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Miércoles, diciembre 12, 2018
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120) En toda relación asistencial hay aspectos agresivos y amorosos que salen… 

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Master-en-Psicoterapia

120) Es decir que en toda relación asistencial hay aspectos agresivos y aspectos amorosos y va a ser fácil que aparezcan en escena; saberlo no quita para que sienta un cierto temor o dificultad ante cómo tratar todo eso. A veces pienso que quizás una interpretación serviría para atajar el tema aunque me doy cuenta de que eso parece que no tiene que ser así. Tengo la idea de que mis intervenciones deben tener como un efecto mágico. Algo así como que a partir de lo que diga el grupo o alguno de sus componentes, va a poder cambiar su comportamiento, su vida. Me gustaría saber cómo interpretar para tener buenos resultados psicoterapéuticos.

Ciertamente lo agresivo y lo amoroso son las dos caras de la moneda interrelacional que están presentes siempre. Pero es que a veces tenemos una idea algo equivocada de nuestra función y muy posiblemente en esa idea se agazapen restos infantiles de nuestra visión del mundo, aspectos que tienen una cierta connotación psicótica en el sentido evolutivo del proceso de maduración. Y si lo ves desde este ángulo quizás te sea más fácil pensar cómo intervienes y qué matiz tiene esta intervención. Mira, no somos ni magos ni apaciguadores de situaciones, ni potentes especialistas con características casi divinas capaces de leer los entresijos del inconsciente. No, no somos nada de eso. En muchas ocasiones creemos que eso que denominamos interpretación es un arma mágica que va a posibilitar cambios fundamentales en las personas con las que trabajamos. Esa visión casi romántica y mágica la tiene también la sociedad en la que estamos. Considera que los “psi” somos como profesionales que por mor de nuestra profesión cambiamos a las personas. Esto nos lleva a considerar hasta qué punto los elementos primitivos del desarrollo anidan y se potencian en el contexto social. Mira, una interpretación no es algo con poderes mágicos. De hecho, interpretar es algo que hacemos los humanos continuamente. Cuando me escuchas lo que te digo, lo interpretas a tu forma. Como lo que queda escrito: cada uno lo lee a su conveniencia, es decir, lo interpreta de una y no de otra manera a partir de las experiencias que le han conformado como adulto, por ejemplo.

En realidad interpretar, lo que se llama interpretar en términos psicológicos, es la capacidad que tenemos los profesionales para mostrar al otro aspectos que pueden no serle tan evidentes en relación a lo que dice, hace, siente o percibe. Esta interpretación la hacemos en base a, al menos, tres coordenadas: la que proviene de la propia interrelación y que activa elementos transferenciales, la que del conocimiento de unos supuestos teóricos desde los que trabajamos y desde los que podemos ir construyendo un punto de referencia para entender cosas, y la que nace de las propias relaciones sociales y que, a través de los significados que se transmiten a través del lenguaje y que se concretan en un momento dado del grupo, nos dan pie a entender las cosas de una u otra manera según lo vamos viendo. Si esta interpretación está en relación con lo que percibimos, sentimos, respecto a su vida, si está en conexión con los elementos que transfiere, con aquello que quiere decir pero que no es capaz de verbalizar, si le permite conocerse un poco más en sus interdependencias vinculantes con los demás, entonces esta interpretación es correcta. Y si tiene un efecto modificante en la persona, entonces nuestra interpretación tuvo efectos psicoterapéuticos, no mágicos.

 

Cuando uno bucea por el terreno de la interpretación se encuentra con algunas sorpresas interesantes. Por ejemplo Grotjahn (1979) nos dice que en los grupos la mejor interpretación es la interacción espontánea y simpática (1979:17). Esto me parece muy sugerente. Es decir, la interpretación es algo que sale casi de forma automática y que se da en el contexto de la interacción con el otro. Y simpática, es decir, que va en conexión con lo que el grupo o alguno de sus componentes está diciendo. Añade este autor, el terapeuta interpreta la resistencia contra la comunicación espontánea y libre y la interacción simpática (1979:17), aclarando en otro momento que la interacción simpática es una expresión que caracteriza la reacción del terapeuta a las necesidades inconscientes del paciente, en cuanto cabe distinguirlas de sus deseos o aspiraciones conscientes. (…) la interacción debe ser auténtica y espontánea (…) puede consistir sólo en una coloración emocional que el terapeuta introduce sutilmente en la sesión o en una respuesta emocional inconfundible (1979:139). Esta visión que pone el acento en la interacción, está lejos de aquella que viene arropada por la fantasía de un poderoso profesional que, descendiendo del Olimpo del saber lanza una interpretación que, cual rayo fulminante, tiene efectos terapéuticos en el pobre humano terrícola.  Aquí Zeus deberá mantenerse en su lugar. Y nos dice más, este autor: la meta de las interpretaciones es en primer lugar la resistencia y sólo secundariamente la intravisión (:17) Y cuando hablamos de resistencia nos referimos, como bien sabes, a aquellos aspectos que dificultan la comprensión de los hechos. Por ejemplo, hablaste de que en tu grupo se dan manifestaciones de afecto de tipo amoroso y que eso te asusta. ¿Pensaste en si estos aspectos tienen su presencia para evitar acceder a otros que tienen que ver con la relación en el grupo? De hecho, le emergencia de un sentimiento de este tipo tiene mucho que ver con la constitución de un subgrupo, el de los dos «enamorados» que se margina del resto del grupo. Ese hecho, es una forma de mantenerse al margen, bloquear la relación en el seno del grupo, independientemente de que hayan sentimientos legítimos entre las personas implicadas.

