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Miércoles, diciembre 12, 2018
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115) Cuando ese varón que se enfada con frecuencia se relaciona con los demás… 

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115) Ciertamente el grupo está trabajando bastante. Observo cosas curiosas. Una de ellas es que cuando ese varón que se enfada con frecuencia se relaciona con los demás, lo hace de una manera curiosa. Se suele picar más con la que está triste por la muerte de su marido, es como si le exigiera resolver su situación a una velocidad que no creo sea la que ella puede llevar. Y en cambio con las demás adopta una posición como de protección, cuidado, defendiéndolas. Igual hace conmigo cuando ve que otro varón me dice algo por lo que me puedo sentir mal, desarrollando una actitud como protectora que en cierta manera me enfada. Es como si tolerase mejor la relación que me propone el de los ojos azules que la que me propone este. Y con las mujeres me pasa algo similar, pero diferente.

Bueno, tiene su lógica. Piensa que si estamos hablando de interdependencias vinculantes que buscan asegurarse una relación con el otro, en este caso tú, estás también atrapada y al tiempo atrapas a los demás de una manera particular. De hecho no te caen igual esos dos hombres, lo que nos permite pensar que cada uno de ellos representa cosas diferentes para ti. Y esto también es percibido por ellos. Entonces se establece de forma automática e inconsciente, una determinada relación de poder mediante la que cada cual trata de asegurarse a su manera que la posición que ocupa uno respecto al otro sea la que debe ser. La diferencia se encuentra en que tú estás en posición de pensar sobre ello, reflexionar, ver qué se activa en ti, y poder tener más libertad para proponer otras relaciones de poder que posibiliten movimientos complementarios en ellos. Es más, te diría que el tándem transferencia contratransferencia tan desarrollado en el psicoanálisis no está tan diferenciado en la situación grupal. Creo que aquí hay que hablar más de situaciones transferenciales en las que tú también estás involucrada.

En efecto, creo que transferencia y contratransferencia hacen alusión a dos caras de una misma moneda. Al desglosarla podemos, de forma pedagógica, describir aquellos aspectos que provienen de las relaciones anteriores y que se actualizan en el grupo condicionando y determinando los lazos con los que uno se vincula a los demás, pero es que los demás también sienten esa propuesta de vinculación que hace referencia a otras propuestas vinculantes que he vivido. La contratransferencia sería aquello que el otro provoca en uno, que se activa como propuesta vinculante y ante la que muchas veces no encuentra otra salida que la de reaccionar como siempre ha hecho. Ahora bien, como comprenderás es muy difícil precisar cuándo empieza una y cuándo la otra. Porque como la gravedad, la relación actúa al unísono en ambos extremos de la misma. Como sabes, la situación grupal se caracteriza, fundamentalmente, por el cruce de la mirada. Ahí radica un punto importantísimo de diferenciación con aquellas intervenciones en las que no existe tal relación. Creo que desde el momento en que se cruzan las miradas hay una información que circula, que activa los fenómenos transferenciales (transferencia y contratransferencia). En realidad debería precisar que aunque la mirada juega un papel importantísimo es más la percepción de la existencia del otro la que de forma inmediata pone en marcha el conjunto de elementos transferenciales. Ante ello sólo tenemos una salida: escucharnos lo suficiente como para poder distinguir cuánto de uno hay en las intervenciones que realizamos y cuánto proveniente de la intervención del otro. Ese difícil pero posible discernimiento nos puede ayudar a relacionarnos de forma algo más objetiva, si es que tal objetividad es realmente alcanzable.

 

Si nos metemos en este costal creo que no nos va a venir mal visitar qué dicen otros autores al respecto sabiendo que vamos a incluir a autores que están más en la línea ortodoxa y otros que no tanto. Por empezar con un autor cercano a nosotros, Valiente define la contratransferencia como el conjunto de emociones, sentimientos, actitudes, pensamientos, gestos, movimientos, tonos, etc., que experimenta el terapeuta hacia los pacientes de un grupo y hacia el grupo mismo. (Valiente 1987:72), visión que es bastante completa si bien la circunscribe al grupo como un todo. Por su parte, Tuttman, S. (1996) en un interesante trabajo señala algo que es como de Perogrullo: ser terapeuta grupal requiere, entre otras cosas, que el terapeuta no actúe sus reacciones contratransferenciales, sino que mantenga una orientación de trabajo grupal, respetuosa y orientada hacia la realidad; fomentando en los miembros y en el grupo global, la observación y experimentación yoicas. Para hacerlo de forma eficaz, el terapeuta necesita comprender las transferencias y contratransferencias que operan continuamente en la situación de grupo (1996:106). A partir de ahí hace un repaso histórico y se adentra en la teoría de este fenómeno. Nos recuerda que S.H. Foulkes (1975) llamó resonancia a la comunicación transaccional del grupo, observó que al centrarse en la transferencia de los grupos terapéuticos, se suscita una resonancia inconsciente de los miembros entre sí y con el terapeuta (1996:108), aspecto éste, el de nombrar más la resonancia que la transferencia, con el que coincide, como hemos visto, Hopper. A partir de ahí, Tuttman hace un repaso acerca de las opiniones de varios autores (Bion, Racker, Urkin, Ezriel, Stein, Fried, Kernberg, Sheidlinger, Kohut, Klein y Grinberg) con el fin de tener una visión más completa.

