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Miércoles, diciembre 12, 2018
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112) Pero, imagino que algo tiene que ver con mi manera de actuar con ellos… 

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manera de actuar

112) Esa idea materna que surge en el grupo la enlazas las imágenes corporales que aportaron los miembros del grupo. Pero me imagino que algo tiene que ver con mi manera de actuar con ellos. Es verdad que hay momentos en que siento como que les protejo, otros en que les exijo. Algunas veces creo que debo posicionarme y otras en cambio, me muestro absolutamente opaca. ¿Todo eso tiene que ver con la función materna?

Esta idea del grupo como «madre» que ya te he ido comentando es una figura altamente interesante ya que nos permite ahondar no sólo en los aspectos de la propia matriz grupal sino que nos ayuda a conectarnos con las relaciones que hemos mantenido con nuestras familias de origen y en particular con la figura materna. El grupo no deja de ser un espacio mental de elaboración de imágenes que vamos aportando desde nuestra experiencia personal. Una de estas imágenes es la de la Madre, no tanto como representación de nuestra mamá, sino como la figura que articula símbolos tanto de contención, alimentación y cuidado como de sufrimiento, dispersión, abandono y rabia. Pero es que además, la madre es el eslabón biológico que nos articula al grupo social del que forma parte. Ella es, y no el padre, quien originalmente nos introduce en la red de relaciones que constituye la pareja, la familia nuclear, la familia extendida y, por ende, a la sociedad a la que pertenecemos.

 

Creo que habría que diferenciar algunos matices. Una cosa es el grupo como representación materna y otra la función del conductor. Éste en ocasiones asume una función materna no sólo de contención sino de socialización, de cuidado, de prever funcionamientos o situaciones complejas…, y una función más paterna en el sentido de ser quien marca el camino tendente hacia la autonomía de cada miembro respecto al grupo. Desde este ángulo el grupo tiene una representación materna. El primer trabajo que leí bajo este título es el de Scheidlinger, R. (1979). En él se señala que la primera referencia a la entidad grupo como símbolo paternal apareció en un ensayo publicado por R. Money-Kyrle, en 1950, en el cual el autor postuló tres tipos de percepciones inconscientes experimentadas por los miembros del grupo: 1) “los buenos padres”, en particular la madre, que representan las normas y los ideales del grupo: 2) los “malos padres” en el papel de perseguidores contra quienes deberán defenderse los valores del grupo; y 3) los “buenos padres”, en este caso el padre, quien, en su papel de defensor de la madre, aparece en la persona del líder del grupo. (1979:336). A partir de ahí, este autor comienza a realizar un desarrollo del temaaportando y apoyándose en trabajos de otros autores como Schindler, Durkin, Slater, Grotjahn, entre otros.

Si nos ponemos a investigar por nuestra cuenta, encontramos que el trabajo de Prodgers, A. (1990), plantea la dualidad madre buena, madre mala, como dos aspectos a tener en cuenta. Y señala que mientras que Schindler pone el acento en los aspectos negativos, Sheidlinger lo hace en los positivos. Ahora bien, desde mi comprensión, esta afirmación no es del todo exacta. Schindler, efectivamente, subraya los elementos negativos de la madre pero de forma paralela a los positivos. Por ejemplo, señala que los miembros del grupo vivencia al grupo inconscientemente como una madre devoradora o una madre protectora, algo así como en el sentido de una imago, que se basa en la madre onto y filogenética. Ellos confían en encontrar en el grupo seguridad e interés. Pero sin embargo también temen al grupo, porque esperan hostilidad de otros miembros del mismo (…) cuando están en primer plano los aspectos filogenéticos yo prefiero hablar de la cualidad maternal o de la atmósfera  que en estos momentos hay en el grupo. Sin embargo cuando los puntos de vista ontogénicos predominan, yo veo que los miembros del grupo funcionan por un proceso de recordar a la madre amante o devoradora, lo que vale en la misma medida para los aspectos edípicos que para los preedípicos. (1980:148).  Evidentemente hay dos facetas que se entrelazan combinándose elementos agradables y desagradables y expuestos como si el grupo fuera algo ajeno al individuo y estableciéndose, en consecuencia, una relación dialéctica entre ellos. Si dirigimos la mirada a los elementos que aparecen en los cuentos que tradicionalmente explicamos a los hijos, en la mayoría de ellos la imagen de la madre devoradora, que rivaliza, que se muestra con toda su maldad, suele ser un hecho: Hansel y Gretel y su casita de chocolate; Blancanieves y los siete enanitos, la Cenicienta, Pulgarcito, la Bella durmiente del Bosque, entre otros, expresan con claridad la imagen de una madre (o unos padres) que devoran, establecen un complot contra los hijos, los maltratan, compiten con ellos… Ello no significa que en otros como los Tres pelos del Diablo o similares, e incluso en los dichos anteriormente, emerja, por algún lado, el otro aspecto materno. Habría que pensar que si estos cuentos están entresacados de las fantasías populares lo que se destila ahí, lo que subyace en eso que denominamos «popular» y que no es más que elementos de la fantasía del grupo grande, es una figura materna con aspectos positivos pero también negativos.