Otro aspecto tiene que ver con el contenido de dicha interpretación. En realidad como nos indican Rutan y Stone, habría dos componentes fundamentales: los emocionales y los cognitivos; además ninguna interpretación es efectiva si no es correcto el momento temporal en el que se realiza (2001:87), es decir, una interpretación no es algo que surja del impacto emocional de una situación, lo que nos haría pensar más en los elementos contratransferidos por parte del conductor, sino que nace de la conexión con el otro cuando ésta viene enriquecida por elementos que guardan mucha relación con el desarrollo profesional de uno mismo. Grotjahn nos señala que hay como dos tipos, hay (una) forma de interpretación: la triangular, y otra que es la interpretación comparativa. (1979:17). A estos dos habría que añadir aquellas que pueden ir dirigidas al grupo como globalidad, a un miembro en particular, a una determinada subagrupación de miembros, y realizadas desde ti o incluso, desde cualquier otro miembro que en estos momentos pueda ver claramente qué está sucediendo. Con ello quiero significar que no todas las interpretaciones tienen que ir dirigidas hacia una persona sino que puedes dirigir el foco de luz hacia una situación triangular que se da en el grupo o a un aspecto comparativo entre elementos que emerjan de la vida grupal, a varios componentes que coparticipan de una situación determinada, es decir, que te debes poder sentir libre y posibilitar que se sientan libres en aportar cualquier idea que facilite o impida la comunicación. Esto significa que tu interés en este terreno es el facilitar el desbloqueo de situaciones que se pueden dar o esta dando y que tienen como meta la paralización parcial o total de la comunicación libre y espontánea entre los miembros del grupo en el que te encuentras.

Cuando vemos lo que posiblemente desde una posición más formal y academicista, nos dicen Rutan y Stone (2001) vemos que mencionan a Rubovitz-Seitz (1998) quien distingue entre modelos interpretativos positivos en los que el conocimiento es definido como empírico, objetivo y cierto, y el modelo post-positivo en el que el conocimiento es plural, se basa en los datos, busca patrones, es sensible al contexto y puede ser alcanzado por múltiples métodos. El primero es presentado como cierto, mientras que el segundo se ve como un intento, preguntando al paciente para su elaboración y corrección[1] (2001:86), en donde las interpretaciones parecen alejarse un poco de lo que Grotjahn señalaba en relación con la simpatía. Rutan y Stone diferencian la interpretación de la clarificación en dos importantes aspectos: el primero que la interpretación va dirigida hacia lo inconsciente mientras que la clarificación se dirige hacia el material consciente o preconsciente. Y segundo, la clarificación aumenta la base aportando datos o citando situaciones similares que definen una particular constelación de conducta. Una interpretación se designa para hacer conscientes los fenómenos inconscientes, para vincular significado a los sucesos [2](2001:86-7). Y a ello hay que añadir algo que te puede sorprender. Las interpretaciones que se dan entre iguales tienen un mayor poder de penetración, de ser escuchadas y entendidas que aquellas que pueden provenir de ti. Esto también lo indican Rutan y Stone, las interpretaciones de los iguales tienen un único poder en el grupo en tanto que los pacientes presentan menos resistencias a aprender de sí mismos desde lo que aportan los iguales que lo que proviene de la autoridad[3] (2001:95). Como ves el elemento autoridad que proviene de ti, ejerce un poder importante y, en ocasiones, bloqueante. Eso significa que es mucho mejor facilitar que surjan del grupo las interpretaciones de lo que se dice, hace, calla, piensa o sueña cada cual, que pretender ser el interpretador oficial del grupo.

Hay sin embargo otro aspecto de la interpretación que no me gustaría dejar de lado. Si consideramos el desarrollo del individuo sabemos que en un primer período de su desarrollo, sobre todo aquel que se centra en el primer año pero que se prolonga con cada vez menos presencia, las vivencias y las fantasías que tiene el niño son de un marcado tinte y color psicótico, en el sentido evolutivo. Es decir, ante la pequeñez que siente el bebé y posteriormente el no tan bebé, se activan una serie casi infinita de interrogantes y de temores que sólo pueden ser combatidos mediante la creación de fantasías, teorías propias, hipótesis y constitución de comportamientos que van muy ligados por un lado a sostener y desarrollar la necesidad de vinculación y entender el mundo y al mismo tiempo, contener las ansiedades que se le despiertan. Pues bien, desde esta perspectiva la interpretación de las conductas, los deseos, los temores, y todo lo que se dice o calla bajo las coordenadas de la visión infantil, psicótica del mundo y de las relaciones con los demás, es un excelente instrumento para facilitar el desarrollo más maduro del individuo. Y en tanto que ampliemos dichas intervenciones al grupo, al grupo social y al comportamiento de la humanidad en general, lo que consigues es facilitar el entronque con el y los grupos a los que pertenece, ayudándoles a salir del autismo toda patología conlleva.

En este aspecto, la Función Verbalizante tiene la potestad de incluir en el discurso del sujeto, sea el verbal, el conductual, actitudinal o el de la relación, aquellos ingredientes que le dan un contenido más acorde con la estructura de las relaciones que ha establecido y establece con los demás. Y si bien todos en cualquier contexto y situación interpretamos lo que sucede y lo que se nos dice, aquí tiene el matiz de buscar una mayor claridad y coherencia interna, tanto en el sujeto como en el grupo.

 

 

[1] Traducción del autor.

[2] Traducción del autor.

[3] Traducción del autor.

 

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