Si acudimos a Scott y Stone (2001), nos amplían la noción de contratransferencia incluyendo todas las reacciones del conductor: el concepto de contratransferencia ha sido ampliado para incluir todas las reacciones emocionales del terapeuta, tanto conscientes como inconscientes, y que han sido evocadas o activadas por el paciente.(Roth 1980). La definición actual libera al terapeuta para usar sus respuestas internas y ponerlas al servicio del entendimiento.[1](2001:249) A partir de ahí, ponen el acento en las respuestas emocionales y afectivas de los conductores señalando las que provienen de los propios afectos que derivan de la relación con personas de las cuáles vas conociendo más elementos personales e íntimos, las que provienen de la propia relación, las que surgen de los afectos inducidos por los pacientes y de las que emergen de la propia dinámica grupal. Aquí hay un punto que me parece interesante: ¿hasta dónde deben resguardarse los elementos contratransferenciales? Porque si nos colocamos en la realidad, es decir, si salimos de la posición más ideal que considera que el conductor es un ser «aséptico» frente a las vivencias que percibe de las personas del grupo, ¿en qué medida ese tratar tanto de separar lo personal de lo que proviene del paciente no es seguir refugiados en esa campana de cristal, y al tiempo enfatizar una posición de poder de uno que sabe respecto a otros «que no saben»? Empiezo a considerar que si lo importante es la comunicación posiblemente lo enriquecedor no sería tanto preservar o diferenciar lo que siento de lo que me haces sentir sino poder compartir ese hecho. Poder introducir en el terreno comunicativo esos aspectos que en tanto que son personales son también sociales, y por lo tanto están en el entorno.

Grotjahn, M (1979) le dedica todo un capítulo en el que sin grandes alardes de referencias teóricas y recogiendo su propia experiencia grupal, nos recuerda la necesidad de escuchar con un tercer oído, o como dice literalmente recogiendo la aportación de Ross y Kapp (1962), ver con un tercer ojo. Hace alusión a la división transferencial que se da cuando un paciente es atendido por un profesional en sesiones individuales y por otro en sesiones grupales, habla de la contratransferencia positiva y de la negativa, y de las reacciones del terapeuta (el terapeuta decepcionado y el lastimado: 1979:182), aludiendo a la carga de hostilidad que también se nos recrea a través de la relación asistencial. Eso me hace pensar en la importancia de poder incluir en la ecuación asistencial ese tipo de reacciones posibilitando que en el propio diálogo se puedan ir diferenciando los elementos constitutivos de esas reacciones y facilitar que los que estamos en la ecuación asistencial podamos ir diferenciando aspectos para así, poder ir diferenciándonos y por ende, individualizándonos.

Schermer, V.L. (2005) aporta tres visiones del tema, el que proviene de un trauma, el que surge de las comunicaciones del paciente y las que derivan de la perspectiva relacional: he articulado tres amplias perspectivas de los elementos contratransferenciales ante el trauma. El primero, el “clásico” sostiene que consiste en una serie de traumáticos o neuróticos aspectos del terapeuta que son activados por la transferencia del paciente y reavivamientos traumáticos, y que deben ser resueltos. El segundo, la posición “global” indica que la contratransferencia refleja el amplio abanico de comunicaciones inconscientes y, consecuentemente, es una fuente de información sobre la dinámica del paciente (o del grupo) y acaba siendo una herramienta muy útil. Y la tercera, que proviene de la perspectiva intersubjetiva/relacional, sostiene que la contratransferencia constituye una subjetiva reflexión del terapeuta sobre las relaciones creadas conjuntamente en el grupo; debe ser trabajada en el terreno interpersonal y puede llevarnos en último término, a nuevos vínculos y a lazos grupales no traumáticos (2005:9) Es decir, colocándonos en el tercer peldaño o en la tercera posición, parece lógico pensar que en la medida en la que podamos enriquecer la situación transferencial con los elementos que contratransferencialmente se nos activan a los profesionales (en realidad a los pacientes sí les pedimos que aporten esta faceta), favoreceremos el desarrollo individual y el proceso de individualización. Entonces, si nos reubicamos en la situación de tu grupo en la que se están dando una serie de situaciones que van posibilitando nuevas reestructuraciones y reposicionamientos grupales, posiblemente sería muy adecuado introducir estos aspectos que detectas con el fin de enriquecer el conocimiento mutuo, poderlo trasladar a otras situaciones en las que ellos también se encuentran en este tipo de lazos y, en definitiva, convertir estas percepciones personales en algo que ha podido compartirse y, por ende, psicoterapéutico.

