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Miércoles, diciembre 12, 2018
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117) Hay días en que aparecen silencios que me llaman la atención, porque hay cosas… 

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terapia grupal

117) Ya, y reconozco que llevamos una temporada en la que no me deja de sorprender las variaciones que aparecen en este juego de relaciones. Hay días en los que aparecen silencios que me llaman la atención porque seguro que hay cosas que decirse pero parece que no quieren abordarlas. Otros en los que hablan de cosas muy personales de forma que parece que el grupo acaba siendo monotemático y centrado en una persona. El otro día, sin ir más lejos, en el grupo se creó una atmósfera muy dura. Todo vino porque una señora le dijo a uno de los hombres que era un “facha” ¿qué pudo pasar?

Está claro que están trabajando bastante. Ya quedaron lejos aquellos momentos en los que no hablaban de otra cosa más que de las razones por las que iban al grupo. Ahora están ahí, tal cual son, diciéndose cosas y renegociando, a través de todo ello, nuevas posiciones y nuevas formas de ir por la vida. Y esto facilita la emergencia de climas muy variados. Momentos de gran intimidad en los que se habla mucho se alternan, como si fuesen tiempos de descanso, con sesiones de silencio o, incluso de «echar pelotas fuera». Suele ser habitual que tras sesiones de mucha intensidad se presenten otras de mayor calma que parece que son como altos en el camino. Y en este bamboleo de acercamientos y tiempos muertos, hay días en los que, como bien señalas, aparecen enfrentamientos y una atmósfera que, como dices, es dura. Ahora bien habría que diferenciar algunas cosas. Por un lado la tolerancia que ofrecemos ante lo que pueden ser ataques. Uno puede estar enfadado con alguien pero ello no significa que se le deba insultar, por lo que en estos casos hay que hacerse presente para evitar las agresiones. Pero por otro, hay que ver si tal palabra es o no una agresión. Porque no necesariamente una palabra tiene, per se, el componente agresivo. Lo agresivo está en la forma en que se utiliza, el tono, la intensidad emocional, la intencionalidad que se oculta tras ella. Ahí hay que ser suficientemente contundente como para evitar la agresión y animar a buscar otras vías para decir lo mismo pero sin la intencionalidad dañina.

 

El grupo sigue trabajando las interdependencias vinculantes, sólo que ahora pueden renegociar y buscar la manera de salir de aquellas que ya son conocidas para encontrar otras en las que sentirse más cómodo. Y en este juego de ensayo y error, en este ejercicio de renegociación de las interdependencias, están valorándose no sólo nuevas y diversas formas de poder más acordes con cada cual y con la situación, sino que se busca una forma de ser más «yo mismo» sin dejar de ser miembro del grupo familiar y al tiempo poder crear mi propio grupo. Esta pelea interna y externa se traduce en lo que habitualmente llamamos «proceso de independencia» en una especie de canto a la idea romántica de «ser libres e independientes» y que en realidad plantea el hecho de cómo ir alcanzando niveles de autonomía superiores o de plantear las interdependencias de otra manera. Es decir, las interdependencias anteriores ahogaban el desarrollo del sujeto porque la vivencia de indiferenciación se hacía incompatible con la de autonomía, como si alcanzar este punto fuese una traición a alguien, a un familiar o al grupo familiar en su totalidad. La fantasía psicótica de que mi separación daña al otro, o de que si soy autónomo, en este u otros aspectos, me daño o puedo dañar, prevalece sobre la realidad y la necesidad de funcionamiento más autónomo. Y esto no es fácil. Hay quien ha crecido de forma más autónoma y le cuesta menos ir asumiendo nuevas cotas de autonomía o nuevas relaciones de interdependencia. Pero hay quien no. Hay a quien estos procesos le representan una durísima lucha, interna y externa. Pero como, y además, en estos procesos también están implicados el resto de los miembros del grupo familiar, el proceso se hace mucho más complejo. No siempre el grupo de origen bendice los movimientos de emancipación. Quizás porque dicho movimiento, que en definitiva no es más que una renegociación de los vínculos de interdependencia, es vivido como una traición, como algo casi ilegítimo. Los elementos psicóticos anidan en las interdependencias vinculantes. Y por lo general, cuanto más atrapado uno está y se siente, más dura ha de ser la lucha por alcanzar este nuevo estatus. Hay quien sólo parece conseguirlo mediante un ataque frontal con el grupo de origen, o con sus representantes, para que los sentimientos que le generan tal movimiento acaben siendo depositados en el grupo de origen.

