ahí todos estamos en el mismo barco, y debemos trabajar duramente para quitarnos «lo profesional» para poder abarcar elementos más íntimos y personales.

En cualquier caso, la existencia de Institutos Formativos parece ser una vía para organizar el entrenamiento y formación del Conductor de Grupos. En Londres ya se iniciaron sobre los años setenta, unos cursos de formación, los Introductory Course in Group Work, auspiciados y organizados por el Instituto de Group Analysis. Pero como no todos los profesionales estamos en condiciones de ir a la City para formarnos, en cada país se han desarrollado Instituciones formativas, muchas de las cuales se agruparon en torno a una de federación: la European Group Analytic Training Institutes Network, EGATIN. La Fundación OMIE es uno de sus miembros.

Dicha red de institutos formativos ha tratado de establecer un modelo similar para todos los profesionales europeos. Varios ejemplos parecen interesantes, como el caso que Hanson nos indica que en Noruega, el programa más importante de psicoterapia de grupo se organizó ofrecido en bloques (Lorentzen et al., 1998). Se organizan cinco fines de semana al año, de cuatro días cada uno. Ese programa formativo incluye la experiencia terapéutica personal en un grupo de psicoterapia, presentaciones y discusiones teóricas, espacios de supervisión del trabajo grupal y la participación en un grupo grande. Tras un período de al menos cinco años, una persona alcanza la calificación de grupoanalista. Hay requisitos adicionales, como la presentación de una reflexión escrita sobre el proceso terapéutico en el que se ha formado, y posteriores experiencias como conductor de grupo antes de alcanzar el reconocimiento formal de supervisor o didacta en grupoanálisis (Hanson, 2007:191)

Lorentzen señala que el programa en los países Bálticos se inicia en Vilnius en 1995 como un programa de colaboración con el Instituto Noruego de Grupoanálisis, y lo que fue posteriormente la sección analítica de la sociedad lituana de terapia de grupo que organizó el programa completo de formación de grupoanalistas (…) la formación se ofertó en bloques durante cinco fines de semana por año, consistiendo en experiencias en grupo grande y pequeño, grupos de supervisión y cursos teóricos. Se le añadió un curso extra de teoría psicoanalítica para aquellos que querían alcanzar el nivel de «calificación» en grupoanálisis.

Empezamos con un curso básico de un año y gradualmente desarrollamos un plan formativo de cinco años añadiéndole un nivel avanzado y uno de calificación, siendo la duración de cada nivel de dos años. Cada nivel constituye una entidad por sí misma, y la totalidad de los cinco años, junto la presentación de un artículo clínico lleva al candidato a la calificación de grupoanalista. Establecimos incluso cursos específicos para grupos de iguales en los que los candidatos podían supervisarse mutuamente y discutir la teoría entre bloques, agrupando personas que residían en la misma zona (Lorentzen, 2006:494-5)

Hilpert, H.R., (1995) resume la formación en el Heidelberg Institute of Group Analysis de la siguiente manera: la formación tiene lugar en un grupo cerrado de unas 12 personas durante un período de cuatro años, y bajo la forma de bloques. Hay cuatro bloques de cinco días cada uno. Durante el primer año el bloque consiste en 20 sesiones. Del segundo al cuarto el número de sesiones de grupo por cada bloque se amplía hasta 25, de los que 15 son sesiones de análisis personal, y 10 son de aspectos teóricos y técnicas prácticas. El marco durante el primer año ha permanecido fijo, mientras que durante los otros años se han ido produciendo modificaciones para incluir seminarios teóricos y prácticos. Los participantes provienen de todas partes de Alemania, y no se encuentran durante los tiempos intermedios de los bloques. (:301)Esquemas similares los podemos encontrar en otros lugares europeos como Grecia, por ejemplo.

Pero el que sin duda tiene para mí mayor importancia y me atrevería a decir mayor coherencia, prestigio y tiempo de duración es el que bajo los auspicios de la Fundación OMIE, y con el reconocimiento Académico de la Universidad de Deusto, se desarrolla en Bilbao, Barcelona y Madrid. A pesar de haber tenido la suerte de participar y estar en la organización de estos cursos desde su inicio en Bilbao y posteriormente en Barcelona —desde 1990 al 2015—, en estos momentos me siento más cercano al de Madrid por ser un proyecto elaborado más personalmente. Te cuento.