Hay un interesante trabajo de Beck, W. (2006) en el que se nos recuerda que Foulkes prefería el término resonancia al de contratransferencia. Y señalo esto porque en la situación grupal, en la que hay numerosos cruces de aspectos actualizados, es muy difícil acabar determinando el conjunto de reacciones inconscientes del analista frente a la persona del analizado y, especialmente, frente a la transferencia de éste (Laplanche-Pontalis, 1981:84). En este orden de cosas Beck nos aporta la idea traída por Argelander y Lorenzer en 1970 de «comprensión escénica». Esta comprensión es descrita como disponer de una visión para captar la situación terapéutica (:101), es decir el hecho de poder contemplar lo que sucede atendiendo a la situación terapéutica en la que nos encontramos. Dicho de otra forma, la comprensión de la contratransferencia en el grupo describe la capacidad que vas adquiriendo, poder ir discriminando aquellos aspectos que pueden concernirte como sujeto que eres de los que corresponden a la situación. Desde ahí cobra peso la afirmación de Argelander en el sentido de que funcionas como un espejo de lo que los otros van diciendo. Y va paralela a la idea de resonancia de Foulkes.

Ahora bien, ¿de qué estamos hablando? Porque si el planteamiento que tenemos es el de que un grupo es la resultante de las interdependencias vinculantes que se establecen entre los miembros que lo constituyen, habrá que pensar que estas interdependencias no surgen de la nada sino que son actualizaciones de otras con las que estas mismas personas, tú incluida, os habéis ido constituyendo. Por un lado tenemos a la persona, resultado de la penetración en ella del conjunto de componentes (relaciones, significados, interdependencias, etc…) que parten de su grupo vincular y que acaban constituyendo lo social. Por otro, al no considerar pasiva a la persona en cuestión, creemos que ha ido tomando esos componentes a su manera para irse constituyendo a si misma. Como esto sucede con todos los miembros del grupo, entonces deberemos considerar que en él lo que emerge es un conjunto de componentes que aluden no sólo a la reactivación de su grupo originario sino también del grupo social en el que nos estamos moviendo.

¿De dónde provienen estos elementos? No sólo de la matriz familiar en la que se han formado cada una de las personas sino que ésta, en tanto que aquellas matrices fueron constituidas por personas que a su vez se constituyeron en sus matrices de origen, la matriz resultante en el grupo contiene elementos provenientes de éstas y sucesivamente. Todo esto se activa desde el momento en que unas personas se constituyen como grupo y a lo largo del proceso en el que se va edificando la matriz grupal todo el conjunto de elementos constitutivos (el sistema normativo, el moral, el interactivo, el cultural…) activa en cada uno determinadas respuestas que a su vez interfieren en las de cada cual. Todo esto supone la actualización de las estructuras relacionales (símbolos, significados, palabras, afectos, ideas…) que es lo que define la situación Transferencial y las transferencias múltiples que se dan en el grupo. Transferencias que vinculan a las personas y a las diversas constelaciones de personas que aparecen en ese grupo, conductor incluido. Por esto parece más adecuado incorporar las reacciones que el conductor percibe en sí mismo aunque con un matiz: su aportación (y por esto es importante conocer el elemento contratransferido) debe provenir del deseo de ayuda a los componentes del grupo y no del de resolver un aspecto personal.

Hopper, E (2007) nos ofrece una clarificadora visión de las diversas perspectivas desde la que se visualiza la Transferencia grupal (la que se centra en los individuos, la centrada en las producciones del grupo como totalidad, y la que se activa como reactivación del microcosmos social) y en este sentido, lo constratransferido no sería más que parte de la respuesta que se activa en cada miembro del grupo y en especial en el conductor como consecuencia de todo este material. La cuestión en todo caso es el uso que puedes hacer de la aportación de este tipo de material. Habrá que pensar que en tanto que también estás involucrada en la red de relaciones, en tanto que es una actualización de las estructuras familiares y sociales en las que inevitablemente estás, sólo la atención al uso del material contratransferido es la que debe guiar la buena praxis del conductor.

En estos momentos, el desarrollo de esta Función pasa por realizar un trabajo de actualización de las relaciones para ir desvinculándolas, en la medida de lo posible, de aquellas otras que hemos ido estableciendo a lo largo de nuestra vida con el grupo familiar (reproduciéndolo aquí), y con otros grupos y agrupaciones de personas, para poder desarrollar otro modelo más acorde con nuestro momento particular. A ello hay que añadir otro elemento: tú eres la representante de lo institucional y de lo social, ¿cómo articulas todo esto? La función verbalizante está para ello, para traer esa parte que es la que te corresponde y ver cómo todo esto interviene también en los elementos transferenciales.

 

 

[1] Traducción del autor.

 

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