Los sentimientos y las fantasías asociados a ellos son los vínculos primarios que marcan los tonos de las interdependencias entre las personas y sus grupos. Cuando dos personas, como es el caso del ejemplo que me pones, discuten y se crea un determinado clima post-discusión, habría que pensar en cuáles son los lazos que los interconectan y en qué aspectos cada uno debe buscar una mayor autonomía. Y por qué para alcanzarla se debe recurrir al ataque o a actitudes un tanto «fachas». No siempre han de ser amorosos los lazos que nos interconectan; también los de odio son lazos de interconexión. Muy posiblemente en la defensa de algunas posiciones que hasta pueden tener un marcado color político, se cobijan complejos sistemas afectivos de los que los propios interlocutores no son ni siquiera conscientes. Pero y puesto que estamos en una situación grupal, ¿qué reposa en el resto de los componentes del grupo que, acobardados o asustados por lo que han podido presenciar y vivir, se refugian en un silencio… cómplice? Figura y fondo. Son los dos componentes con los que Foulkes nos anima a leer muchas de las situaciones grupales. Proviene de la influencia Gestáltica. Agazarian te lo plantearía desde la visión más sistémica. Y yo te pregunto, ¿qué está depositado en el resto de los componentes? ¿El susto? ¿El enfado? ¿La confusión? ¿Las ganas de que haya pelea? ¿qué significado tienen estas personas para el grupo y qué significa el momento de tensión en el proceso grupal? ¿Por qué la actitud del resto de las personas es pasiva? Y ¿Es en esta actitud donde están las claves del enfado entre ellos?

Nitsun te proponía que miraras en los elementos antigrupales: envidia, elementos regresivos, agresividad… ¿qué elementos se están cocinando a través de esta discusión y del comportamiento de los demás? El calificativo de «facha», si lo sacamos del contexto en el que se suele entender, ¿qué significa aquí? Porque si lo vemos como insulto, malo. Entramos en lo que llamamos Identificación proyectiva y, los afectos activados por ella pueden barrer la atmósfera de trabajo. Facha, igual significa aquí rígido, o autoritario, o prepotente, o… pero hasta donde alcanzo, todos nosotros tenemos estos atributos. ¿Por qué el grupo quedó atrapado? ¿Te quedaste tú? Habría que pensar que al quedar atrapados todos o muchos, el elemento de «identificación proyectiva» estaba activado. Si es así, ¿qué ponen en la situación con lo que se identifican? ¿Qué no pueden ver ahí? Incluso, fíjate Lola, puede ser que lo que haya sea un insulto. ¿Qué se insulta? ¿Con qué aspecto del otro cada uno se identifica que precisa insultarle para poder separarse de él?

En otro momento te he hablado de Matte Blanco por el que entendí que en tanto que los procesos racionales van organizados de forma asimétrica, los irracionales, no. Entonces, con este registro para entender muchas cosas del proceso de pensar, podemos mantener nuestras neuronas en activo y no nos paralizamos por el pensamiento asimétrico. Pero junto a este punto aparece otro: el etiquetaje. Cuando alguien etiqueta y aceptamos el etiquetaje, estamos condenando a la persona etiquetada a actuar tal y como esa etiqueta señala, confundiéndole y confundiéndonos (procesos psicóticos de nuevo) hasta el extremo que él sea la etiqueta. Esto sucede tanto con los diagnósticos (por alguna razón se prefiere hablar de orientación diagnóstica más que de diagnóstico, o se proponen varias alternativas), con los calificativos, con los motes…

Más allá de todo ello, fíjate como se va estructurando el grupo y, en particular, las relaciones que cada uno tiene con el objeto grupo visto como globalidad. La forma cómo cada cual se va ubicando frente a este objeto guarda mucha relación con la que se ha venido ubicando a lo largo de su vida con el objeto «grupo familiar» o incluso, con el mundo en el que vive. Esta discusión, ¿qué significados encerró? ¿Quizás una discusión entre padres? ¿O entre un padre y un hermano? ¿O entre líderes? ¿Cuánto de la autoridad se está lidiando en secreto? ¿Qué habrá en esta discusión de desplazamiento de una discusión contigo a una discusión entre compañeros? Y ¿qué representa esta situación para ti? Los elementos transferenciales y contratransferenciales se están comenzando a dibujar.

El significado de las palabras no siempre es el que se corresponde al que la Real Academia nos indica. El conjunto de significados con los que cada individuo articula la percepción de la realidad, y cómo se vincula a ella a partir de las experiencias afectivas que le han ido constituyendo y con las que se ha constituido, forma parte también de esa Función Verbalizante en la que estamos sumidos. Buscar qué hay tras la palabra, tras el tono o el gesto que la acompaña, articular los sentimientos que produjo, los que la suscitaron, y cómo el resto de los miembros se colocan al respecto, supone un incremento importante de la capacidad de contención individual y colectiva.

 

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