La historia se inicia en Bilbao, año 1975 que es cuando el Prof. J. Guimón comienza a perfilar un programa formativo en Psicoterapia de grupo, a través de los contactos con el Instituto de Peña Retama en Madrid y con la colaboración de profesionales como los Prof. Luis Yllá, J, L. González Ribera, y Pacho O’Donell, dirigido no sólo a los miembros de su equipo sino a los profesionales de la salud que trabajaban en la red asistencial psiquiátrica de aquellos momentos. Para dicho programa, organizado por la Fundación OMIE, contó con el apoyo de numerosos profesionales vinculados unos, con el Instituto de Groupoanálisis de Londres (por ejemplo, M. Pines, Fdo. Arroyabe, M. Marrone, M. Patalán), y otros que disponían de formación y experiencia previa suficientes (Dr. L. Yllá, P. O’Donell, J. L. González Rivera, y J. Campos entre otros). Desde aquel entonces, numerosos profesionales nos hemos formado y nos seguimos formando; profesionales vinculados con la red asistencial psiquiátrica tanto pública como privada, a las redes de atención a las drogadicciones, etc.; y otro tipo de profesionales como maestros, profesores universitarios, abogados que han considerado que una formación en este terreno les podría ser útil para sus tareas profesionales. (Sunyer, 2004)

Tras este inicio, comenzó su andadura el programa de formación en Bilbao con una periodicidad semanal y con unos talleres durante el fin de semana que iban configurando la formación que en un principio fue avalada por la Universidad del País Vasco y posteriormente por la Universidad de Deusto. Es a través de ésta última institución que el curso adquirió el reconocimiento académico de Máster en Psicoterapia Analítica grupal. La dirección corrió a cargo del Profesor Guimón primero y posteriormente del Dr. Ayerra. El curso de Bilbao que prosigue desde aquel inicio pone más el acento en la aportación teórica aunque incluyendo espacios de trabajo personal. El equipo está formado por un amplio abanico de profesionales que enriquecen el programa desde sus aportaciones personales y desde diversos enfoques de la comprensión de la psicoterapia de grupo. Y el marco fundamental de trabajo es el que aporta la Universidad de Deusto junto con experiencias que se dan en el Hospital de Basurto y la posibilidad de prácticas en centros concertados.

En Barcelona el recorrido fue diferente. Se inició allá por el año 1985, cuando el Prof. Casas, a la sazón jefe de la Unidad de Toxicomanías del Hospital de Sant Pau de Barcelona, solicitó al Prof. Guimón la supervisión de las actividades asistenciales de su equipo. Ello condujo a la posibilidad de formar a los profesionales que lo conformaban; pero dadas las dificultades que suponían el desplazamiento a Bilbao para realizar tal formación, surgió la idea, dada la necesidad, de organizar unos programas formativos en fin de semana. Cuatro en un principio.

Para ello se contó con un grupo variado de profesionales de Barcelona y Bilbao, que iniciaron la puesta en marcha del programa. Y si bien la variedad de profesionales invitados era un valor importante, también lo era la capacidad de compromiso, la de articular formas muy diversas de entender la psicoterapia de grupo así como la de aceptar determinados liderazgos. Ello fue conduciendo a una selección más o menos natural de los profesionales que iban convergiendo en este programa formativo; programa que, ante las lógicas demandas universitarias, debía ajustarse a un determinado número de horas, y que llevó a prolongar los cuatro fines de semana a seis y posteriormente a ocho, y por tres años de duración, que es la actual estructura del mismo.

Así pues, la experiencia formativa en Barcelona se inició en los locales del Servicio de toxicomanías del Hospital de S. Pau y posteriormente utilizó los de Iniciativas para la Salud —entidad privada que intentó crear un servicio de HD y hospitalización psiquiátrica—. Posteriormente se trasladó al Hospital del Mar con la inestimable colaboración del Profesor A. Bulbena para acabar en el Seminario Conciliar que ofrecía locales céntricos y espaciosos.

Tras la experiencia catalana, iniciamos la formación en Madrid (2016). El curso consta de veinticuatro fines de semana a lo largo de tres años, cumplimentando un total de 600 horas de trabajo. El equipo es muy familiar y con experiencia clínica y psicoanalítica. Los candidatos a la formación, con una titulación académica previa, forman un grupo que se mantiene como tal a lo largo de la formación. Junto a los otros dos grupos, constituimos un grupo mediano —grande no puede ser por no superar un total 35 personas— en el que se trabajan muchos aspectos y en especial las referencias sociales de los mismos. Hay también espacios de teoría y de supervisión.

El resultado de la experiencia formativa no es otro que el de la adecuación de la configuración personal con la que uno trabaja a los diversos contextos y a los variados grupos de personas con las que vamos a establecer vínculos de interdependencia con características terapéuticas y psicoterapéuticas. Ese proceso que se corresponde con una función, la Función Teorizante, supone el transitar por las mismas situaciones y caminos por los que pretendemos que caminen nuestros pacientes, y sentar las bases necesarias para seguir ahondando en los procesos de comprensión del ser humano y en la adquisición de aquellos recursos técnicos que faciliten tal labor.

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