El ensayo de Scheidlinger es para mí muy completo y en la medida que puedas, léetelo. Ofrece un examen detallado del concepto desde diversas perspectivas y autores, y propone que la imagen negativa quizás sea más fácilmente depositada en el conductor del grupo o en algunos de sus miembros que en el conjunto del grupo como tal. Para ello sugiere que convendría precisar y diferenciar lo que son los fenómenos individuales, tales como la identificación o la transferencia, de aquellos otros que pueden entenderse más desde la colectividad.

¿Recuerdas que en otro lugar te decía cómo concebíamos al grupo? En efecto, lo considerábamos no tanto como una entidad sino en como resultado de las interdependencias vinculantes que los miembros del grupo establecen entre ellos y entre y con las diversas constelaciones que se organizan entre sí, creo que podemos visualizar con más claridad las características de su matriz; aspecto éste que deriva de las matrices con las que cada miembro del grupo ha sido y es constituido. Pues bien, si consideramos que la primera unidad de relación e interdependencia es aquella que se establece con la madre, aquí la madre viene más representada en una primera instancia por el conductor del mismo, o sea, tú. Entre vosotros dos se estableció y se sigue manteniendo a lo largo de las primeras sesiones, y por lo tanto en esta primera fase en la que nos encontramos, una especial interdependencia que contiene, como en una primera fase del desarrollo infantil, la ambivalencia propia de toda relación. La vivencia de que puedes amamantarlo (metafóricamente hablando, claro) o abandonarlo a su suerte (fantasía que parece emerger al no presentarse el elemento que calma al bebé al sentir hambre o frío) creo que se expresa en el grupo a través de la percepción de que quien es importante, en estos momentos, eres tú, la conductora del grupo. En este sentido coincido con Scheidlinger cuando señala que la entidad grupo implicaba dos elementos conexos:1) la atribución al grupo de un significado emocional, por ejemplo, como instrumento para la satisfacción de necesidades, o, en un nivel “genéticamente” más profundo, como símbolo materno, 2) un autocompromiso con el grupo, la “renuncia” a un aspecto de la identidad personal – desde el Yo hacia al Nosotros – que podía cumplir propósitos (1979:338). Fíjate que en estos momentos de tu grupo, es cuando comienza a aparecer un «tú» disminuyendo el uso del «yo», por lo que deduzco que el «significado emocional» se está estableciendo y por lo tanto la idea de «grupo madre» todavía no presenta entidad suficiente como para que sea considerada como existente en la fantasía.

Otra cosa es que, con el proceso en el que estas involucrada, esa fantasía de ser «mala profesional» que viene asociada a la constatación de que no «satisfaces» las necesidades y demandas del grupo ya que te estás dedicando a subrayar la importancia del mismo y el paralelismo existente entre lo que cuentan y lo que les sucede en el aquí y ahora,  pueda desplazarse a que es el grupo quien no lo hace y, por lo tanto, es «malo». Ahí, cuando esto sucede, es cuando podemos comenzar a percibir la noción de grupo como entidad existente y sobre la que se depositan determinadas fantasías, tanto constructivas como las opuestas. En estos momentos la entidad grupal cobra fuerza y las fantasías de verlo como «madre buena o mala» encuentran pantalla proyectiva. Y determinan que la matriz grupal, como tal, comienza a palparse como algo existente más allá de uno mismo. De ahí el «tú» o el «vosotros».

Desde este ángulo, la idea de matriz posee diversos matices que Prodgers, citando a Roberts (1982) nos los ofrece para reflexión. Dice: Roberts identifica nueve significados posibles del término de los que abstrae tres aspectos: 1) la matriz en su función es femenina y a menudo maternal; 2) con frecuencia comprenden todo un trasfondo de elementos o substancia intersticial; 3) es el útero materno o molde en el que pueden ser formadas, contenidas o sostenidas cosas estructuradas[1](1990:20) lo que nos permite considerar los aspectos que, parafraseando a Winnicott serían los de «grupo suficientemente bueno» en la búsqueda de una equivalencia a la «madre suficientemente buena», y que podrían contrastar con los de un «grupo malo» o si preferimos para endulzarlo «no suficientemente bueno».

En cualquier caso, es importante considerar la presencia de un desplazamiento que haría que aquellos aspectos relacionados con ser un «conductor no suficientemente bueno», alias «malo» y que hablarían de la frustración y el dolor que supone para un miembro del grupo constatar que «le fallaste», aspecto éste que se escucha fácilmente en aquellos pacientes con matices regresivos importantes y a los que tu aportación no les satisface, puedan pasar al grupo constituyéndolo en «grupo no suficientemente bueno», y por lo tanto tan amenazador como lo pudiera ser la madre que aparece en los cuentos que explicamos a nuestros hijos.

En el desarrollo de la Función que nos ocupa, la consideración de la representación mental de lo social, de lo grupal, con el auxilio de la idea del grupo, representante del cuerpo, imagen y función materna, contribuye y facilita el trabajo elaborativo de los componentes del grupo en relación a sus propios grupos familiares, sus relaciones con lo institucional, lo social, lo cultural. Y también la idea especular, la idea del grupo como sala de espejos en los que nos vemos proyectados y representados. Y de cómo es complejo y angustiante el deseo de controlar la imagen que el otro posee de mí, el de moldear la manera cómo ansío ser visto, percibido, entendido y aceptado por el otro.

 

[1] Traducción del autor.

 

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