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Miércoles, diciembre 12, 2018
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105) Te entiendo, pero también atrapan a los demás. ¿No? Porque el otro día… 

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105) Te entiendo; pero también atrapan a los demás, ¿no? Lo digo porque el otro día, en la veintisieteava sesión del grupo, una mujer estaba hablando de algo que le sucedía con su marido y, de forma inesperada, otra mujer se puso muy nerviosa y, con un tono de voz fuerte, le recriminó que se dejase tratar así por él. Me sorprendió. El grupo se quedó como mudo, como con miedo a decir nada. Reaccioné tratando de calmarla y sintiendo que tenía que calmar también a la otra ya que percibí un ataque por parte de la que reaccionó. Me encontré entre dos fuegos. No sé si lo hice bien y si conseguí calmarla del todo.

Fíjate que la mujer que reaccionó de esta manera muestra que hay algo en el relato de la otra que no puede tolerar; que la obligó a intervenir de esta forma porque veía posibles modificaciones ante las que señala que «no se deje tratar así». Es una clara demostración de lo que estábamos hablando, de la identificación proyectiva. Podríamos decir que la que reaccionó, la llamaremos Sra. B., algo vio en lo que contaba la Sra. A., que le obligó a meterse en la pantalla. ¿Recuerdas a Woody Allen? Esta es una parte de la película. Hay otra: la Sra. A., con su relato o su forma de narrarlo, también propició que B., reaccionase de tal forma. No quiero decir que hubo una intencionalidad consciente, no. Pero no podemos pensar que sólo la Sra. B., es quien presenta el problema.

Y luego el grupo. Su parálisis, que posiblemente también venga orquestada por las otras dos, deja a las dos actrices principales solas en el escenario. Fíjate entonces, como el entramado que aparece en la escena, tiene varias facetas con las que es bueno que te vayas familiarizando. Y la cuestión pendiente se sitúa en la significación e intencionalidad que se amaga tras esa actuación.

 

Esa unidad dinámica de interdependencias llamada grupo ofrece un sin fin de oportunidades para comprender no sólo al individuo sino cómo este actúa también en la relación de interdependencia con los demás. Eso supone entender la dinámica total así como las que se establecen entre los miembros que lo constituyen. Ya no estamos en esa primera fase de hablar de cada uno. Ahora ya interaccionan, se enfadan, se encrespan por motivos aparente nimios o se sulfuran por cosas que aparentemente no les atañe. Todo esto habla de la identificación proyectiva como sistema de comunicación grupal.

Zinkin, L. (1989) tiene un interesante trabajo sobre ese aspecto del grupo que tu, sin darte cuenta, asumiste: la de contener los contenidos que aparecían en el grupo. ¿Recuerdas cuando hablábamos de las funciones del conductor? La función verbal conllevaba no sólo el hecho de hablar, sino el de traducir lo que se decía en otro lenguaje que pudiera ser comprendido por los miembros del grupo Recuerda que hablamos de los mecanismos de identificación y de proyección. Y también de este otro mecanismo. Esta función que realizas es muy importante y es una función materna. Toda madre, desde los primerísimos momentos de relación con su hijo ya nacido (antes no podía), establece una particularísima actividad traductora: toma todo aquello que le da el bebé, sus gestos, sus lloros, sus desesperos, sus sustos, y lo transforma en otro lenguaje, también al lenguaje verbal, de forma que él pueda integrarlos de manera más armónica a su desarrollo. Recuerda también a Winnicott cuando habla del estado de particular compenetración, aspecto psicótico dice él, entre la madre y su bebé (y viceversa, diría yo), que es el que justamente le posibilita una comprensión muy particular de lo que le pasa y lo que necesita. Cuando una madre, a pesar de estar dormida, oye que su bebé, que está en la habitación contigua, respira de una forma especial y le lleva a levantarse e ir a verlo, no es que esté obsesionada (que también podría ser), sino que hay algo que le informa de que su bebé, se ha podido enrollar en la sábana y se está ahogando, por ejemplo. Y esta habilidad no la tiene el padre, ya que biológicamente no ha estado vinculado a su hijo como ella. Pues bien, algo de eso hay en ti en relación con el grupo. Una especial vinculación que hace que percibas necesidades sin que tal percepción pase necesariamente por la razón. Situación similar ocurre cuando uno está profundamente enamorado: la conexión, debido a la disolución parcial de las fronteras psíquicas de cada uno, es muy completa.

La actividad contenedora de los contenidos que aparecen en un grupo atañe, de entrada, al conductor, quien, a partir de su función conductora, va transformando todos los elementos que emergen en algo más asimilable para todos. Siguiendo a Zinkin (1989), habría siete niveles de elaboración de este aspecto del contenido y el continente:

  • El primero supone mantener una cierta unión grupal, una vivencia de unidad entre todos. Esta idea proviene de la capacidad que desarrollas para que todas las intervenciones que tienden a disgregar al grupo, puedan acabar potenciando su unión.
  • Un segundo nivel correspondería a la capacidad adaptativa del conductor en la introducción de cambios que faciliten la contención de los aspectos que van evolucionando en el propio grupo.
  • El tercer nivel correspondería a la adquisición de la conciencia de que el grupo está formado por los miembros que lo constituyen y por lo tanto, lo que ahí sucede proviene de ellos mismos y es responsabilidad suya.
  • Un cuarto nivel hace referencia al descubrimiento de que los cambios que en ellos se están dando provienen de la propia vivencia grupal al tiempo que ésta y el grupo se modifica gracias a aquellos cambios individuales: sería como la conciencia de que la matriz grupal es constituida por nosotros al tiempo que somos constituidos por ella.
  • Un quinto nivel se hace presente cuando nos vamos dando cuenta de la significación del género de los miembros del grupo, de lo que tiene simbología materna y de lo que la tiene paterna.
  • Un sexto grado de conciencia surge de la percepción de los aspectos que establecen un equilibrio entre los diversos sistemas que constituyen un grupo.
  • Finalmente, el séptimo nivel de conciencia de los elementos contenidos y contenedores provendría de los sueños, los mitos y las fantasías que el grupo produce.

 

En este sentido, tu labor de aportar tranquilidad da una nueva dimensión al grupo en el que estás implicada. Pero junto a ello también podemos pensar en qué elementos hay en el discurso de la Sra. A., que han activado una respuesta doble: un enfado y una paralización. En este sentido, bueno es dirigir también la atención a los miembros silentes del grupo, a los que han quedado como atrapados ante la escena. Si buceas por lo que a ellos les ha podido suscitar encontrarás, seguramente, pistas para comprender la escena que esta señora comentaba. De forma que, recuperándolos, puedes utilizarlos para poder dibujar, con mayor precisión, la queja que A. mostraba al grupo. Quizás no está tanto en el hecho cuanto en la forma de explicarlo. Quizás en lo que decía o en lo que ocultaba. Pero hay una cosa más: ¿Qué significado tiene en este momento este tipo de aportación y cómo podemos entenderlo en el transcurso de las sesiones que se han realizado hasta ahora?

Esa Función en la que estamos, no sólo introduce pensamientos y afectos que posibilitan la reactivación de los mecanismos de pensar, sino que subraya la coparticipación del resto del grupo, que es como potenciar la actividad de aquellas otras representaciones psíquicas que quedan silentes ante la situación. Y a través de ello, quien ejecuta esta función que puedes ser tú pero también otro miembro del grupo, aporta tranquilidad a algo que agobia y asusta.

 

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